Protestas: ¡Un espectáculo bochornoso!

En últimas el pueblo vestido de verde se enfrentó al mismo pueblo vestido de mochila y jean; sin que ni uno ni otro consiguieran avanzar un centímetro en igualdad, justicia o equidad.

EL ESPECTADOR

Thomas Paine, político, inventor, intelectual, radical, revolucionario y pensador norteamericano del siglo XVII y autor de textos tan importantes como “La edad de la razón” es definido por Bertrand Russell, uno de sus seguidores, de la siguiente manera: “Para nuestros tatarabuelos era una especie de Satán terrenal, un infiel subversivo, rebelde contra su Dios y contra su rey. Se ganó la hostilidad de tres hombres a quienes no se suele relacionar: Pitt, Robespierre y Washington. De éstos, los dos primeros trataron de matarle, mientras el tercero se abstuvo cuidadosamente de salvar su vida.

Pitt y Washington lo odiaban porque era demócrata, Robespierre, porque se opuso a su régimen del Terror. Su destino fue siempre ser honrado por los pueblos y odiado por los gobiernos”. Al verse envuelto en los acontecimientos de la Revolución Francesa, en sus excesos y crímenes en nombre de la libertad, exclama: “Quien quiera salvaguardar su libertad deberá proteger de la arbitrariedad hasta a sus enemigos, o se establecerá un precedente que se volverá contra él”. Los hechos posteriores le dieron la razón y el cadalso fue escenario natural para quienes en un comienzo lo hicieron su venganza social y posteriormente lo padecieron tras los virajes conceptuales y doctrinarios de los mismos revolucionarios.

Y es importante esta sentencia de Paine por cuanto nos permite reflexionar sobre los acontecimientos del pasado viernes 12 de octubre al convertirse las calles de las principales ciudades colombianos en escenarios de guerra donde policías, militantes y representantes de las diferentes centrales obreras y de trabajadores se enfrentaron generando caos y malestar entre los ciudadanos y comerciantes que poco o nada pudieron hacer para proteger su integridad física. Vimos policías con garrote en mano lastimando la humanidad de estudiantes y obreros que, con pancartas en mano, exigían hechos de libertad, democracia y justicia social. Y observamos manifestantes enfrentando a la fuerza pública con piedras, cachiporras y diversos elementos que provocaron graves lesiones entre sus integrantes.

Lo curioso es que uno y otro bando actuaban en defensa de los mismos intereses: la defensa de la libertad, la justicia y el orden. Entonces, ¿A quién asiste la razón cuando los procederes son los mismos y el golpe y la brutalidad se vieron de parte y parte? Mucho me temo que hemos sentado un precedente peligroso entre los colombianos que continuamente se vuelve contra nosotros obligándonos a actuar contra nuestros propios principios que, curiosamente, son todo los contrario de lo actuado y observado.

La democracia es el uso de la razón, el enfrentamiento dialectico entre principios y doctrinas que muy raramente vemos en nuestra patria. A la larga este espectáculo de poderes y barbaridades no fue otra cosa que el enfrentamiento entre iguales que conciben conceptos como la democracia y la libertad de diferente manera.

En últimas el pueblo vestido de verde se enfrentó al mismo pueblo vestido de mochila y jean; sin que ni uno ni otro consiguieran avanzar un centímetro en igualdad, justicia o equidad, y si para alcanzar tales preceptos debemos actuar de esta manera estúpida y sangrienta, imagino los resultados que, sin duda alguna, se volverán contra nosotros como sabiamente lo sentenció Paine.

Bueno, provechoso y productivo sería que gobierno, policía, gremios y centrales obreras, lo mismo que estudiantes y comerciantes citen a un conversatorio sobre lo acontecido y después de un debate serio y sesudo nos comprometamos a no actuar más de esa manera que nos califica como una sociedad inculta, inhumana, salvaje e impía.

La verdad es que no me acaba de convencer ninguno de los dos bandos en su intento de defender la democracia y sus instituciones, estamos equivocados, como cuando se defendía la independencia masacrando a pueblos y naciones y aquí tenemos los resultados a la vista de todos: hambre, pobreza, miseria, analfabetismo y ceguera mental y conceptual. Y si el pueblo tiene que ofrecerse para ser victima de si mismo en diferente cuerpo y actor, estamos condenados, como lo expresara Paine, a sufrir el rigor de nuestra propia estupidez. Y el cadalso de hoy será nuestra tumba del mañana.

Por PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA, colaborador de Soyperiodista.com

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