Enseñanzas de Justicia y Paz

En su informe ‘Justicia y Paz: ¿verdad judicial o verdad histórica?’, la entidad hace un balance del programa y da recomendaciones para su futuro y el de posibles negociaciones venideras.

El excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo (izq.) y el excomandante paramilitar Hernán Giraldo, durante las negociaciones de paz.  / Jesús Abad
El excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo (izq.) y el excomandante paramilitar Hernán Giraldo, durante las negociaciones de paz. / Jesús Abad

No creer en todo lo que dicen los postulados, escuchar a las víctimas y permitir que ellas alimenten el proceso, coordinar más las instituciones y afinar algunos conceptos jurídicos son algunas de las enseñanzas del informe Justicia y Paz: ¿verdad judicial o verdad histórica? del Centro de Memoria Histórica, que será presentado mañana en el marco de la Semana por la Memoria. Durante siete años, la Ley de Justicia y Paz, creada al final del proceso de negociación con las autodefensas, ha cultivado simpatizantes y detractores por igual. En su informe, Memoria Histórica es clara, y antes que unirse a uno u otro bando asevera: “Queremos creer que Justicia y Paz ha sido algo más que un fracaso”.

En sus conclusiones, Memoria Histórica resalta que en estos años ha crecido el número de personas que consideran que el paramilitarismo fue innecesario y sanguinario. Además, comenta que las confesiones allegadas en el proceso de Justicia y Paz “han hecho posible que cada vez más el paramilitarismo sea concebido por la justicia y la opinión como crimen de Estado. Poner eso en la opinión pública y en boca de la justicia, algo que las organizaciones de defensa de derechos humanos habían intentado sin éxito desde hacía décadas, es una de las consecuencias no esperadas del proceso”.

Sin embargo, a renglón seguido enumera los que, considera, han sido desaciertos dentro de un proceso en el que no se han presentado más de cinco condenas y dos incidentes de reparación colectiva. Errores que dejan una enseñanza para el futuro del programa y de futuras negociaciones de paz con organizaciones armadas ilegales, como, por ejemplo, las Farc. Memoria Histórica empieza su exposición con una serie de interrogantes que deja abiertos y que, seguramente, se presentarán de prosperar los diálogos de paz con las Farc, cuyo inicio se prevé para dentro de 15 días.

Enfática, Memoria Historia se pregunta: ¿cómo representar la violencia del presente de cara a un tribunal que mira hacia el pasado? ¿Es acaso posible y justo volver la mirada de la justicia hacia el pasado cuando el presente sigue desgarrado por violencias que se enquistan en esa historia? ¿Impone el énfasis en el pasado, propio de todo esquema transicional, un sesgo intolerable en un país que sigue en guerra? Sin responder a estos cuestionamientos, el centro empieza a desarrollar sus críticas.

Durante su investigación, el Centro de Memoria Histórica encontró que había fiscales que no contrastaban lo que los postulados les decían y eso perjudicaba profundamente el proceso. La situación se agravaba gracias a la costumbre de los paramilitares de “ennoblecer” sus acciones, haciéndolos pasar como simples actos de guerra en una lucha antisubversiva. Antes que culpables, los postulados se reconocían como “héroes” que habían cometido errores. Además, negaban una y otra vez sus vínculos con el narcotráfico y volvían en reiteradas ocasiones a la excusa de que si habían matado campesinos era porque éstos eran, simple y llanamente, “colaboradores de la guerrilla”. En otros casos, les echaban la culpa de sus actos al Estado o a la guerrilla; al primero porque, decían, los había apoyado desde la sombra, y a la segunda porque había degradado la guerra, mientras que ellos sólo respondían a la sevicia instaurada por las Farc.

Se presentaron casos en los que el exparamilitar les pedía perdón a las víctimas por haberlas involucrado en el conflicto, a pesar de ser inocentes, y minutos después les recriminaba que en el futuro no colaboraran con la guerrilla. En las investigaciones contra las Autodefensas del Magdalena Medio, el excomandante paramilitar Ramón Isaza aseguró una y otra vez que sus hombres no eran más que “héroes, hombres valientes que sin proponérselo dieron inicio a las autodefensas”.

Las investigaciones contra Isaza ejemplifican otro gran problema que se ha presentado en este proceso, y es que, por su estructura o por capricho de los comandantes paramilitares, algunas de las preguntas de las víctimas han sido respondidas con tímidos “no sé” o “eso no me correspondía saberlo”. En el caso de Isaza, cuando se le preguntó por algunos desaparecidos respondió sin ton ni son: están “por ahí, hay gente que no sé quiénes son, ni si están muertos o son desaparecidos, ni quién los mató, porque a veces los muchachos mataban gente cuando estaban borrachos”.

Al respecto, Memoria Histórica recalca: “Tan cuestionable resulta que un fiscal funde su comprensión de un fenómeno como las autodefensas campesinas exclusivamente en el testimonio de las víctimas, como que la funde exclusivamente en el testimonio de los victimarios”. Y continúa: “Ni gesta heroica, ni martirio; la palabra del que sufre recuerda que estamos ante un grupo de criminales que, con pretextos intolerables, con místicas enmarañadas construidas en el vacío de su propio exceso, se ensañaron contra gente con la suficiente altura moral y conciencia de su propia dignidad para formular valientemente su dolor y conceder altivamente su perdón. Esto no quiere decir que, para las víctimas, el discurso que el postulado hace sobre su propio pasado sea necesariamente falso. No, tal vez no sea falso, pero es inaceptable”. Pero el centro advierte que tampoco hay que creer que las autodefensas no tuvieron nada de antisubversivas. El conflicto, dice, ha sido más complejo y no se puede caer en un juego de blancos y negros sin nada de gris.

En tal caso, ese centro encontró, además, que al validar las versiones de los paramilitares sin contrastarlas se dejaron de investigar un sinnúmero de procesos relacionados con el paramilitarismo: paraeconomía, parapolítica y la forma en que la sociedad apoyó a las autodefensas. Para todo esto, Memoria Histórica propone que se les dé más voz a las víctimas, que sean ellas quienes controviertan con sus vivencias lo que dicen los paramilitares y aumenten una información aún fragmentada. “Las víctimas, así, no sólo han inducido transformaciones procedimentales; es su voz el mejor antídoto contra el embeleso que produce la mística del victimario”.

Así mismo, el centro advierte que en algunos casos los fiscales han denunciado la poca colaboración de otras entidades y que el proceso ha sido en muchos sentidos improvisado y desordenado. También, una serie de amenazas se han ceñido sobre los postulados, lo que ha impedido que denuncien a cabalidad.

Estos y otros desaciertos encontró la entidad en un programa que se encuentra ad portas de un momento coyuntural: el próximo año se cumplirán las condenas alternativas de varios de los postulados de las Auc que saldrán en libertad sin que, necesariamente, hayan confesado todos sus delitos. Además, en momentos en los que se habla de un diálogo de paz, las advertencias de Memoria Histórica son pertinentes. De prosperar los diálogos con la guerrilla, es probable que ocurra lo que ha ocurrido con los ‘paras’, es decir, que los guerrilleros se presenten una y otra vez como “héroes mancillados” y reconozcan poco o nada de lo que han hecho, dejando una verdad a medias. Es probable también que, como lo hicieron muchos comandantes de las Auc, el narcotráfico pase en las confesiones de los guerrilleros como una financiación marginal y no como la fuente de recursos que fue, es y ha sido para los grupos ilegales. Con respecto a la paz, todo sigue siendo nebuloso. Sin embargo, el Gobierno ya tiene la muestra de lo bueno y lo malo que se podría presentar en un nuevo proceso de justicia transicional. Santos dice que el Estado aprenderá de los errores cometidos. Ya tendrá oportunidades para demostrarlo.

@juansjimenezh

 

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