La ciencia contra el amor

Muchos comportamientos relacionados con el amor responden al instinto de supervivencia y esconden impulsos poco románticos. Tres miradas científicas al romance que muchos prefieren ignorar.

Investigadores de la U. de Oxford concluyen que existe una estrecha relación entre el beso y la selección de pareja. /123rf

El poeta John Keats acusaba al científico Isaac Newton de destruir la poesía que encerraba un arco iris al explicarlo con ciencia y es posible que haya quien piense que sucede lo mismo con el amor. Aprovechando la celebración del día de San Valentín, los países anglosajones recordamos tres cosas que la ciencia ha descrito sobre el amor y quizá usted preferiría no saber.

1. El origen de la monogamia está en el miedo y la violencia

El amor romántico siempre ha tenido portavoces poderosos que le han ayudado a mantener su prestigio. Hace 24 siglos, en la obra El banquete, Platón cita el mito de la media naranja en el que Zeus castigó a los pobres mortales partiéndolos en dos. Desde entonces, cada mitad buscaba a la otra para fundirse y retornar a aquella plenitud originaria.

Pero la versión de la ciencia es mucho menos “romántica”. Un estudio publicado el año pasado en la revista Science justifica la aparición de algo tan raro entre los mamíferos como la monogamia.

En el artículo, investigadores de la Universidad de Cambridge explican cómo esta práctica proviene de una estrategia de marcaje individual. En grupos en los que los animales están muy dispersos (aunque nunca tan dispersos como en una ciudad de millones de habitantes como Madrid o México), la única forma de asegurarse una hembra con la que tener hijos y de ahuyentar a otros machos que pongan en duda la legitimidad de esa descendencia es no separarse nunca de la pareja. Ese “no puedo estar sin ti”, que tan romántico suena en decenas de canciones, adquiere a la vista de los resultados de la gente de Cambridge un tono mucho más pragmático.

2. El amor en píldoras y sus efectos secundarios

Algunos estudios han mostrado que la oxitocina, una hormona que se libera en momentos como el parto o las relaciones sexuales, puede tener efectos benéficos sobre nuestro carácter. Aceptar mejor a los otros, ser padres más comprometidos o hacernos más extrovertidos estarían entre sus virtudes. En 2009, el investigador Larry Young, de la U. de Emory, en Atlanta, planteaba incluso la posibilidad de que el conocimiento de los efectos de la oxitocina permitiese el diseño de una píldora del amor.
Sin embargo, estudios recientes indican que esta hormona (también está relacionada con la monogamia) puede tener efectos secundarios si se emplea en gente sana.
En un estudio que publicaron en enero de este año en la revista Emotion, investigadores de la U. Concordia de Canadá mostraban cómo cuando se daba oxitocina a gente sin problemas psicológicos, estas personas se volvían excesivamente sensibles a las emociones ajenas. ¿Quien estaría dispuesto a medicarse?

3. Los besos con los que te examinan

En un artículo publicado en octubre de 2013 en la revista Archives of Sexual Behavior, los investigadores de la Universidad de Oxford Rafael Wlodarski y Robin Dunbar convirtieron el acto romántico en un comportamiento aparentemente absurdo y potencialmente peligroso. Para empezar, hicieron una clasificación de los individuos que pueden ser más selectivos a la hora de elegir pareja. Entre hombres y mujeres, la respuesta parecía clara.

Ellos las “parasitan” a ellas haciéndolas cargar durante nueve meses con su material genético en un trato desigual que se prolonga durante la lactancia. Para compensar, ellas se habrían vuelto más selectivas con los machos de los que se rodeaban, tratando de favorecer a aquellos que más inclinación mostrasen a ayudar en la laboriosa crianza de un bebé humano.

En otro experimento comprobó que, en general, las mujeres valoran más los besos que los hombres y que incluso encuentran una estrecha relación entre el beso y el proceso de selección de pareja.

Los mismos científicos concluyeron que durante la etapa del ciclo menstrual en la que las mujeres tienen más posibilidades de quedar embarazadas valoran más los besos que en la etapa en que las probabilidades de embarazo son menores.

Quienes teman que, como decía Keats sobre el arco iris, la ciencia acabe con la poesía del amor, pueden encontrar cierto consuelo en saber que la investigación también nos ha enseñado otras cosas. Cuando unimos nuestros labios a los de la persona deseada, se desprende serotonina, en un proceso que tiene similitudes con el observado en personas con trastorno obsesivo compulsivo, o dopamina, una sustancia adictiva que puede estar detrás del insomnio o la falta de apetito que sufren algunos enamorados. El caso es que el amor, así lo expliquemos desde la óptica científica, está lejos de extinguirse.

 

 

 

*Periodista científico español, colaborador del portal de divulgación científica Esmateria.com.

Temas relacionados