Vida de espías

Por más insignificantes que seamos nos tienen grabados, nos vigilan, nos siguen día y noche, todo porque desgraciadamente nacimos a finales del siglo XX y en esos últimos años se produjo el desgarramiento del universo y resulta que ahora vivimos en mundos paralelos.

Place Raider

Quienes mueren por las "pelis" o libros de espías deben estar relamiéndose los labios con la tecnología en que nos ha tocado, para bien o para mal vivir. Ya no hace falta que descarguemos o alquilemos la última del agente 007 ni nada por estilo, para sentirnos en medio de un mundo plagado de ojos visores que nos fotografían, nos graban, nos escuchan, dirigen nuestros autos, programan nuestra nevera, el lavado de nuestra ropa y en algunos lugares hasta nuestras necesidades fisiológicas más íntimas.

No estoy hablando de sofisticados equipos, ni de armas inteligentes, hablo de nuestro insignificante y al parecer inofensivo teléfono celular, aunque el aparato en si, es solamente la crisálida de aire, como en 1Q84, donde anida una cosa llamada Place Raider, cuya misión consiste en fotografiar todo lo que encuentra al paso de su portador, con una frecuencia de dos segundos. Dicho engendro, fue desarrollado por un equipo de la Universidad de Indiana, en colaboración con el Naval Surface Warfare Centre de la Marina de Estados Unidos.

Una vez tomadas las imágenes, éstas son enviadas a un servidor que filtra las gráficas y reconstruye las escenas en formato 3D, así el usuario se hace una idea clara del lugar y de las acciones realizadas. Para ocultar su presencia, el Place Raider se instala debajo de cualquier aplicación gratuita común e insignificante.

Sin entrar en mayores explicaciones tecnológicas, lo cierto es que ya vivimos en medio de un gran hermano global, y aunque sepamos que nuestra rutina diaria es de lo más normalita, vamos, que nos levantamos, nos duchamos, desayunamos, nos arreglamos, salimos al trabajo, si tenemos la suerte de tenerlo, nos sentamos ante un escritorio o una máquina, salimos a almorzar, generalmente con los compañeros, hablamos mal del jefe, volvemos al trabajo y al caer la noche, a casita. Todo de lo más aburrido, ¿por qué a alguien le interesa fotografiarme si no soy Scarlett Johansson, o Brad Pitt, ni Falcao o Angela Merkel.

No Importa, por más insignificantes que seamos nos tienen grabados, nos vigilan, nos siguen día y noche, todo porque desgraciadamente nacimos a finales del siglo XX y en esos últimos años se produjo el desgarramiento del universo y resulta que ahora vivimos en mundos paralelos, donde nada es lo que parece, y da lo mismo ser señor que truhán, como en el tango de Gardel.

Habría que preguntarse, dónde diablos nos archivan, en qué carpeta, folio o nube estará mi nombre, mi lugar de nacimiento, mi familia, mis intimidades, no hay que romperse mucho la cabeza pensando en ello, basta con vestir con ropa sospechosa, llevar un arma extravagante o sudar cuando pasas a través de un detector de metales en cualquier aeropuerto del mundo, para que en décimas de segundos salten las alarmas y tu nombre aparezca en todas las pantallas de la policía internacional.

De esa no te salva ni Dios y todo porque un mal día entraste a una tienda de telefonía celular, elegiste ese aparatito tan mono y moderno que llevas en el bolsillo; sí, ya esta hecho, no hay vuelta atrás, no lo puedes devolver, tampoco existe un programa que logre burlar al dios virtual, no hay antivirus que valga, ni escaleras en medio de una autopista como en el citado libro del escritor japonés, Haruki Murakami. No hay salvación, así que por lo menos deberíamos ir más frecuentemente a la peluquería, para que cuando nos detengan, estemos guapos. Un reo atractivo siempre es mejor tratado que uno descuidado.

Por Ladypapa, colaboradora de Soyperiodista.com.