De la pampa a la altillanura

Gustavo Grobocopatel se ha vuelto un visitante constante del país. Su interés por consolidar un proyecto productivo lo ha convertido en uno de los empresarios estratégicos para el Gobierno.

La sonrisa no se desdibuja de su rostro; antes, se acentúa más. Es tranquilo, pausado al hablar. Prefiere los jugos de fruta a los extractos de la pulpa, y suele bebérselos con avidez. Aún más si se encuentra bajo el influjo del clima de una ciudad como Cartagena. Es, sencillamente, Gustavo Grobocopatel, el rey argentino de la soya, el empresario que el gobierno colombiano espera le dé el impulso agrícola a la altillanura y la Orinoquia.

Se trata del área estratégica de 4,5 millones de hectáreas que varios sectores (Ejecutivo, gremios, empresarios, etc.) esperan se convierta en la nueva despensa de alimentos del país. Comprende principalmente a los departamentos de Casanare, Meta y Vichada, y allí podrían desarrollarse tanto la ganadería como cultivos entre los que se encuentran la caña de azúcar, el caucho y la palma africana.

También el maíz y la soya, la especialidad de Los Grobo Agropecuaria S.A., la empresa que ha convertido a Grobocopatel en uno de los empresarios agrícolas más importantes del continente. El emporio, que tiene propiedad sobre más de 150.000 hectáreas de tierra en Argentina, Uruguay y Brasil (el centro de su operación; es responsable del 45% de sus ganancias), en 2011 facturó más de US$1.200 millones y en el corto plazo planea expandirse a Bolivia, Paraguay y, sobre todo, Colombia.

“Son los nuevos lugares para el desarrollo de la agricultura. Tienen fundamentos muy positivos, relacionados con la transformación institucional, con producir más alimentos para dejar de importar”, comenta. De hecho, ha visitado dos veces a Colombia, invitado primero por el expresidente Álvaro Uribe y ahora por su sucesor, quien, además, le propuso hablar en la Cumbre Empresarial de las Américas sobre cómo el sector privado puede ayudar al desarrollo social.

Una relación que es tan amena que hace bromear al empresario argentino sobre su intensidad: “Estamos empezando a ponernos de novios”.

El vínculo con el campo

El primer Grobocopatel que pisó suelo latinoamericano lo hizo en 1910, huyendo de la represión y la intolerancia causada por los pogromos de la Rusia zarista. Con tan sólo nueve años de edad, Bernardo dejó tras de sí su Ucrania natal para salvar su vida en la Argentina, exactamente en una pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires llamada Carlos Casares.

Su destino y el de su familia en el Nuevo Mundo estarían marcados por la tierra, pues como contratista rural logró reunir parcelas de tierra que hasta el momento de su muerte sumaban 146 hectáreas. Fue el capital suficiente para que sus hijos, Adolfo y Jorge, armaran una pequeña cadena que se encargaba de la producción, procesamiento y comercialización de alimentos.

La idea evolucionó a tal ritmo que para 1984 ya se conocía a los ‘Grobo’ como uno de los principales jugadores del agro argentino. Y ese mismo año ocurrió un hecho trascendental: Gustavo, el nieto del patriarca, se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad de Buenos Aires. A él se le debe la comunión del grupo con la tecnología del conocimiento, pues revolucionó el negocio con el uso de semillas transgénicas y con la siembra directa.

“Antes se pensaba en la agricultura como un proceso de saberes ancestrales, de familia. Pero hoy tenemos una cantidad enorme de conocimientos vinculados con el desarrollo de la agricultura moderna, como el georreferenciamiento, la electrónica, las moléculas amigables con el medio ambiente. Tenemos que comenzar a pensar en cada planta de soya o maíz como una planta industrial”, dice.

Además del campo, su vida ha estado ligada a la academia. Después de cursar especializaciones sobre agronomía en Estados Unidos, regresó a Argentina para dirigir la cátedra de Manejo y Conservación de Suelos en su alma máter, mientras comenzaba a hacerse cargo de la empresa familiar. Fue en el año 2000, cuando el país sufría las consecuencias del corralito financiero, que el ahora Grupo Los Grobo alcanzó su internacionalización.

“No compramos tierras, las arrendamos. Por eso nuestro modelo es bueno en aquellos lugares donde hay problemas con la propiedad de la tierra, como Colombia. Nuestro modelo es la gestión: ponerlas en funcionamiento de forma competitiva y sostenible”, explica.

De esa forma se fue expandiendo por el Cono Sur, ayudado en gran medida por el ascenso económico de China e India, que derivó en un aumento de la demanda global de alimentos y, específicamente, en el precio internacional de los cereales que su grupo produce. Aquellos US$168,69 que en marzo de 2002 se pagaban por una tonelada de soya terminaron convertidos en US$217,36 en mayo de 2006, y llegaron a US$544,90 el miércoles pasado.

El maíz también ha tenido su rumbo ascendente: la tonelada pasó de US$87,11 en abril de 2002 a US$274,80 en cuestión de 10 años, con sus respectivas fluctuaciones. Hechos que al empresario argentino le permiten ahora explorar nuevas oportunidades en Colombia. “Gracias a ese precio es que podemos pensar en sembrar soya en la altillanura. Si costara US$350 tendríamos que olvidarnos del proyecto porque saldría más costoso que hacerlo en Brasil, Argentina o Uruguay”, reconoce con una sonrisa burlona entre labios.

La apuesta

En sus visitas a la altillanura y Orinoquia colombianas, Grobocopatel ha identificado varias inversiones urgentes: “Se necesitan carreteras, pero sobre todo oleoductos, porque en esa zona se está extrayendo petróleo y el tráfico de camiones es imposible. No se puede transportar granos ni generar condiciones de una buena calidad de vida con esa cantidad de tráfico”.

No es lo único por mejorar. El país necesita de puertos fluviales estratégicos si quiere revertir una balanza comercial deficitaria por las abultadas importaciones de granos. El objetivo es recuperar el mercado venezolano y convertir a los ríos en la vía preferida para descargar semillas y embarcar granos.

Pero ante todo, se necesita crear lo que este ingeniero de 49 años denomina ‘ecosistema de negocio’: “Hay que generar servicios públicos básicos, como la salud, la educación, la vivienda. Es decir, todo lo que facilite el asentamiento de gente calificada en ese lugar”.

En este momento, Grobocopatel aún estudia su apuesta. Sabe que más allá del dinero se necesita del compromiso del Estado, de la creación de medidas favorables a la inversión como subsidios y exenciones. Porque el otro elemento, el del talento colombiano, lo conoce muy de cerca, de sus clases del posgrado de Agronegocios y Alimentos de la Universidad de Buenos Aires.

Aunque su calendario dicta que lo inmediato es el Cono Sur, en el mediano plazo le dice que tiene que explorar más al norte de América Latina: “Los empresarios del mundo están mirando a Colombia cada vez más, y el problema de la seguridad es algo que tiende a resolverse. Nuestra empresa puede agregarle mucho valor a Colombia, pues no nos dedicamos a transferir tecnología sino que creamos cultura, creamos ecosistemas de negocio”.

Razones de una expansión

Las disputas con su gobierno por la intención de gravar las exportaciones de soya, el principal producto comercial del campo argentino, llevaron al Grupo Los Grobo a buscar nuevos aires. La elección obvia fue Brasil, país que comenzó a consolidar su poderío continental tras la crisis financiera de 2008.

La aventura en el gigante suramericano comenzó ese año, de la mano del empresario Paulo Fachim, con quien montó una operación de 400 empleados que comercializó 800.000 toneladas de granos en su primer año y facturó US$350 millones.

Actualmente, la filial es responsable por el 45% de los ingresos del grupo (alrededor de US$540 millones).

Los otros planes

A la par que el Grupo Los Grobo explora nuevas fuentes de inversión en América Latina, también estudia alternativas para realizar negocios con Rusia. Uno de sus principales clientes agrarios podría convertirse ahora en comprador de maquinaria argentina para fortalecer su producción alimentaria. Pero el conglomerado argentino piensa embarcar mucho más que tornillos y metalmecánica: la operación incluiría desde las materias primas orgánicas para cultivar granos hasta consultorías.

Grobocopatel tampoco descarta convertir a su grupo en un imán de la inversión extranjera. “Podemos hacer que otros inviertan en Argentina y que nosotros comencemos a invertir en otros lados”, le dijo al portal Perfil.com.

338341

2012-04-14T17:57:00-05:00

article

2013-11-04T17:03:47-05:00

ee-admin

none

David Mayorga / Enviado especial, Cartagena

Tema del dia

De la pampa a la altillanura

28

8803

8831