Así se despidió Aracataca de su hijo más ilustre

La lluvia acompañó el cortejo simbólico que hicieron los habitantes de esa pequeña población del Magdalena.

Aracataca, Magdalena, despidió a su hijo más ilustre Gabriel García Márquez en medio de una caminata bajo la lluvia. Las horas del mediodía presagiaban la llegada del agua que se precipito sin recatamiento sobre los habitantes del pueblo, precedida de un viento suave y frio que hizo llorar de los arboles flores blancas y amarillas que se mezclaron con el agua mientras la gente avanzaba en el homenaje al escritor más grande de las letras colombianas.

Muchas veces el premio Nobel de literatura departió en medio de vítores y parrandas con sus amigos más cercanos de Aracataca. En varios patios de la población resonó la voz del celebrado autor que organizó sus vigilias, esta tarde, en esos patios solamente quedaban los mangos que se precipitaban vencidos por el viento de la tarde de abril, porque todos los habitantes de Aracataca, con sus nombres y circunstancias a cuestas, salieron a marchar para decirle adiós a Gabo.

En los rostros podía leerse la tristeza de quien espera la tardía primavera, y las voces se entrecortaban en medio de aplausos mientras alguno entre la multitud iba leyendo las páginas de García Márquez. De repente, como tocada por algún influjo de la providencia, toda la multitud quedó en silencio cuando sonó una grabación con la voz de Gabo y, como si tocara la piel, se fue disgregando entre los poros y, de un centellazo, tocó directo el corazón de los cataqueros.