Círculo de confrontación en el norte del Cauca

De la saga de Manuel Quintín Lame a la crisis planteada por los pueblos indígenas de la región, que ya no quieren vivir en medio del fuego cruzado entre las Fuerzas Armadas, la insurgencia y el narcotráfico.

Hace 100 años, en la misma región del norte del Cauca donde hoy los indígenas reclaman plena autonomía frente al Estado y la insurgencia, Manuel Quintín Lame, un líder de origen paez surgido de una humilde familia de terrazgueros de la región de Silvia y Tierradentro, lideraba la primera campaña de movilización indígena contra el orden establecido. Desde entonces, esta arisca zona del territorio nacional guarda en sus entrañas una larga historia de confrontación en la que las Fuerzas Armadas y los ejércitos ilegales han pretendido afianzar su control, sin lograr que la causa indígena decline en su lucha histórica.

Las acciones de defensa de los derechos indígenas que Quintín Lame emprendió como abogado empírico hace un siglo, derivaron entonces en una agitación de los cabildos de Tolima, Huila, Valle, Cauca y Nariño, y luego en un levantamiento general en 1914 que los llevó a enfrentarse con el Ejército. La idea de la “República Chiquita” de indios planteada por Quintín Lame tuvo eco entre su gente, seguido de varios años de enfrentamientos, hasta que fue capturado y condenado a casi cinco años de prisión. Cuando volvió a la libertad en 1921, ya había quedado sembrada la semilla de la autonomía indígena.

Aunque la lucha de Quintín Lame continuó principalmente en el Tolima, el Supremo Consejo de Indios, creado bajo el liderazgo de José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté, demostró la persistencia del ideal indígena. Después, Lame rompió con sus aliados cuando éstos optaron por adherir al Partido Comunista, pero hasta su muerte a los 83 años, en 1967, en Ortega (Tolima), fue el emblema de la independencia indígena frente a toda clase de poderes. Eutiquio Timoté, en cambio, de origen pijao, fue candidato presidencial por el comunismo en 1934, demostrando cómo la causa indígena empezó a asociarse con otras luchas políticas.

Una década después, cuando la violencia partidista incendió a Colombia, el norte del Cauca volvió a ser escenario de combate. En busca de zonas de retaguardia, un movimiento armado de inspiración comunista liderado por Jacobo Prías e Isauro Yosa en el sur del Tolima, envió hacia 1950 un destacamento al Cauca, que tomó el nombre de Movimiento Agrario de Riochiquito. Con el correr de los días, esta región fue incluida dentro de las llamadas “Repúblicas Independientes” que, clasificadas como focos de expansión comunista, se convirtieron en el objetivo principal de las Fuerzas Militares.

A pesar de que durante varios años la población indígena del norte del Cauca fue remisa a la influencia comunista, poco a poco el grupo armado pudo consolidar su polo de colonización de Riochiquito, en un área de 80.000 hectáreas en límites con Huila, una zona poblada por indígenas de la etnia paez. Por eso, cuando llegó la ‘Operación Marquetalia’, en el sur del Tolima, contra el grupo matriz de la organización ya liderada por Manuel Marulanda Vélez, el sitio elegido para el repliegue ante la ofensiva militar fue precisamente Riochiquito. Allí se realizó la primera conferencia del Bloque Sur, antesala de las Farc.

El 15 de septiembre de 1965, el gobierno de Guillermo León Valencia, hijo del poeta y congresista Guillermo Valencia, en su momento principal opositor de Manuel Quintín Lame, atacó también la región de Riochiquito. Bajo el mando de Ciro Trujillo, los guerrilleros evacuaron la zona hacia el sur y meses después, en una segunda conferencia, anunciaron la creación de las Farc. En toda esta secuencia estuvo presente un campesino de origen huilense llamado Miguel Ángel Pascuas, más conocido como el Sargento Pascuas, que se convirtió en el promotor de la expansión de las Farc en el norte del Cauca.

Con el paso de los años, la zona fue asiento de conflictos de tierras inspirados en la causa indígena, pero también de una multiplicación guerrillera que fue copando espacios de la región del Macizo Colombiano, a través de los frentes 2, 13, 32, 49, 60, 61 y 66 del llamado Bloque Sur. Pero mientras la guerrilla hacía lo suyo, ya en los años 70 apareció un nuevo líder: Álvaro Ulcué Chocué, el primer sacerdote católico indígena en Colombia. Natural de Caldono (Cauca), primero como vicario en Santander de Quilichao y después como párroco en Toribío, Tacueyó o Jambaló, Ulcué se erigió como el defensor de los cabildos.

A su causa se sumó también el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que a partir de 1971 fortaleció el ideal indígena por el acceso a las tierras y la autonomía política y cultural. Fueron largos años de agitación social que provocaron la reacción de los propietarios de tierras, hasta que se impuso la violencia. Las Fuerzas Militares incrementaron su accionar buscando restablecer el orden, pero las organizaciones indígenas también aumentaron sus acciones de invasión de territorios. En medio del toma y dame, el 10 de noviembre de 1984, fue asesinado, en Santander de Quilichao, el sacerdote Álvaro Ulcué.

La reacción fue la consolidación del movimiento armado Quintín Lame que, con el apoyo del M-19, también se sumó a la guerra en el norte del Cauca. Hasta 1991, cuando dejó sus armas al amparo de la Asamblea Nacional Constituyente, esta organización sostuvo una confrontación permanente con las Fuerzas Militares. La misma que mantuvieron las Farc en la región, y a la que no demoraron en llegar grupos de extrema derecha y después paramilitares aliados con el narcotráfico. El mismo año de la desmovilización del Quintín Lame tuvo lugar la masacre del Nilo, en que fueron asesinados 21 indígenas de la etnia paez en zona rural del municipio de Caloto.

De la misma manera, ese 1991 vio cómo los diálogos de paz que se adelantaban entre el gobierno Gaviria y la Coordinadora Guerrillera quedaron en crisis a raíz de un atentado de la insurgencia contra el expresidente del Congreso, Aurelio Iragorri Hormaza, yerno del exmandatario Guillermo León Valencia. La acción tuvo lugar en el norte del Cauca y en ella perdieron la vida seis personas, entre ellas el primer alcalde popular de Cajibío. La paz volvió a ser esquiva y en medio del fuego cruzado entre Fuerzas Militares y Farc quedaron una vez más los pueblos indígenas sin margen de autonomía.

Desde entonces, el círculo vicioso se repite. Un día incursionan las Farc, aún con el liderazgo en el norte del Cauca del Sargento Pascuas. Otro día, los paramilitares, como hicieron en 2001 en la región del Naya con casi un centenar de asesinatos. Después las Fuerzas Militares tratando de restablecer el orden, pero también cometiendo excesos. Y en medio de todos, la población indígena, hastiada de la guerra y de la pobreza, con la misma expectativa que hace 100 años reclamó para ellos Manuel Quintín Lame. Sólo que hoy, después de una semana de agitación, la situación está pendiente de un arreglo, con la mediación del consejero Aurelio Iragorri, bisnieto del primer opositor del legendario líder indígena.

Mesa de concertación en el Cauca

Un principio de acuerdo entre las comunidades indígenas y el Gobierno Nacional fue establecido ayer en Toribío (Cauca), donde concluyeron que iniciarán un diálogo de alto nivel con la mediación de la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría, el alto consejero de la ONU en Colombia, Bruno Morom,  y el representante del Gobierno, Aurelio Iragorri.

Según señaló el líder de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, Feliciano Valencia, “se buscan compromisos para resolver los problemas históricos de los cabildos de la región, finalizar los enfrentamientos con la Fuerza Pública y manifestar el desacuerdo con la ocupación militar”. Para el dirigente es necesario que el Gobierno deje de afirmar que existe una infiltración de la guerrilla en las comunidades.

Como resultado de la reunión que oficializa el inicio de los diálogos el lunes 23, se suscribió un acta de compromisos que está siendo analizada por el Gobierno y que contará con el seguimiento de Moro, quien participará como garantía para la solución de los conflictos y el cumplimiento de los compromisos entre el Consejo Regional Indígena del Cauca y el Gobierno Nacional.

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