Seúl, más razones para admirarla

Lo más admirable, sin contar el orden, la modernidad o la limpieza, es la admirable vocación de sus gentes de seguir las reglas.

Marina Villar

El cuidado del medio ambiente, el reciclaje, la sustentabilidad, son palabras que se escuchan en el mundo entero y que tanto las empresas como los gobiernos, las utilizan y las repiten. Tal vez porque queda bien, porque están asociadas con buenas prácticas, porque atraen popularidad, o porque están convencidos de que es el camino adecuado y correcto.

Sea cual fuere el motivo, aquí y ahora en Seúl, la separación y el tratamiento de la basura no es un tema menor. Es algo que se toman muy a pecho y que ponen en práctica muy seriamente.

No sólo en las calles, shoppings, supermercados, cines, teatros, los residuos se separa en 4 (papel, plástico, vidrio y desperdicios de comida), sino también en cada hogar.

Cada edificio tiene destinado un espacio no menor a la separación de la basura. En nuestro edificio, la persona que se ocupa de luego ponerla a disposición de los camiones recolectores, es muy estricto. Está rondando siempre cual inspector, para ver si encuentra a algún infraganti.

Debo confesar que las primeras veces, la ceremonia de bajar la basura (ubicada en el 4º subsuelo de mi edificio, unos 100 metros posteriores al estacionamiento, y al cual tengo que acceder a través de una tarjeta magnética), solía ponerme algo nerviosa. Me agarraba un sentimiento de temor por haber colocado algo en la bolsa incorrecta. Y si eso sucedía, sabía que sería multada. Moralmente multada. He sido testigo de algún regaño, que este señor ya entrado en canas, muy bajito y con algo de joroba en su espalda, le ha otorgado a alguno de mis vecinos. Y creanmé, no es el tipo de regaño que quiero recibir.

Pero más allá de eso, me parece admirable la capacidad que tienen de seguir las reglas.

El otro día estaba paseando muy tranquila en uno de los tantos shoppings que ofrece la ciudad, y mientras caminaba tomaba un café. Al terminarlo, me acerqué a los tachos de basura y titubeé antes de tirar la taza de plástico, ya que la información estaba en coreano y no sabía exactamente en cual de los 4 cestos debía colocarla. Estaba a punto de tirarla en uno de ellos (pensando que ese era el lugar correcto), cuando un señor se abalanza sobre mi, como quien está a punto de salvar al mundo de algún peligro y me arrebata la taza de las manos. La tiró y me miró desconfiado.

Pedí disculpas con una reverencia y agaché la cabeza. Supe que el señor me había enseñado algo más que colocar la basura en el lugar correcto. Sentí que había sido una demostración de lo genuino que es su interés por el entorno. Y me dejó pensando… quizá otra razón para admirarlos.

 

Por Marina Villar, colaboradora de Soyperiodista.com, Seúl, Corea.

Temas relacionados