Problema de salud pública

Hoy en día vemos atiborrados nuestros centros hospitalarios por la inmensa patología traumatológica que generan los accidentes de trafico, fundamentalmente acontecidos por las motos, que como bestias malditas invaden nuestras vías.

EL ESPECTADOR

En Cuba, los atentados contra la Salud pública son drásticamente sancionados hasta con paredón, según me comentó R.Román mi amigo cubano. A partir de allí se detienen muchos delitos.

Pero en el ámbito médico de nuestro país vemos atiborradas hoy en día nuestros centros hospitalarios por la inmensa patología traumatológica que generan los accidentes de trafico, fundamentalmente acontecidos por las benditas motos, las cuales como bestias malditas invaden nuestras carreteras y en su ignominioso galopar avanzan llevándose por delante a cualquier desprevenido paisano que intente atravesar una calzada cualquiera.

Esa chusma motorizada invade los andenes, se trepa en cualquier tumulto, zigzaguea cual maravillosa abeja, invade el carril contrario, aparece en tu espejo retrovisor súbitamente como una espada maldita y así, en ese fulgurante caos a que somete nuestra existencia, atropella las carnes y expone huesos que recogidos por aullantes ambulancias van a parar a los quirófanos colombianos que se atiborran de traumatizados, colombianos caídos bajo el implacable imperio del aparatito motorizado y su arcángel maldito que le cabalga.

Niñas, jóvenes, viejos, adultos, a todos he visto caer bajo el atropello del motociclista que muchas veces también en su ímpetu se autofulmina, muchos de ellos evaden su responsabilidad y huyen para no enfrentar su irresponsable afrenta. No tienen pases de conducir, no respeta porque desconoce las reglas del tráfico, es imprudente y peca de alegre por la carretera como si andar en ella fuese un juego de niños.

Así que las motos y motociclistas, amén de la inseguridad delincuencial que sobre ellos se comete está sometiendo a nuestro deficiente servicio de salud en un quebradero de cabeza ya que sus victimas deben ser sometidas a cirugías costosas por la tecnología o aparataje que ella implica, además la larga estancia hospitalaria que conlleva y la subsecuente discapacidad física y su cronicidad incuestionable.

Todo ello es de altísimo coste económico y social y es algo que al parecer no importa y pareciera también que la motorización de nuestras carreteras es un saco sin límites. Es preciso entonces empezar a mirar este problema de salud publica como importante y tomar medidas que en consecuencia permitan al usuario de esos aparatos entrar por la vela de cebo y cumplir a cabalidad con todas las normas que se requieran para poder responsablemente y con seguridad conducir el aparatejo.

Aunque para algunos este aparato sea visto como una solución al coste que implica el transporte para un ciudadano de mínimo salario, ello no implica que no se pongan límites a su número en las vías, a su velocidad y se permitan solo para un único conductor y sin cargas adicionales.

Ayer vi caer a dos chicas desde su zigzagueante aparato, cayeron bajo las ruedas del autobús sin lesionarse afortunadamente y también supe del chico que se topó con la parte trasera del taxi y al ser desviado cayó y fue aplastado por el camión que venia detrás, y así todos los días, todos los días, como en la canción de Piero los diarios publican sobre heridos y muertes secundarias al motociclismo.

Sea esta pequeña reflexión un llamado de atención a las autoridades que aun no se percatan que nuestros jóvenes caen desperdigados sobre la calzada ante la impiedad de las irresponsables motocicletas de pequeño y de alto calibre.

Por Alfredo Iván Niño Maldonado, colabrador de Soyperiodista.com.