El mal año de Facebook

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En menos de dos décadas, la compañía de Mark Zuckerberg pasó de ser una red social a un conglomerado de plataformas demandado por posibles prácticas de monopolio. ¿Demasiado poder?

Las grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos tambalearon esta semana cuando la Comisión Federal de Comercio (FTC) y 48 estados demandaron a Facebook por posibles violaciones a las normas antimonopolio del país.

Esta es una movida sin precedentes del gobierno estadounidense contra una de las compañías más influyentes del mundo, que se suma a la demanda que interpuso el Departamento de Justicia contra Google en octubre por su presunto monopolio en el mercado de búsquedas de internet y publicidad en línea. Para muchos, estas acciones son una señal de que la desmembración de ambas compañías está cerca.

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La fiscal general de Nueva York, Letitia James, quien dirige la investigación multiestatal, aseguró que Facebook lleva casi una década utilizando su dominio “para aplastar a rivales más pequeños y acabar con la competencia a expensas de los usuarios cotidianos”. Su mensaje hace eco del reporte presentado en octubre por legisladores del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, quienes aseguran que la compañía usó su ventaja sobre los datos para “identificar amenazas competitivas incipientes y luego adquirir, copiar o eliminar estas empresas”.

Los señalamientos no son nuevos. A Mark Zuckerberg, creador y CEO de Facebook, se le acusa de haber clonado funciones famosas de otras aplicaciones, como las historias temporales de Snapchat -que ahora están en Instagram, Whatsapp y Facebook- y los videos cortos de TikTok, que circulan en Instagram por medio de la herramienta “Reels”.

Sin embargo, la compra de competidores es una infracción explícita de las leyes antimonopolio de ese país. Y tanto Instagram, especializada en fotos, como Whatsapp, enfocada en mensajería, han provisto una buena cantidad de usuarios para alimentar el modelo de negocio de Facebook: la primera tiene cerca de 1.000 millones de usuarios, mientras que la segunda alcanzó los 2.000 millones en 2020.

¿Monopolio o “interoperabilidad”?

En 16 años, Facebook dejó de ser una red social de estudiantes de la Universidad de Harvard y se convirtió en un imperio con una capitalización bursátil de US$779.260 millones -más del doble del PIB de Colombia-. Hoy tiene cerca de 1.900 millones de usuarios globales y alrededor de 180 millones de empresas que utilizan sus aplicaciones para acceder a ellos.

Y aunque el bombo por la red social ha disminuido en los últimos años por el escándalo de Cambridge Analytica y la aparición de nuevos jugadores, todavía no hay una plataforma que se le compare en términos de alcance. O, al menos, por fuera de su conglomerado.

“Creo que para un usuario común es muy difícil imaginarse el tamaño y, en consecuencia, el poder de Facebook”, opina Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma, que promueve los derechos humanos en el mundo digital.

Según Botero, una de las principales preocupaciones de la sociedad civil es la imposibilidad de separar sus entornos digitales entre diferentes compañías. Hoy, por ejemplo, hay personas que utilizan Facebook para acceder a noticias, Instagram para promocionar sus negocios y Whatsapp para comunicarse en privado, por lo que buena parte de su tiempo en redes sociales se destina al mismo conglomerado. “Cuando una empresa tiene los tres productos, hay mucho más riesgo de que el nivel de conocimiento que tengan sobre mí sea mayor”, agrega la experta.

Andrés Lombana, profesor asociado del Departamento de Comunicación Social de la Universidad Javeriana, afirma que estas adquisiciones también responden a la necesidad de alimentar el modelo de negocio de Facebook, que utiliza los datos de sus usuarios para predecirlos y perfilarlos. Así garantiza a los anunciantes que sus productos serán vistos por las personas indicadas.

“Para crecer, estas empresas necesitan más datos. Y van a recolectar todos los datos posibles, no solamente los que crees que compartes en tu perfil, sino datos de localización del teléfono, de tus amigos, de la velocidad de los dispositivos que usas, de tus likes. Y entre más compañías, más datos tiene”, explica Lombana.

Zuckerberg admitió el pasado julio en una audiencia ante el Congreso de EE. UU. que consideraba a Instagram su competencia, concretamente en el segmento de plataformas para compartir fotos. Pero aseguró que la adquirió para “complementar” los servicios de Facebook y dijo que hace ocho años nadie pensaba que la aplicación llegaría a tener el alcance de hoy.

Su compañía ha insistido en que al tener todas las aplicaciones bajo una misma sombrilla puede facilitar la comunicación de sus usuarios con otras personas. De hecho, Facebook anunció a finales de septiembre la unificación del chat de Instagram con su plataforma Messenger, jugada que, además, podría dificultar los intentos de disolver a la compañía. La firma también se ha defendido diciendo que el contenido de los mensajes de las personas no es utilizado para publicidad dirigida.

“Facebook dice que va a hacer interoperabilidad entre su equipo de productos, pero para la sociedad civil la interoperabilidad debería ser entre productos que compiten, porque eso te da poder como consumidor”, señala Botero.

Facebook en el sur global

Otras estrategias que han sido poco exploradas, pero que también han ayudado a consolidar el poder de Facebook en buena parte del mundo, son los “Free Basics” y el “Zero Rating”.

Los “Free Basics” son alianzas de la compañía con operadores móviles que permiten dar acceso gratuito a ciertos servicios de internet en zonas de difícil acceso. Con esta plataforma los usuarios pueden obtener información básica, como noticias, contenidos de salud, trabajos locales, recursos educativos e información del gobierno.

“Se han incentivado mucho con programas que tienden a ir a países del sur global, como la India o Colombia. Se presentan con el argumento de conectar a la población que no está conectada, pero esto implica que Facebook se convierte en internet, una internet muy cerrada y centralizada en una plataforma, con todos los problemas que eso tiene”, explica Lombana.

Para el docente, una red cerrada limita el acceso a información variada e incentiva dinámicas como las cámaras de eco, en las que los usuarios tienden a interactuar solo con personas semejantes o a recibir contenidos que resuenan con sus creencias, pues así lo dicta el algoritmo. Para grupos activistas que defienden la libertad de expresión en internet, estas plataformas también violan los principios de la neutralidad de la red.

Por su parte, los esquemas de “Zero Rating” o “tasa cero” de algunos operadores móviles contienen servicios, aplicaciones y plataformas que están excluidas del consumo de datos que cobran a los usuarios. En Colombia se autoriza dicha práctica, y aunque las empresas son libres de establecer sus planes como mejor les parezca, Whatsapp está incluida en todas las ofertas de los planes prepago de los seis principales operadores en el país, seguida por Facebook, Twitter y Waze. En los planes pospago puntean las mismas plataformas, además de aplicaciones de streaming como Netflix y Amazon Prime.

Pese a que estas estrategias han ayudado a expandir la popularidad de las aplicaciones en países en desarrollo y, para algunos, a potenciar el monopolio de Facebook en el segmento de las redes sociales, Botero no desconoce que un buen porcentaje de la población desconectada puede tener acceso a la red gracias a estos planes.

“A pesar de haberme resistido como sociedad civil al “Zero rating”, no tendría corazón hoy para decir que no exista, porque sin duda ha generado unos usos que en sociedades tan inequitativas como la colombiana no podemos desconocer. Creo que hay una obligación para que el regulador colombiano piense cuál es un “Zero Rating” que permita la competencia”, indica Botero.

Desmembrar a Facebook, ¿la salida?

Tanto los fiscales detrás de la demanda como los legisladores del Comité Judicial de la Cámara coinciden en que Facebook debería separarse de Instagram y Whatsapp, y aplicarse en nuevas restricciones para futuras adquisiciones. Facebook reclamó que la FTC validó las adquisiciones de sus empresas hace años, por lo que con una reevaluación estaría enviando “la alarmante señal de que ninguna venta es definitiva”.

Jennifer Newstead, vicepresidenta y directora jurídica de la compañía, aseguró en un comunicado que “Instagram y Whatsapp se convirtieron en los productos increíbles que son hoy porque Facebook invirtió miles de millones de dólares y años de innovación, conocimiento y experiencia para desarrollar nuevas funcionalidades” y defendió que sus usuarios eligen a la compañía porque ofrecen el mayor valor.

La disputa legal podría tardar años en resolverse y, por lo tanto, los usuarios de las tres plataformas no verán ningún cambio significativo en el futuro inmediato. De hecho, analistas estadounidenses opinan que los casos antimonopolio no siempre resuelven todas las denuncias contra las Big Tech, y Facebook está dispuesto a dar la pelea.

Para Lombana, la desintegración de la compañía podría impulsar la innovación tecnológica, pues el problema con la sociedad red es que, como dice el adagio popular, “el que pega primero, pega dos veces”. Facebook ya construyó una red con millones de usuarios y es muy difícil que surja otra capaz de ponerla en jaque.

No obstante, opina que estas regulaciones no garantizan que la compañía modifique su modelo de negocio. “Para que estas empresas cambien y permitan a más plataformas en el mercado, tienen que haber regulaciones en los gobiernos sobre el tratamiento de los datos, la ética de estos negocios y también una concientización y procesos de educación en los usuarios”, asevera.

Aunque no se verán resultados a corto plazo, las demandas e investigaciones alrededor de las Big Tech han contribuido a que los usuarios se interesen más por saber cómo funcionan los conglomerados que a diario analizan sus movimientos en la red. Por lo pronto, autoridades, activistas y académicos seguirán observando con lupa a esta especie de Leviatán de los tiempos modernos.

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