Reflexiones hacia Rock al Parque 2013

Con el lema 'La Fuerza de la Diversidad' el encuentro de 3 días de música y cultura urbana ha llegado a su mayoría de edad y se ha consolidado como el epicentro musical más importante del país en donde se dan cita tendencias, propuestas e identidades musicales de nuestra nación rock.

El parque Simón Bolívar ha sido testigo, como es tradicional, de la fiesta rock que congrega a la juventud colombiana a mitad de año. Ha terminado la 18° edición de Rock al Parque en Bogotá, el festival gratuito y al aire libre más grande de América Latina y el tercero más grande del mundo. Es momento entonces de hacer un balance que sirva como catalizador de cambios y mejoras con miras al próximo encuentro en junio de 2013.

Con el lema 'La Fuerza de la Diversidad' el encuentro de 3 días de música y cultura urbana ha llegado a su mayoría de edad y se ha consolidado como el epicentro musical más importante del país en donde se dan cita tendencias, propuestas e identidades musicales de nuestra nación rock.

Si bien el balance del festival ha sido más que aceptable, esta ocasión pasará a la historia como la edición del festival en la que más se resintió gran parte del público por lo controversial que resultó el cartel de bandas invitadas que no fueron, precisamente, del ámbito más roquero que se pueda esperar.

A un evento que tuvo su primera edición en 1995 y que desde entonces se ha consolidado como el mejor escenario para las bandas de rock del país, este año le llovieron críticas de parte y parte por la inclusión de agrupaciones que se emparentan con el rock más por su formato instrumental que por su sonido. Agrupaciones cuya propuestas sonoras están más vinculadas a la fusión, lo electrónico, el reggae, el hip hop y otros, conformaron gran parte de la programación para este año.

Desde los mismos organizadores del evento se ha reiterado el deseo de empezar a abrir el espectro para que otras propuestas tengan su lugar allí, visión que no es compartida por todos los asistentes del festival. Al respecto, Nicolás Roldán, asistente asiduo de los diversos festival Rock al Parque señala: "No tiene sentido que nos vendan un festival de rock cuando lo que encontramos es una serie de grupos que de rock tienen poco, creo que lo mejor sería abrir otro festival con esas características para que se respeten los gustos de las personas". Andrea Sinisterra, otra de las personas que pudimos encontrar en el Parque Simón Bolívar haciendo parte del festival, aseguró: "Está bien que inviten bandas nuevas pero con tanto para mostrar y conocer la idea es que vengan grupos que tengan relación de verdad con el rock, ahora a todo se le llama así y por eso viene grupos que no tienen nada qué ver"

La pregunta que surge es entonces ¿Tienen razón quienes exigen asegurar que la programación se ajuste a las expectativas de lo que se supone es rock? o esta demanda evidencia un reconocible miedo al cambio.

Aquello que no cambia, muere. Se sabe que el rock, como todos los géneros musicales está en permanente construcción y definición y que los cambios estéticos generan muchos malmiramientos en espectadores puristas. Interrogantes se abren para los organizadores del festival de manera que, ojalá, puedan ser resueltas con la inclusipón de propuestas diversas pero que respondan a la naturaleza del festival.

No obstante hay que resaltar, en esta ocasión, la excelente organización del evento. Con tres escenarios a disposición de los espectadores, y con la ahora tradicional Carpa Eco-Rock, espacio donde se hallaban discos de rock nacional, camisetas y todo tipo de accesorios de sus bandas nacionales favoritas, es notorio el logro de quienes están detrás del festival, más allá de las simples tarimas y buenj sonido. Quienes asistimos al evento vimos con sorpresa la calidad de los espacios, la distribución de las diferentes zonas de alimentación (por fin a precios asequibles para el asistente promedio) y la organización de zonas de baños y seguridad., Eso sí, la requisa (la forma como se dio) no dejó contento a nadie: 3 filtros en donde las personas se sienten abiertamente manoseadas para encontrar una vez adentro vendedores que vociferan sus productos, desde licor adulterado hasta pepas, ácidos y otras sustancias de dudosa procedencia.

Son las preguntas de un ser que promedia los 18 años: pocas certezas, ganas de consolidar su identidad y desafíos que habrá que encarar y resolver de la mejor manera. Se espera que Rock al Parque 2013 esté, entonces, a la altura de la historia que ha venido forjando y con la responsabilidad que significa ser un evento adulto, aunque su reivindicación sea siempre la del espíritu joven.

Por JuanPlalo, colaborador de Soyperiodista.com

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