"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 9 horas

La periodista que venció a una mujer política

La historia del “impasse” surgió el 12 de junio, en plenas elecciones legislativas, cuando Valérie Trierweiler, actual compañera del presidente francés, envió un twitter de respaldo a un candidato socialista disidente que le disputada la circunscripción de La Rochelle a Segoléne Royal, candidata socialista a las elecciones presidenciales de 2007, compañera de François Hollande durante 20 años y madre de sus cuatro hijos.

“Los asuntos privados se arreglan en privado”. Con esta frase dicha el 14 de julio, día de la fiesta nacional en Francia, el presidente François Hollande quiso calmar la polémica entre los que habrían creído con demasiada prisa que las rivalidades expuestas a la luz de sol por su actual compañera Valérie Trierweiler contra la que lo fuera antes, Ségolène Royal, iban a hacerle perder el rumbo de su mandato, haciendo caer una de sus principales promesas de campaña : si soy presidente de la República separaré mi vida privada de la vida pública.

Con su aplomo que resulta ya familiar, François Hollande dio así por terminado el “impasse” del cual él sería el nervio de una historia de amor pasada que una nueva le revive. Lo privado se arregla en privado y “he pedido a mi familia guardar discreción en esos asuntos”, fue dicho por el presidente francés en dos minutos, en un discurso que duró casi una hora.

La historia del “impasse” que la prensa francesa catalogó de “psicodrama político-sentimental” surgió el 12 de junio, en plenas elecciones legislativas, cuando Valérie Trierweiler, actual compañera del presidente francés, envió un twitter de respaldo a un candidato socialista disidente que le disputada la circunscripción de La Rochelle a Segoléne Royal, candidata socialista a las elecciones presidenciales de 2007, “hollandista” de la primera hora, compañera de François Hollande durante 20 años, madre de sus cuatro hijos.

Con esta brevedad François Hollande quiso significar a los franceses que su prioridad, y para evitar que la crísis económica y social del país tome mayores proporciones, - 10 % de la población activa en Francia está desempleada -, es salvar ahora los ocho mil puestos (directos e indirectos) que amenazó con suprimir el fabricante de vehículos Peugeot antes de 2014. Las ventas de carros han bajado, y los que aún tienen poder adquisitivo para comprar parece que prefieren marcas como la Volkwagen.

Los medios franceses han tratado de hallar una explicación a ese gesto, “el móvil” que habría tenido la periodista, en este caso Valérie Trierweiler, para enviar un mensaje que logró debilitar públicamente a Segolène Royal en La Rochelle, sobrepasando así la autoridad y la voluntad del presidente Hollande, que respaldaba a su ex compañera, haciendo caso omiso a su deber de reserva, ignorando la altura de su función de nueva primera dama sin rol concreto ni poder, pero obligada a jugar un papel de representación.

Los “guignols de l’nfo”, los reencauchados franceses, han hecho de esta imprudencia calculada, espontánea ? su principal parodia. François Hollande sería el presidente que pediría a Valérie su opinión sobre el manejo de las relaciones franco-alemanas, acerca del retiro de las tropas francesas de Afganistán, o sobre la pertinencia de la intervención de Francia en Siria si se logra vencer la resistencia del gobierno ruso. “Un hombre que no puede controlar a su mujer no puede manejar un país”, decían hasta hace pocos días los títeres.

Lo que más extrañó aunque en el fondo se comprendió, es que Valérie Trierweiler enviara el “tuit” al disidente socialista que se enfrentaba a Royal, en el momento en que la candidata oficial del Partido Socialista menos lo necesitaba. Su batalla por la circunscripción de La Rochelle estaba perdida de antemano. Se ha llegado inclusive a evocar una trampa política que se le habría tendido a Royal, se le dejó que se enfrentara a un candidato que se declaraba disidente, pero que en realidad estaba siendo sostenido desde la sombra por una parte poderosa del Partido Socialista, el ala de Lionel Jospin, un anti Royal sin remedio, como algunos pueden ser alérgicos al polen.

Ségolène Royal quería ganar la circunscripción de La Rochelle y de ahí llegar a la presidencia de la Asamblea Nacional, el cuarto poder en Francia después del Presidente, el presidente del Senado y el Primer Ministro. Pero, para nadie es un secreto que Ségolène Royal cuenta más enemigos que amigos en los rangos de su partido, y que el presidente François Hollande tendría que rendirse a la evidencia.

De los años Mitterrand a los años Hollande - Trierweiler

Cuando se observa de cerca los rostros de Valérie y de Ségolène se comprende que François Hollande, además de su pasión por el poder ha tenido también una pasión por la belleza. “Detrás de un gentil cosechador de champiñones se esconde un cazador”, habría dicho de él el ex ministro socialista y hombre de ciencia Claude Allègre, según lo relata el periodista, escritor y guionista Serge Raffy en su biografía “François Hollande, itinéraire secret ” (1).

Esta es una de las pocas biografías hasta ahora dedicadas al séptimo presidente de Francia, un hombre según su biógrafo de gran discreción, que detesta como la peste que su vida privada salga a la palestra pública, para nada un donjuán pero que fascina a las mujeres por su inmenso sentido del humor. También se le reconoce una energía inigualable para la reconciliación y el buen entendimiento entre todas las corrientes de su partido, lo cual lo ha transformado en un “animal político”.

François Hollande no contaba sin embargo con el discreto encanto de la mujer en asuntos afectivos. Ségolène Royal fue la compañera de François Hollande desde que los dos frecuentaron los mismos estrados en la Ecole Normale d'Administration (ENA) Promoción Voltaire, de donde salió una parte de la élite de la clase política francesa actual. “Desde el momento en que François y Ségolène se encontraron el uno se convirtió en el doble yo del otro”, cuenta Serge Raffy.

Esta habría sido según los amigos del Partido Socialista, una relación en la que el amor entre un hombre y una mujer se convirtió en el motor para alcanzar altas funciones del Estado, bajo la protección de un mismo padrino, el fallecido presidente François Mitterrand. “Royal es un tema que Hollande no comparte con nadie”, escribe Serge Raffy, que tuvo la ocasión de conocerlos en los años 80 y 90, los años del apogeo de la pareja Hollande - Royal.

François y Ségolène, venidos de la misma generación de jóvenes del post Mayo del 68, habrían nacido para encontrarse. Los dos se descubrieron las mismas pasiones y lucharon por los mismos ideales, en realidad dos poderosos ideales: llegar a ser padres de una gran familia y conquistar el poder. La pareja Hollande - Royal era talvez el fantasma que rondaba a Valérie Trierweiler, de ahí que había que desaparecerlo o matarlo definitivamente. Y como en las corridas, el toro se mata cuando más débil está.

“Sí, soy la compañera de un hombre cuya ex mujer fue candidata a la presidencia de la República” dijo una vez Valérie Trierweiler en la inauguración de una exposición de fotos de campaña, en donde ella aparecía junto al candidato en la mayoría de las imágenes, mientras que Ségolène Royal no figuraba en ninguna, como si nunca hubiera existido en el universo de François Hollande.

La misma biografía de Serge Raffy evoca la candidatura de Ségolène Royal a la presidencia en el 2007 como la escapatoria de una mujer política herida en lo más profundo, ante la evidente relación "secreta” que mantenía François, su compañero de todas las batallas políticas, con Valérie, vieja amiga de la familia Hollande.

Thomas Hollande, hijo mayor de la pareja desecha, un abogado hoy de 27 años, nació y creció arrullado con los discursos de un papá y de una mamá que se impusieron un maratón: ¿cuál de los dos llegará el primero al poder ? Fue su padre François, pero no acompañado de su madre Ségolène, sino de Valérie, una mujer que Thomas no querría volver a ver, según lo contó antes de la Fiesta Nacional del 14 de julio una periodista del semanario Le Point.

Llegarán mejores tiempos para la familia de François Hollande cuando el olvido, el desamor o el perdón se instalen en alguna parte. Philippe Sollers, célebre escritor francés cuya columna semanal en el “Journal de dimanche” le fue cerrada tras haber escrito un texto punzante sobre este “impasse”, se refería inclusive a la posibilidad de un nuevo amor para el Presidente, lo cual a su parecer le cambiaría positivamente el panorama.

Por MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com

(1) François Hollande : Itinéraire secret. Editions Fayard, Paris, 2011, 400 pag. 20 Euros. ISBN 978-2-213-63520-0