Elogio de la cebra

En el refugio de unas cuantos brochazos sobre la calzada se resuelve un problema del trafico y así usándola –la cebra- con respeto, se nota la diferencia entre una sociedad civilizada y otra que aun es incapaz de avanzar por esos cauces civilizadores.

Cuando uno ha vivido en entornos llamados civilizados o en la llamada sociedad del bienestar y del desarrollo cambia la perspectiva de su propio país y es capaz de verlo desnudo, en su verdadera dimensión. Sin la aureola de verraquera que estando siempre dentro somos incapaces de quitarle. Entonces pudiendo compararlo, quisiéramos transportar lo positivo de esas otras latitudes avanzadas y civilizadas a nuestro medio a fin de volverlo un mejor vividero en la realidad y no en la idealización exclusiva.

Así vemos que nuestras cebras desdibujadas y escasas no han podido sobrevivir y establecerse en medio del caos tan nuestro y que se evidencia precisamente en lo atestado y desordenado de nuestras vías vehiculares y allí, pírrica, escuálida y tirada a un lado sobrevive una que otra cebra sin que ella sea capaz de merecer respeto y convertirse en ese símbolo civilizador y refugio de protección para el peatón que raudo cruza la calle so pena de verse atropellado.

Se entristecen nuestras ciudades y se despilfarra el erario público llenándolo de enrevesados puentes peatonales que salen costando un jurgo y sirve su construcción para que los avivatos llenen sus bolsillos de pingues tajadas. Puentes de todos los pelambres que para nada embellecen y sirven en muchos casos de refugio a indigentes y asaltadores, amén que gozan de cero mantenimiento.

Ciudades europeas todas sin excepción, grandes, medianas o pequeñas y con mayor trafico vehicular que cualquiera de las colombianas, están tatuadas sus calles del africano animal tirado sobre la calzada y los peatones seguros y confiados atraviesan la calle al amparo del símbolo de rayas blancas que se nos interpone, sin necesidad de grandes y costosos puentes, y aun para calzadas de cuatro o mas carriles por donde actores civilizados de a pie y al volante esperan pacientemente o detienen la marcha para que el ciudadano con confort, con seguridad, pase al otro lado sin pensar que va a ser atropellado por la moto de turno o por la buseta imprudente.

Así, en el refugio de unas cuantos brochazos sobre la calzada se resuelve un problema del trafico y así usándola –la cebra- con respeto, se nota la diferencia entre una sociedad civilizada y otra que aun es incapaz de avanzar por esos cauces civilizadores en donde los pequeñas respuestas bien aprendidas muestran que nivel de sociedad somos.

Considérese a la cebra un símbolo civilizador y si queremos disminuir la mortalidad peatonal ya es hora de aprender a avanzar entre las rayas. Es preciso que autoridades de tránsito y ciudadanos nos sintonicemos alrededor de ella.

Por Alfredo Iván Niño Maldonado, colaborador de Soyperiodista.com

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