'Don Antonio', libre en un mes

El exjefe paramilitar, depositario de los secretos de alias ‘Jorge 40’, será el primer beneficiario de Justicia y Paz.

Édgar Ignacio Fierro Flórez fue detenido en marzo de 2006 y saldrá de prisión el próximo mes. / Archivo - El Espectador

Édgar Ignacio Fierro Flórez, el depositario de los secretos de la parapolítica y de la expansión paramilitar que ideó en la Costa Atlántica el extraditado exjefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, está a menos de un mes de regresar a la calle. Más conocido por el alias de Don Antonio, el 11 de marzo próximo Fierro Flórez será el primero de todos los exjefes de las autodefensas que saldrá de prisión tras purgar ocho años exactos tras las rejas, tal como quedó regulado en la ley alternativa de Justicia y Paz.

La historia de Don Antonio resume en redondo el horror del conflicto, las verdades a medias de tanta barbarie, los vasos comunicantes entre la Fuerza Pública y las autodefensas, los fusiles detrás de los votos y las presiones en la cárcel para torcer expedientes. Fierro Flórez, un capitán retirado del Ejército, comenzó sus contactos con los paramilitares a principios de 2000, pero pronto se incorporó a sus filas luego de que fuera sancionado por un operativo irregular en el Cesar. Ya entonces Jorge 40 había dividido el Cesar y Magdalena en “distritos electorales” para que sus apadrinados políticos se tomaran alcaldías, concejos y el Congreso.

Su contacto con Jorge 40 fue otro militar retirado, cuyo alias era sinónimo del terror en Valledupar y sus alrededores: David Hernández, alias 39. Hernández ofició como mayor del Ejército hasta que se enroló en las tropas de Jorge 40. De inmediato la orden fue enviar a Don Antonio como inspector y enlace de estos ejércitos privados en Cesar y La Guajira. Gracias a sus contactos en la Costa, la red criminal que comenzó a construir se fue expandiendo y terminó como cabeza del frente José Pablo Díaz, uno de los más sanguinarios de la cruzada paramilitar en la Costa.

La Fiscalía calcula que no menos de 600 personas fueron asesinadas por órdenes suyas entre 2003 y 2005, es decir, en medio de las negociaciones de paz que adelantaba el gobierno de Álvaro Uribe con las autodefensas en Santa Fe de Ralito (Córdoba). Pero al tiempo que se abría la posibilidad de que distintos frentes del paramilitarismo pudieran desactivarse, Don Antonio y Carlos Mario García, alias El Médico, patrocinaban reuniones en Bogotá con congresistas y enviados suyos para asegurarse de que la Ley de Justicia y Paz se promulgara a su imagen y semejanza.

Por ejemplo, incorporando en la norma la sedición. Un salvavidas para que las autodefensas pudieran saltar al Congreso. La Corte Constitucional tumbó esta posibilidad y el proceso con los ‘paras’ entró en crisis. Paralelamente, Don Antonio continuó con su guerra. Ya entonces había cooptado a agentes del Estado que trabajaban bajo sus órdenes en Atlántico, Cesar, Magdalena y La Guajira. Pero su centro de operaciones fue el municipio de Soledad, a media hora de Barranquilla. Además, Édgar Ignacio Fierro fue protagonista de la campaña de exterminio de líderes sociales en esas regiones.

Don Antonio revelaría años después cómo fue que se ordenó el crimen del sociólogo Alfredo Correa de Andreis y cómo participó el DAS en el montaje para incriminarlo como supuesto enlace de la guerrilla. Sin duda era uno de los hombres más cercanos a Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, al punto que llevaba una bitácora de las acciones militares y políticas del bloque Norte que recogía la radiografía del poder de esa organización ilegal. En su computador tenía un listado extenso de contactos y auspiciadores, una escabrosa contabilidad de cadáveres a su nombre y los resultados del botín de las extorsiones a ganaderos y empresarios.

A principios de 2006 Don Antonio oficiaba como el poder a la sombra de la intimidación de los ejércitos de Jorge 40. En aquella época todo el engranaje político de las autodefensas estaba operando con miras a garantizar que sus candidatos al Congreso —la mayoría de los cuales recibieron su respaldo en 2002— volvieran a repetir curules con el objetivo de asegurarse penas benévolas y tratos preferenciales una vez entregaran sus armas definitivamente. El 6 de marzo de ese año, Jorge 40 y sus distintos frentes se desmovilizaron, pero alias Don Antonio ya estaba en el radar de las autoridades.

Cinco días después, el 11 de marzo de 2006, a 24 horas de los comicios parlamentarios, Édgar Ignacio Fierro fue detenido en el conjunto residencial Villa Canaria, muy cerca del aeropuerto de Santa Marta. Ese día comenzó la parapolítica. En su poder se descubrieron un computador y varios elementos tecnológicos en los que quedaba constancia de los nexos del bloque Norte con la política de la Costa. Así quedó al descubierto la red de alcaldes, gobernadores, concejales y parlamentarios que sirvieron sin chistar a la causa paramilitar.

Seis meses después la Corte Suprema de Justicia ordenó las primeras pesquisas en contra de tres congresistas de Sucre y ocho meses después ordenaba la captura de reconocidos dirigentes políticos del Cesar y Magdalena. Los testimonios de Don Antonio, Jorge 40 y otros de sus hombres evidenciaron los tentáculos del paramilitarismo en el Parlamento. Mientras el país se escandalizaba por los hallazgos de la Fiscalía y la Corte en el denominado proceso de la parapolítica, Don Antonio asistía a audiencias de versión libre y deslizaba sus verdades al tiempo que capoteaba presiones para torcer expedientes.

El próximo 11 de marzo se cumplirán los ocho años que estipula la Ley de Justicia y Paz, y quedará en libertad el sanguinario Don Antonio. Muchos creen que le debe todavía bastantes confesiones al país. Detrás de él, en agosto próximo, cerca de 300 paramilitares saldrán de las cárceles por pena cumplida.

 

 

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