Los desafíos de Peña Nieto

El presidente electo de México deberá calibrar la estrategia de seguridad en el combate al narco, enfrentar la enorme desigualdad e incorporar a los jóvenes en sus iniciativas.

El país hispanohablante más poblado, con 79 millones de potenciales electores, escogió ayer a su gobernante para los próximos seis años con un sentido de urgencia para corregir el rumbo. Enrique Peña Nieto, el representante del Partido Revolucionario Institucional, fue el elegido por la ciudadanía para encarar este reto.

Los mexicanos acudieron a las urnas tras una campaña caracterizada por la bandera del cambio, al punto de que todos los candidatos se arroparon con ella. Hasta la candidata oficialista Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional (PAN), usó como eslogan la palabra “diferente”, mientras Enrique Peña Nieto, el ganador, prometía “cambio seguro” y el izquierdista Andrés Manuel López Obrador un “cambio verdadero”.

La jornada electoral transcurrió entre largas filas y algunas quejas de demora en la región de Tijuana. El balance entregado por el saliente presidente Felipe Calderón fue positivo: “He estado atento al seguimiento de la jornada electoral y hasta el momento, en términos generales, en la mayor parte del país se ha desarrollado con normalidad”. Calderón, sin ir a hechos puntuales, reconoció algunos “incidentes” que a su manera de ver no habían afectado la generalidad de los comicios.

Dichos “incidentes” tuvieron lugar en el estado de Veracruz, donde dos personas fueron asesinadas en una gasolinera vecina a un puesto electoral. Antonio Ignacio Manjarrez, funcionario del Instituto Electoral de Veracruz, explicó a la prensa que el “suceso no tiene relación con el proceso electoral”, que se debió a un asalto. A pesar de las explicaciones, el hecho causó temor en algunos votantes, un miedo que no pasó a mayores.

El calificativo de “históricas”, tan desgastado en las citas electorales, tenía plena validez en el caso mexicano. Cualquiera de las tres principales opciones representaba algo excepcional: el regreso del partido hegemónico durante 71 años con un rostro renovado, en el caso de Peña Nieto; el ascenso de la izquierda al poder por primera vez con López Obrador, o la primera mujer presidenta para Vázquez Mota.

Los 12 años de gobiernos del PAN dejan un balance de luces y sombras. Por un lado, se caracterizaron por una estabilidad económica inédita en un país acostumbrado a grandes crisis, con un crecimiento previsto de 3,8% para este año. Si bien el crecimiento del PIB está por debajo de varios países emergentes, pues promedió 2,3% durante el sexenio del presidente Felipe Calderón, México ha capoteado relativamente bien la crisis económica mundial, a pesar de su dependencia de Estados Unidos, forma parte del grupo de las 20 mayores economías del mundo e incluso fue la sede de la reciente cumbre del G20 en Los Cabos.

Pero la alternancia democrática que llegó en el año 2000 con Vicente Fox generó enormes expectativas, muchas de la cuales se mantienen insatisfechas.

De entrada, Peña Nieto enfrenta el reto de superar la gran desigualdad en este país, donde la pobreza afecta al 52% de los habitantes. Se calcula que el sector informal abarca cerca de un tercio de los mexicanos laboralmente activos y la falta de competencia es un problema crónico, con grandes monopolios o duopolios que abarcan diversos sectores, entre otros la telefonía y la televisión.

El esquema político mexicano, con tres partidos fuertes y muchas veces enfrentados, ha llevado a una suerte de estancamiento, una sensación de parálisis, que no ha permitido avanzar en aplazadas reformas estructurales que incluyen, además de la política, los sectores energéticos, fiscal y laboral. Hay una expectativa en particular por las decisiones del nuevo gobierno, que se posesionará hasta diciembre, con respecto a la estatal petrolera Pemex, y la posibilidad de abrirla al capital privado para asemejarla a la brasileña Petrobrás.

Pero probablemente el desafío más urgente que tendrá el mandatario electo es la violencia del crimen organizado, en medio del hartazgo público por una guerra contra el narco que ha dejado unos 60.000 muertos durante el sexenio de Calderón. Aunque sorprendentemente el tema pasó de agache durante una campaña en la que todos los candidatos a grandes rasgos estuvieron de acuerdo en mantener la ofensiva y conservar el ejército en las calles al menos en un primer momento, el elegido del PRI estará obligado a calibrar la estrategia de seguridad.

Un lustro después de que Calderón lanzara su ofensiva, su gobierno ha conseguido desarticular y fracturar a varios carteles, pero el de Sinaloa y Los Zetas se enfrentan en una lucha cada vez más sanguinaria. En medio de un desordenado archipiélago de grupos delictivos locales, que tejen redes de alianzas y enfrentamientos ocasionales, lo único que parece claro es que esas dos organizaciones se disputan la hegemonía en el negocio, con una orgía de sangre a su paso.

El nuevo gobierno también deberá incorporar a los jóvenes, a esos miles de universitarios que se convirtieron en protagonistas de la campaña a través del movimiento #YoSoy132.

A todos esos desafíos se suma el temor por la posibilidad de un costoso conflicto poselectoral, como el vivido hace seis años, en el que un importante sector del país cuestione la legitimidad del ganador.

Con todo, los candidatos, como el resto de ciudadanos, acudieron a las urnas para depositar sus votos, ratificando el compromiso exhibido en los debates de cara a los para nada sencillos desafíos que enfrenta México. La mayoría de las cámaras acompañaron a Enrique Peña Nieto, que al final y como vaticinaban los sondeos, fue el vencedor al obtener alrededor del 40% de los votos. Logró una ventaja considerable sobre el candidato que figuró en segundo lugar, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Así que en su caso particular y como señalaron reiteradamente sus detractores, Peña Nieto encarará también el desafío de superar la imagen negativa de corrupción y autoritarismo que su partido dejó tras pasar más de siete décadas al frente de México, un reto para el que dice estar preparado.

A lo largo del día demostró un marcado optimismo, acudió a depositar su voto en compañía de su esposa, Angélica Rivera, exactriz de telenovelas, y sus tres hijos. Antes de marcharse a aguardar los resultados que lo favorecerían y con un notable tranquilidad, el mandatario que llegará a la Presidencia en diciembre enviaba un mensaje a los ciudadanos: “Deseo que en esta jornada electoral sea el pueblo de México el triunfador”.

últimas noticias