Las preguntas de la ministra

Cómo pueden los niños estar de acuerdo con su eslogan publicitario de “Todos a aprender” si no cuentan con una escuela, con una maestra o tan solo con la posibilidad de hacer realidad su sueño de aprender a leer y escribir.

Pablo Emilio Obando

“A su llegada a la vereda La Ovejera, del municipio El Tambo - Nariño, la ministra de educación María Fernanda Campo, le preguntó a cuatro niños que estaban a la orilla del camino, que cuántos años tenían y en qué grado estaban. De estos tres respondieron que no estaban estudiando, porque vivían muy lejos para hacerlo, para poder estudiar por lo menos tenían que tomar un carro a las 3:30 de la madrugada, y volver a las 4 de la tarde. La ministra se quedó sin palabras...”.

Con este píe de pagina circula en las redes sociales la fotografía de la ministra de educación, acompañada del gobernador de Nariño, Raúl Delgado, educador y líder sindical; la ministra aparece con un chaleco en el cual se alcanza a leer “Todos a aprender”, al fondo una casucha hecha de madera y unos cuantos ancianos y niños que parecen no entender las palabras de la titular de la cartera educativa.

El gobernador frunce su cara en señal de sorpresa ante la respuesta franca, directa y sincera de estos niños que sin aspavientos confiesan que no pueden ir a una escuela por la distancia en que ésta se encuentra y por la sencilla razón “que viven muy lejos”.

Como muy lejos se encuentran la ciudad de Bogotá y los ministros y altos funcionarios del Estado que hacen, promueven o promulgan leyes sin tener en cuenta las características especiales de las diferentes regiones del país y, en consecuencia, generan situaciones como las que estos niños deben afrontar y padecer.

Se hacen normas que afectan a poblaciones enteras mientras en la capital de la republica parecen no enterarse de los disparates que sus ocurrencias provocan. Niños y adolescentes que debido a “cambios estructurales en la educación” son sistemáticamente excluidos del sistema educativo por la sencilla razón que la ministra cree que fusionar una o más escuelas genera mayores dividendos para las arcas estatales; pero se olvida que no educar a un niño o a un adolescente es exponerlo a ser la carne de cañón de todas las tragedias que embargan a nuestro país. Y dice el pie de foto que la ministra “se quedó sin palabras”, o tal vez se le atragantaron en sus intestinos al comprobar que sus políticas educativas son erradas y fomentan la deserción escolar.

Cómo pueden los niños estar de acuerdo con su eslogan publicitario de “Todos a aprender” si no cuentan con una escuela, con una maestra o tan solo con la posibilidad de hacer realidad su sueño de aprender a leer y escribir. Todo parece, como lo indica la fotografía, que la señora ministra vive de espaladas a la realidad educativa de Colombia, que no se está haciendo lo que se tiene que hacer y que cada vez son más los niños y adolescentes que abandonan la escuela por la imposibilidad de acceder a ella. Y es bueno aclarar que esta realidad no es exclusiva de Nariño, en Colombia entera los niños padecen el mismo abandono estatal.

Si pudiéramos ver la cara de la ministra ante la respuesta de estos niños veríamos quizá una mueca muy parecida a la que se dibuja en el rostro del gobernador de Nariño. Pero a falta de profesores, podemos ver la presencia de policías y militares que ofrecen seguridad a una población que se acostumbró a la guerra y a la ausencia de escuelas, maestros y recreos escolares.

“Todos a aprender” como un simple eslogan imposible de practicar en regiones donde las políticas estatales acabaron las escuelas dejando simplemente la ilusión de que la educación es para todos y un derecho establecido en la Constitución Política de nuestro país. Por coincidencia, quizá por solidaridad con el señor gobernador de Nariño, la misma mueca de dolor y angustia se pinta en el rostro de esa campesina que posa junto a un niño de escasos diez o doce meses y que será un analfabeta más por no poder ir a una escuela pues “vive lejos” y en su vereda “no hay escuela”.

Quizás estas respuestas le hayan servido a la ministra para entender que su política educativa está de espaldas al país, que no basta esgrimir el ahorro de unos cuantos pesos para pretender ser el rector de una cartera tan importante como la educativa y que si seguimos por ese mismo camino estamos condenando a los niños y adolescentes de Colombia a ser analfabetas sin futuro y sin posibilidad de un mañana.

Gestos como los del gobernador de Nariño deben obligarnos a una profunda reflexión sobre la importancia de la educación; pero no basta con fruncir el ceño, también es necesario conocer más de cerca la realidad de sus gobernados y llevar soluciones reales y concretas. Lastima que tenga que venir una ministra para darnos cuenta que en nuestro rostro se esconden gestos y muecas que hace mucho debieron borrarse. Y lastima que la ministra no deje ver su rostro, quizá lo ocultó a tiempo para evitar comentarios inoportunos y malintencionados de unos niños que “viven lejos”, “muy lejos” de la capital.

Por PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA, colaborador de Soyperiodista.com