Cumbre 'Timochenko'- 'Gabino'

Detalles del encuentro entre los máximos comandantes de las Farc y el Eln en el Catatumbo (Norte de Santander). Estudio de la Fundación Paz y Reconciliación muestra la nueva estrategia de las Farc en medio de los diálogos de paz.

Hace cerca de mes y medio —después de conocerse desde La Habana (Cuba) el acuerdo sobre el tema de la participación política entre el Gobierno y las Farc— el máximo comandante de ese grupo subversivo, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, y Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, jefe del Eln, se habrían reunido en algún lugar de la región del Catatumbo, cerca de la frontera con Venezuela, con el fin de concretar la alianza entre los dos movimientos guerrilleros, un asunto que se venía manejando desde hace rato.

El objetivo, según la información que maneja la Fundación Paz y Reconciliación, apuntaría a consolidar un frente común pensando en que más temprano que tarde se iniciará un proceso de negociación entre el gobierno Santos y el Eln, además de comenzar a prepararse para el posconflicto. De hecho, dicho acuerdo les habría permitido trabajar juntos en el sabotaje en contra de la infraestructura minero-energética y al Eln —en concreto— mostrar que tiene la capacidad para afectar en algunas partes del país este sector de la economía, promover un discurso antiextractivista y nacionalista, y posicionar el tema en la agenda a discutir en esa eventual mesa de diálogo.

Se trata de una de las estrategias que vienen implementando las dos organizaciones subversivas y que en el caso de las Farc —según precisamente un estudio de Paz y Reconciliación, conocido por El Espectador— tiene que ver con la manera como han operado en 2013, bajo la premisa de negociar en medio del conflicto. Lo que se ve es que el promedio de acciones este año es similar a lo hecho desde 2010 y que han acomodado su operatividad tras la gran ofensiva del Estado que padecieron entre 2002 y 2008. Hoy las Farc muestran “una flexibilidad para decretar treguas o desatar pequeñas ofensivas según el ritmo de las negociaciones de La Habana, una intensificación del sabotaje a la infraestructura energética y una particular dedicación a promover la protesta social.

Transformación estratégica de la guerrilla que, al mismo tiempo, ha implicado cambios en el accionar de la Fuerza Pública, la cual se ha concentrado en las denominadas ‘Operaciones Beta’ o de alta precisión: “Son operaciones que se inician con un bombardeo, posteriormente se produce un descargue de tropa, donde se realiza un reconocimiento del terreno, y luego, en no más de ocho horas, se realiza nuevamente el embarque de tropa. No hay una presencia prolongada en el territorio, porque las Farc han sembrado de minas antipersonas las zonas donde operan y el avance por tierra se hace muy difícil”.

En este juego estratégico de guerra —según el estudio de Paz y Reconciliación— las Farc, desde mediados del año 2012, comenzaron a dejar “la cultura campamentaria”, es decir, actualmente no se construyen muchos campamentos y en las zonas donde los hay, gran parte de la tropa no duerme en ellos, sino alrededor: “Han evitado combatir, se dedican más a acciones de tipo guerra de guerrillas. Asimismo, han perdido capacidad para plantar combate abierto en algunas zonas o producir grandes emboscadas y se han dedicado más a acciones tipo sorpresa y de asalto. Uno de los ejemplos es el departamento del Cauca. Allí, en 2011 y 2012, en promedio se presentaron cerca de 300 acciones armadas cada año, y para 2013 serán cerca de 220 ataques ofensivos”.

Y es claro que las variaciones en el accionar de las Farc se explican en razón de las negociaciones de paz de La Habana. Así, por ejemplo, se puede ver que una vez finalizada la tregua navideña de 2012, lanzaron una fuerte ofensiva que terminó impactando de forma negativa la mesa de negociaciones: “Es decir, aunque el modelo que se escogió fue dialogar en medio del conflicto, cada vez que se presenta una acción militar vistosa, el costo en la opinión pública es muy alto. Fue notorio el interés de las Farc de reducir unilateralmente la actividad armada a mediados del año. En septiembre y octubre, cuando entró en crisis la negociación en Cuba debido a que no se avanza en el punto de participación política, lanzaron una miniofensiva que afectó la infraestructura petrolera y energética del país. Fue cuando Tumaco duró más de 20 días sin energía eléctrica. Esto muestra que la capacidad operativa de las Farc no está tan diezmada”.

Otra variación que registra el estudio tiene que ver con la presencia de las Farc en las movilizaciones sociales y políticas acaecidas en Colombia durante 2013. “No es un secreto la activa participación de la población de sus zonas de influencia en los paros, las protestas, los bloqueos de vías, las marchas por la paz, la participación en eventos que tienen que ver con las negociaciones de La Habana. Y la movilización de grupos de campesinos y de pobladores de sus zonas de influencia a la multitudinaria marcha del 9 de abril en Bogotá para insistir en la paz y la reconciliación fue bastante significativa. También su participación en los paros del Catatumbo, el Chocó y Caquetá”, dice el estudio.

Las cifras revelan también que la actividad armada del bloque Sur es bastante similar a la del resto de estructuras, es decir, los picos de descenso y ascenso coinciden con la tendencia general de la organización a lo largo del año: aumentaron hacia finales de enero y durante el mes de febrero, cuando terminó la tregua navideña, y descienden en los meses posteriores. Durante los meses de septiembre y octubre se dedicaron a atentar contra la infraestructura petrolera. Un dato clave, teniendo en cuenta que en los últimos meses se ha venido especulando sobre una supuesta inconformidad de este bloque frente a las negociaciones de paz. Incluso, el bloque Sur fue una de las estructuras que cumplieron el cese al fuego unilateral que declararon las Farc a fines del año pasado.

En cuanto a los ataques contra la infraestructura petrolera y energética, se ve que cada vez este tipo de acciones adquieren mayor importancia dentro de la táctica militar del grupo guerrillero. Entre enero y noviembre de 2013 se produjeron cerca de 200 ataques. Como se sabe, desde hace 10 años el Gobierno comenzó a crear una serie de estructuras encargadas de custodiar los diferentes oleoductos y torres de energía. Hasta principios de 2012 se tenían 11 de ellas y este año se conformaron dos más, encargadas de la protección en Putumayo y Caquetá.

Las Farc, por su parte, en las zonas donde existe actividad petrolera, crearon las “comisiones de mineros”, que son unidades especializadas en ubicar explosivos para este sabotaje. Se les llama mineros porque son los encargados de cavar y ubicar los explosivos para afectar los oleoductos o vías férreas. Estas comisiones se han masificado en Putumayo, Nariño, Arauca y Norte de Santander, y estarían por entrar a operar en Caquetá y Antioquia, principalmente para atacar los camiones que transportan crudo.

Una segunda acción que ha desarrollado la guerrilla para afectar la infraestructura petrolera y energética ha sido el aumento de las extorsiones. En Caquetá, Putumayo y en general en todo el sur del país, éstas se han incrementado drásticamente y las empresas que operan en estas regiones han visto aumentar las amenazas y la presión. Otro punto del estudio de Paz y Reconciliación advierte igualmente que a partir de 2008 las Farc han logrado controlar la desmovilización de sus combatientes y hoy tienen unos 11.000 profesionales, aunque el Ministerio de Defensa calcula que no sobrepasan los 8.000.

“Dados los cambios en la estrategia y en la operatividad de la guerrilla, ahora estas fuerzas tienen una preocupación especial por crecer en su entorno periférico, en milicias, Partido Comunista Clandestino y Movimiento Bolivariano. Juntando los miembros de todas estas estructuras, es muy posible que estén rondando la cifra de 40.000 personas con algún grado de vinculación orgánica a la organización”, concluye.

Y en cuanto a los costos humanos de negociar en medio del conflicto, el análisis revela que las muertes de guerrilleros en combate pasaron de 330 entre enero y septiembre de 2012 a 361 en ese mismo período para este año. Y los miembros de la Fuerza Pública muertos en actos del servicio disminuyeron, pasando de 311 a 288 en 2013. En la actualidad, las Farc operan en 11 regiones y 242 municipios, es decir, cerca del 20% del total de municipios del país.

En conclusión, su estrategia de guerra en la actualidad está centrada en una mayor descentralización, en la que cada bloque y comando conjunto fue dividido en una serie de comandos de área o interfrentes y se crearon unidades tácticas de combate de no más de 10 miembros. Igualmente, pasaron a ejecutar acciones más dispersas, tipo francotiradores, hostigamientos, explosivos a orillas de las carreteras y campos minados; y convirtieron el saboteo a la infraestructura energética en una táctica militar, repotenciando la extorsión a nivel urbano y rural. Dígase lo que se diga, es claro que hay unidad de mando en las Farc, capacidad de acomodar su estrategia de acuerdo con las circunstancias y que la salida negociada es hoy la única manera de acabar con el conflicto.

[email protected]

@hgarciasegura