Veinte años sin Héctor Lavoe

La vida de Héctor Juan Pérez Martínez estuvo llena de tragedias. A pesar de ello fue una celebridad y se convirtió en ícono de la música latinoamericana.

Héctor Lavoe

Antes de morir ya era una leyenda y en una de sus canciones repetía: “Yo soy el cantante muy popular donde quiera, pero cuando el show se acaba yo soy otro humano cualquiera”. Era su sentimiento como artista. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno, las flores de la primavera y la calidez del verano. Esa parecía ser la filosofía de Pérez el humano cualquiera, que como artista era casi único.

Juan es el mismo Héctor Lavoe, el “cantante de los cantantes”. Willie Colón lo describió así en su carta de despedida: “Graduado en la Universidad del Refraneo con altos honores, miembro del gran Círculo de los Soneros, Poeta de la Calle, Maleante Honorario…”. Se fue hace 20 años pero dejó una herencia musical inestimable. Era como un un héroe vocal a quien le gustaba discutir con los dioses de la música para desarmar a contradictores, y así confundir a su propio destino.

Héctor Pérez nació de una familia humilde en Ponce, Puerto Rico (PR) el 30 septiembre de 1946. A sus cuatro años muere su madre. Fue el comienzo de muchos golpes en su vida. A los 17 se marcha a Nueva York a buscar mejor futuro con su talento artístico. Allí conoció a Willie Colón, con quien conformó una banda que alcanzó numerosos logros en un modo desafiante y callejero. Hoy diríamos que bastaron amigos como Colón y otros tantos para cambiar su vida para siempre, para bien o para mal.

Posteriormente consolida su orquesta con la cual impuso un estilo único. Lanzó éxitos como "La Vida es bonita","La fama", "El Todopoderoso", "Triste y vacía", "Mentira" y cientos de canciones más. El inicio de los 80 estuvo marcado de eventos trágicos para Lavoe. La fractura de sus piernas al saltar por la ventana de su apartamento debido a un incendio, fue un hecho que se conjugó con su adicción a las drogas para hacer de él un hombre sumido en la depresión y al borde del abismo. Pero era el mismo que recitaba boleros con tal sentimiento que enseñaba: “Amor no mira linaje, ni fe, ni pleito, ni homenaje”.

El 26 de junio de 1988, luego de la suspensión de un concierto en Bayamón, (PR), deprimido se lanza al vacío desde el 9o piso del hotel donde se hospedaba. La caída no le produjo la muerte, pero sí parálisis de medio cuerpo. La depresión en que se hallaba por una vida llena de desdichas: el crecer sin su madre, el asesinato de su hermano, la muerte de su padre, el asesinato de su suegra y la muerte de su hijo, hicieron que el artista cayera en una sin salida.

Su hijo no reconocido José Pérez no tuvo acceso a él. De niño tenía que pagar las entradas a los conciertos para ver cantar al padre que tanto adoraba. Póstumamente se atrevió a escribir un libro sobre su vida: “La historia del Cantante”. Un texto tan sentido y sencillo que como colofón, deja una lección de la relación padre-hijo: “Volveré, papá, a ayudarte con la siega. - No, no quiero que vuelvas aquí. Quiero que luches hasta el final. No aceptes ninguna promesa. Infringe las reglas si hace falta. Y en los momentos duros, no tires la toalla... ¡jamás!” Y así fue, José es el único pariente de sangre que le sobrevive, a esa “Voz” que probó que “la historia la hacen aquellos que rompen las reglas”.

Héctor Lavoe pasó los últimos años retirado en NY. Un día lo encontraron tirado en la calle como un indigente y fue hospitalizado. Semanas más tarde muere víctima del VIH el 29 junio 1993. Hoy es considerado como uno de los más grandes cantantes del género de la salsa, un ícono de esta cultura, el “Che Guevara” de la música. Su vida fue llevada en 1999 al teatro con la obra “¿Quién mató a Héctor Lavoe?” Y en el 2007, sale “El Cantante”, película controvertida sobre su vida, protagonizada por Marc Anthony.

A cuatro lustros de su partida los homenajes a la leyenda no paran, sus canciones no dejan de sonar y su voz sigue siendo susurro para melómanos y coleccionistas. “El rey de la puntualidad” como irónicamente lo tildó Johnny Pacheco, decía “No es que yo llegue tarde es que Uds. llegan temprano”. Eso le pasó con la muerte, le llegó temprano a los 46 años. “Todo tiene su final nada dura para siempre…”
Apostilla: Aquí está uno de sus mejores momentos, con uno de sus temas himnos “El Cantante”: https://www.youtube.com/watch?v=D9tDt_-ydhk

 

Por FABIO AREVALO ROSERO MD, colaborador de Soyperiodista.com

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