San Victorino busca cambiar su imagen

Las dificultades para poder desplazarse, la inseguridad y la oferta de productos, son algunas de la problemáticas que se presentan a la hora de ir al centro empresarial y comercial de San Victorino, en el centro de Bogotá.

EL ESPECTADOR

Las dificultades para poder desplazarse, la inseguridad y la oferta de productos, son algunas de la problemáticas que se presentan a la hora de ir al centro empresarial y comercial de San Victorino, en el centro de Bogotá.

Esta problemática contiene tres actores: los vendedores ambulantes, ejerciendo su labor en la informalidad; los propietarios de los locales, ejerciendo su labor en la formalidad, y la alcaldía de la localidad de Santa Fe, que a través de la fuerza pública busca recuperar el espacio público.

La conformidad por permanecer en la informalidad laboral por parte de los vendedores ambulantes de San Victorino, demuestra que esta actividad deja para ellos buenos resultados económicos, como lo afirma Héctor Gaona, de 52 años: “en este negocio llevo 22 años, he sostenido el hogar y dos hijos en la universidad”.

Es complementado por Claudia, de 37 años: “yo me gano mi plata y nadie me dice, tiene que estar a las ocho y pues yo diariamente me gano treinta, treinta y cinco mil pesos”.

Para el vendedor ambulante esta labor le permite encontrar un ingreso sin tener que responder al estado por impuestos y seguros.

Yuri Paola Gelvis, de 20 años, y Alexander Garzón, de 18 años, una pareja que por falta de experiencia laboral se dedican desde hace poco tiempo al trabajo informal. Comentan que “lo formal le brinda a uno un sueldo seguro, uno no tiene que estarse acá corriendo de lado a lado por los policías, allá todo es más suave que estar acá sentado junto al pie de la lluvia, es mucho mejor tener un trabajo seguro”.

Estos testimonios dejan vislumbrar dos puntos importantes: el primero es que esta labor contiene un factor generacional, los abuelos eran vendedores, los padres lo fueron y ahora los hijos lo son, y el segundo es que los jóvenes como Yuri Gelvis y Alexander Garzón, no quieren pertenecer a esta secuencia y buscan pertenecer a la formalidad laboral.

Durante la medición del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el empleo informal del trimestre de mayo a julio de 2012, registró que la proporción de ocupados informales en las trece áreas metropolitanas fue de 51,8%, según la rama de actividad, la población ocupada informal en las trece áreas se halló principalmente en comercio, hoteles y restaurantes (41,2%) y el 52,1% de la población ocupada informal tenía nivel educativo secundaria. La porción de población en labores informales, desde el 2007 hasta el 2012 ha estado entre el 49,3% y el 51,8%.

Ahora, las quejas de los propietarios de los locales comerciales, que pertenecen al campo de lo formal y que pagan arriendo del local, poseen Cámara y Comercio, pagan nómina y servicios públicos, registran pérdidas en sus ventas debido a lo que menciona Giovanni López, de 35 años e hijo del propietario del local Peluches Emperatriz: “la desventaja de la informalidad es la piratería, porque ellos dejan la mercancía más barata, invaden el espacio público, por tanta gente se crea inseguridad, el desorden, el no dejar que la gente entre a los centros comerciales, porque invaden los andenes”. Estas características generan que los mismos propietarios envíen a impulsadores a la calle con mercancía para contrarrestar a los vendedores ambulantes.

Por otra parte, Argemiro Zuleta, de 35 años, conocido por empleados y propietarios del centro comercial Centrolandia de San Victorino como “Boliao”, dice que este es un tema que no le afecta: “la informalidad no es una amenaza, todo el mundo tiene que salir a rebuscarse la vida, en Colombia no les dan empleo, entonces toca que se rebusquen como sea, el que trabaja come, el que no trabaja que no coma, por eso yo no les doy plata a los gamines”. Estas expresiones son comunes escucharlas en personas que han dedicado su vida al comercio y ven la prosperidad en el capital.

Para Rafael Criollo, funcionario de la alcaldía local de Santa Fe, “la alcaldía tiene la obligación de mantener desocupado el espacio público, como un derecho fundamental de locomoción, entonces nosotros lideramos y organizamos los operativos con el apoyo de la policía que es la que nos presta la fuerza, acompañados de una persona de la alcaldía que verifica desde el punto de vista administrativo y la personería local (representación civil) que verifica que no se violen los derechos humanos”.

La recuperación del espacio público contiene un punto social, que debe estar acompañado de un cambio de mentalidad frente a las políticas laborales planteadas por el gobierno. Sin embargo, como medida de control existe la posibilidad de racionalizar el espacio a partir del desarrollo de alternativas de ubicación, que está impulsada actualmente por el Instituto para la Economía Social (IPES), que acoge a los vendedores informales para que establezcan sus labores en quioscos, ferias institucionales, puntos comerciales y zonas de transición (entre estas zonas esta la plaza de las mariposas ubicada en San Victorino).

Las alternativas mencionadas han generado un choque de fuerzas entre los vendedores ambulantes y las alcaldías locales. La noticia del lunes pasado, en la ciudad de Medellín lo confirma, porque según los medios de comunicación, los vendedores protestaron al parecer por la asignación de puestos callejeros para las ventas en la temporada de diciembre, hecho que demuestra que la transformación de mentalidad de la que se hizo referencia antes, está costando cuantiosos daños y no se está dando solución a un problema que lleva ya varias décadas.

Finalmente, es cierto que los vendedores ambulantes son una parte importante de las ciudades y las economías urbanas, comercializan la mercancía haciéndola accesible a los consumidores y también forman una parte trascendental de la vida económica y social de una ciudad.

Muchos de los turistas buscan artesanías en ellos y esto les hace vivir una experiencia única. Pero también están los trabajadores formales, que quieren hacer su trabajo por una vía jurídica y la alcaldía, que busca organizar el espacio público a través de la fuerza. ¿Cómo hacer para unir las ideas de estos tres actores y crear una sola idea que de garantías para cada una de las partes?

Por CAMILO ANDRES RINCON VELOZA, colaborador de Soyperiodista.com

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