La rebelión de los brujos

Bogotá está atiborrada de tiendas de superstición y brujería donde se venden misteriosos brebajes y remedios que prometen milagros sobre la salud y el destino.

EL ESPECTADOR

Una mujer agobiada por los celos baña a su pareja con un jabón “atrapamaridos”, previamente rezado por un brujo de los llanos en un cuchitril del centro de Bogotá. Ella también se enjabona con su amante, y una hora después hacen el amor y por primera vez él quiere repetir.

La señora no cabe de la dicha al comprobar que el jabón retuvo a su hombre en la cama y la devolvió a la vida con un orgasmo que nunca llegaba. Al día siguiente visita al brujo y con lágrimas lo reverencia como a un santo. En el barrio Toberín, donde vive la feliz señora, el rezandero se convierte en un “enviado de la Virgen”.

En realidad el jabón funcionó, pero lo que no sabe la creyente es que no se debió a los conjuros del charlatán, sino a un viejo ingrediente natural que los romanos llevaban consigo en los bolsillos antes de una cita amorosa: la canela molida, que restregada en los órganos sexuales es capaz de estimular el deseo por el escozor asociado con la excitación.

La escena del saludable jabón de canela es cada vez más común en los hogares de todos los estratos sociales de la capital colombiana, pero es la menos dramática del variado y amenazante repertorio del teatro de las mil y una recetas con las que los “maestros esotéricos” prometen devolver la salud, atraer la suerte, alejar la desdicha, y también llevar la desgracia a los enemigos.

Hace 40 años los curanderos usaban plantas y secreciones animales y eran los médicos de los pobres, pero con el advenimiento de nuevas medicinas y de más médicos por personas, perdieron vigencia y desaparecieron de las ciudades. Hoy se han reemplazado por persuasivos personajes que se disfrazan de mensajeros de Dios para atender no solo a los más pobres sino a los más ricos.

Impotencia y desamor

La práctica de los “curalotodo” abarca todos los problemas imaginables del ser humano: desde el mal de salud hasta el ‘mal de ojo’, pasando por la impotencia, frigidez, mala suerte, desventura amorosa, desgano por la vida…, para lo cual emplean un sinnúmero de aguas rezadas, bebedizos de colores, perfumes y polvos mágicos, colgarejos y, últimamente, combinan sus clásicos remedios con medicinas de farmacia.

A diario acuden miles de personas de distintas edades a los más de mil negocios, la mayoría clandestinos, ubicados en barrios deprimidos de la ciudad, y a domicilio para los más pudientes. Todos clamando ayuda a sus achaques de salud y problemas cotidianos que no han podido curar con la medicina ni con la sicología.

Las consultas más comunes y las más costosas son el mal de amor, la infidelidad, el mal de ojos y la mala suerte en el trabajo y los negocios; sus precios varían desde 30 mil hasta un millón de pesos y más, dependiendo del problema y de los recursos que emplee el “maestro”.

Fe y placebo

“La gente ha perdido la confianza en la medicina porque en algún momento de su vida no le funcionó, y se volcó a lo sobrenatural”, dice el neurocirujano Rodolfo Llinás en su ensayo “El futuro de la ciencia médica”. Además de la desconfianza de la práctica médica en el precario sistema de salud del país, los expertos consideran que hay una atracción innata del colombiano por lo desconocido y las fuerzas oscuras que dominan la naturaleza.

Otra razón del auge del curanderismo en las grandes ciudades del país es la presión social por sobresalir y ganar más dinero del necesario para una vida digna y segura, en una sociedad que gratifica la competencia individual y el éxito a toda costa, de acuerdo con los planteamientos de la nueva psiquiatría social.

Los científicos explican que la fe en los llamados adivinos y salvadores se sirve del efecto placebo, una sustancia inocua capaz de producir los mismos efectos esperados cuando se toma un medicamento en el que se confía. “La mente reacciona de manera positiva cuando cree en algo”, dice Llinás, de ahí que los embaucadores tengan tanto o más éxito que los mismos médicos, sicólogos y siquiatras en sus consultorios.

El oráculo de Dios

Los curanderos de hoy se proclaman depositarios del oráculo de la Virgen y de Dios, aunque el cristianismo rechaza a los videntes y profetas; sin embargo, los creyentes se vuelcan a ellos porque también están perdiendo la fe en los sacerdotes, según un estudio de antropología cultural de la Universidad Nacional.

Una consulta común de un curandero parece imitar la de un médico convencional atendiendo a un paciente de una EPS. El curandero apenas mira a la persona y anota en un papel con el gesto clásico del autoritarismo que guía la profesión médica en Colombia. Tras cinco minutos de “evaluación” del cuerpo y del alma, el charlatán escribe en su formulario con la misma letra casi ilegible de los médicos.

“Beber un frasquito de ‘quereme’ al levantarse y reposar con los ojos cerrados / Bañarse con jabón ‘pega pega’ y al mediodía untar unas gotas de ‘sígueme’ detrás de la oreja / Por la tarde echarse abundante loción ‘amansa guapos’. Con fe y la bendición del Señor, todo se logra”, y sigue la firma del curandero, tal como reza una fórmula para el desamor.

Brebajes sin control

La Cámara de Comercio de Bogotá tiene registrados menos de 80 negocios en Bogotá, pero se calcula que hay más de mil. La razón social de estos establecimientos aún no está bien contemplada en la reglamentación colombiana, pese a que se rigen por las políticas del Ministerio de Salud sobre preparados farmacéuticos elaborados con base en productos naturales.

Sin embargo, ninguno de estos negocios parece cumplir con las más de 30 normas que rigen para este sector de la economía, como elaboración, envase, almacenamiento, transporte y expendio de drogas, medicamentos, cosméticos y alimentos. Por ejemplo, la mayoría de los brebajes que se venden traen etiquetas que no cumplen con la información nutricional exigida por el Invima.

Entre los preparados más inusuales están poderosas mezclas de plantas medicinales inofensivas con algunas potencialmente venenosas, como la mandrágora, el estramonio y sustancias como la estricnina y la escopolamina. Así mismo, algunos brebajes incluyen sustancias psicoactivas como cocaína, hongos alucinógenos, leche de sapos y fármacos antidepresivos de venta libre, entre otros.

La Secretaría Distrital de Cultura ha señalado al esoterismo como parte del patrimonio intangible de la ciudad, en especial una veintena de negocios desparramados en la avenida Caracas entre calles 42 y 53. Esto genera el dilema moral de la difusión de información en las estaciones radiales en A.M, en la cual los “maestros” aseguran sin ninguna prueba científica sobre el poder curativo y rejuvenecedor de distintos preparados, medicinas y rezos sobre la salud del cuerpo y de la mente.

El año pasado, la dirección de Protección al Consumidor de la Superintendencia de Industria y Comercio vetó un preparado a base de “resveratrol” por publicidad engañosa, ya que la sustancia no cumplía con lo que prometía la etiqueta, pero nadie sabe si los cientos de secretos ingredientes comercializados por los esotéricos cumplen con el registro sanitario que exige el Invima para medicinas y alimentos.

Narcosatanismo

La más reciente variante del esoterismo criollo es el narcosatanismo, puesto en boga por los capos mexicanos de los carteles de las drogas. Acosados cada vez más por las autoridades y las bandas rivales, los narcos colombianos también recurren a los brujos para protegerse de las balas enemigas y rezar los cargamentos de droga y el dinero ilegal.

Pero no solo los narcotraficantes usan los sortilegios para dominar a sus adversarios, sino los paramilitares y miembros del ejército colombiano, tal como se denunció el año pasado en Córdoba, cuando varias jovencitas al parecer fueron poseídas por el Diablo por tener familiares involucrados en el crimen. Y se sabe de soldados que antes de un combate practican rituales de brujería para regresar a casa sano y salvo.

Un convicto de la cárcel de máxima seguridad de Valledupar asegura que a los cadáveres degollados de soplones del crimen se les extrae la sangre y luego se embotella y se conserva en cavas con hielo y luego se envía a los brujos para hacer ritos y bebedizos para los capos.

En el cementerio del Sur de Bogotá han visto en las heladas madrugadas a ladrones de cadáveres de NN recién enterrados, que se venden en el mercado negro entre 500 mil y un millón de pesos, y a los que al parecer les sacan el cráneo, el cabello y algunos huesos para hacer sortilegios destinados a los narcos, que pagarán millonarias sumas..

Y en las fincas de los capos se llevan a cabo por las noches la mayoría de los sacrificios de los enemigos: en medio de una orgía de cantos rituales, humo de tabaco, cocaína, whiskey y prostitutas se les saca el corazón fresco y luego se quema entre disparos al aire.

 

Por Uriel Ariza-Urbina, colaborador de Soyperiodista.com