Destinos detrás de una alcaldía

Unos con legado, otros desde su propia iniciativa, los aspirantes a la alcaldía de Bogotá han sido protagonistas.

En 1978, cuando el gobierno liberal de Julio César Turbay impuso el Estatuto de Seguridad y les dio un giro a las políticas de Estado para enfrentar la violencia, quienes hoy pugnan por la Alcaldía de Bogotá llevaban un apreciable recorrido en el sector público, o hacían sus pinitos en política o apenas emprendían su ciclo vital. Dos pertenecían a hogares donde la actividad pública era la norma, otros eran hijos de educadores o empresarios. Todos afrontaban los rigores de Colombia.

Con una carrera política en marcha, el boyacense Jaime Castro, nacido en 1938 en Moniquirá y abogado de profesión, ya ostentaba una respetable hoja de vida. Había sido secretario presidencial para la reforma administrativa del gobierno Lleras Restrepo, secretario jurídico y ministro de Justicia en el gobierno de Misael Pastrana y asesor de paz del gobierno López. Tras adelantar estudios en Francia, ese 1978 accedió por primera vez al Congreso en calidad de senador.

A su vez, Enrique Peñalosa Londoño, nacido en Washington en 1954, ya se había graduado en economía e historia en Estados Unidos y entonces adelantaba una maestría en París (Francia). En su interior, aguardaba el momento de entrar a la vida pública, como lo hizo su padre, Enrique Peñalosa, quien llegó a ser ministro de Agricultura de Lleras Restrepo, jefe de la delegación de la FAO en Roma y subsecretario general de las Naciones Unidas, entre otras distinciones.

Aurelio Suárez ya era dirigente estudiantil y había elegido la bandera desde la cual hizo política: el Moir. En cuanto a Gustavo Petro, nacido en 1960 en Bogotá, estudiaba economía en la Universidad Externado pero ya pertenecía al M-19. Gina Parody tenía apenas cinco años y era la niña consentida de su padre, el empresario en transporte marítimo de origen barranquillero Luis Alfredo Parody. Carlos Fernando Galán apenas tenía un año y fue el hijo menor de Luis Carlos Galán.

Cuando concluyó el gobierno Turbay y vino la era Betancur, estaban pasando en Colombia demasiados hechos graves que también modificaron el derrotero de quienes hoy aspiran a gobernar a Bogotá. Jaime Castro seguía siendo senador, pero entre 1984 y 1986 ofició como ministro de Gobierno de Betancur. Le tocó vivir los acuerdos de paz, pero también la tragedia del Palacio de Justicia. En junio de 1986 fue blanco de un atentado del M-19 en el que murió un agente de policía.

Enrique Peñalosa había regresado a Colombia, Y después de dirigir la oficina de Planeación de Cundinamarca y la decanatura de Negocios del Externado, empezó a preparar campaña al Concejo de Bogotá en 1986. Gustavo Petro ya había sido personero y concejal de Zipaquirá y promotor del barrio Bolívar 83, pero su militancia en el M-19 lo hizo notorio y en medio de la crisis del proceso de paz con el gobierno Betancur fue detenido, torturado y estuvo dos años en prisión.

Los años de Virgilio Barco en la Casa de Nariño (1986-1990), asediados por el narcoterrorismo de los carteles de la droga, la explosión del paramilitarismo y la transformación de la guerrilla en una máquina de guerra, fueron delineando destinos. Jaime Castro siguió en el Partido Liberal y fue precandidato presidencial entre 1989 y 1990. Enrique Peñalosa renunció al Concejo para ser subsecretario económico de Barco y comenzó a preparar su campaña a la Cámara.

El 18 de agosto de 1989 fue asesinado en Soacha (Cundinamarca) el virtual presidente de Colombia, Luis Carlos Galán. Su hijo menor, Carlos Fernando, apenas tenía 12 años y por eso, junto a su madre y sus hermanos, tuvo que marchar al exterior. Fue bachiller en Francia y universitario en Estados Unidos. Entre tanto, Gina Parody, quien durante su niñez fue una destacada bailarina de danza clásica, elegía la ruta del Derecho y empezaba a coquetearle a la política.

Después llegaron la era Gaviria y la Asamblea Constituyente de 1991. Jaime Castro fue uno de los delegatarios, pero como el mandato del Congreso fue revocado y ellos se inhabilitaron para el siguiente período en el Poder Legislativo, optó por un camino novedoso: la Alcaldía de Bogotá, a la que llegó en 1992. En cambio Peñalosa hizo una pausa y fue al sector privado, primero como director del Instituto Colombiano de Ahorro y Vivienda y después como consultor internacional.

Gustavo Petro salió de la cárcel en 1987, participó en el proceso de paz un año después, se desmovilizó en marzo de 1990, ofició como asesor económico de la Constituyente y logró una curul a la Cámara ese mismo año. Sus debates al gobierno Gaviria lo fortalecieron, pero en 1994, cuando quiso dar el salto al Senado, se quemó en las elecciones. Por eso no estuvo en los debates del proceso 8.000 y el juicio a Samper. En esa época, amenazado tuvo que pasar un buen tiempo en Europa.

En medio de la crisis del 8.000, Carlos Fernando Galán concluyó su bachillerato y Gina Parody debutó en política. Lo hizo para protestar contra Ernesto Samper y después como voluntaria de la campaña presidencial del exfiscal Alfonso Valdivieso en 1997. En ese tránsito por la política trabajó con el exministro Rafael Pardo, quien en 1998 la recomendó a la periodista María Isabel Rueda, que ese mismo año fue elegida representante a la Cámara. Gina fue su mano derecha.

La transición entre la era Samper y los tiempos del Caguán con Pastrana afianzaron derroteros. Jaime Castro persistió en política, Enrique Peñalosa alcanzó la Alcaldía de Bogotá en 1997 y gobernó hasta 2001. Gustavo Petro retornó a la Cámara a partir de 1998 y repitió en 2002. Carlos Fernando Galán terminó sus estudios universitarios, ejerció la corresponsalía de la revista Semana y entró a trabajar con el expresidente César Gaviria en la OEA. Gina Parody ingresó a las filas del uribismo.

Lo demás es historia reciente y pasa por los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe. Jaime Castro criticó su reelección y hasta escribió un libro para advertir el error. Enrique Peñalosa creó su propio movimiento político, pero no pasó el umbral en las elecciones legislativas de 2006. Intentó volver a la Alcaldía de Bogotá en 2007 y salió derrotado por Samuel Moreno. Luego fue cofundador del Partido Verde, con el que pretende gobernar a Bogotá con el apoyo de Uribe y otros.

A su vez, Gustavo Petro se convirtió en el opositor de Uribe en el Senado, al que llegó en 2006. Cuatro años después fue candidato presidencial por el Polo Democrático. Hoy, desde su movimiento Progresistas, busca gobernar a Bogotá. Carlos Fernando Galán volvió a Colombia en 2004, ejerció como editor político del periódico El Tiempo y en 2007 fue electo concejal de Bogotá por Cambio Radical. Su mentor fue Germán Vargas, compañero de su padre en el Nuevo Liberalismo y hoy ministro del Interior.

Gina Parody fue adalid de Uribe cuando éste apenas figuraba con el 2% en las encuestas, en 2002 llegó a la Cámara con Cambio Radical y en 2006 al Senado por el Partido de la U. Fue pieza fundamental en la reelección de Uribe, pero en su tránsito por el Congreso entró en conflicto con el uribismo, el proceso con las autodefensas y la perpetuación en el poder. En 2009 abandonó el uribismo y el Congreso, se marchó a Harvard y regresó en 2011 a buscar la Alcaldía de Bogotá.

En pocas palabras, por distintos caminos, con legado político o desde su propia militancia, unos y otros candidatos han sido testigos de la política colombiana de los últimos tiempos. La crisis de los partidos tradicionales, los escándalos por vinculaciones de líderes públicos con organizaciones ilegales, la lucha por el poder. Hoy buscan el favor del electorado en el segundo puesto en importancia en el país: la Alcaldía de Bogotá. Para todos, una distinción de peso, pero también el mejor trampolín a las ligas mayores del poder público.

La nueva voz del Polo en la capital

Vidas paralelas puede ser la frase que resuma la relación personal y profesional de dos amigos en la política: el senador Jorge Robledo y el candidato del Polo a la Alcaldía de Bogotá, Aurelio Suárez. Y entre los dos un escenario común: el Moir. Los años 70 y el mundo universitario fueron la época de su despuntar en las lides políticas.

Años después volvieron a reencontrarse en otra causa común: la Unión Cafetera Colombiana, una asociación de pequeños caficultores para hacerle contrapeso a la Federación y desarrollar políticas de defensa del gremio. Una iniciativa que les permitió a ambos ganar liderazgo en los departamentos de Caldas y Risaralda.

El tercer escenario que une sus destinos es el Polo Democrático. Robledo fue el estandarte en el Congreso; Aurelio Suárez, en las regiones. Ambos fueron pilares para el buen momento del exmagistrado Carlos Gaviria Díaz. Hoy, Aurelio Suárez se deja contar en un estrado mayor: la Alcaldía de Bogotá. Ya habrá tiempo de los balances.

Un estudioso de la ciudad y sus opciones

A pesar de que las encuestas no lo favorecieron en la contienda electoral que hoy concluye, el caso del candidato del Partido Liberal, David Luna, reviste un análisis aparte. Su vocación política ha sido innegable y el hecho de que a sus 36 años ya sea un líder reconocido en Bogotá, ya representa suficiente victoria.

Abogado de la Universidad del Rosario, con varias maestrías y recorrido como catedrático, David Luna conoce la ciudad como pocos. De hecho, a mediados de los años 90, apenas a sus 20 años, ya era líder de la Junta de Acción Comunal de Chapinero y esa proyección personal le permitió ser edil de la localidad.

Dos veces concejal de la ciudad con el respaldo de los analistas y representante a la Cámara con reconocida participación, con seguridad David Luna no será hoy el elegido para regir los destinos de Bogotá, pero su conocimiento y estudio de los problemas de la ciudad le tienen un lugar reservado para nuevos retos políticos.

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