"Cómo nos cambia la vida"

La muerte violenta de Domínguez, puso sobre el tapete el debate de la atención a militares y policías tras sufrir el flagelo del secuestro. Ejército dice que le brindó el apoyo necesario.

La muerte violenta del soldado exsecuestrado William Domínguez la noche del pasado viernes desencadenó un enérgico pronunciamiento por parte de la fundación País Libre, que cuestionó el vacío existente en la Ley de Víctimas sobre políticas integrales para la reparación y atención a familiares y víctimas del secuestro en Colombia.

Olga Lucía Gómez, directora de esta fundación especializada en la atención a personas víctimas de secuestro, anunció que aprovechando el trámite de reglamentación de dicha ley presentarán propuestas ante el Congreso para lograr un adecuado tratamiento a los liberados y sus seres queridos. Además, sostuvo que estas atenciones deben ser a largo plazo.

Por su parte, el excongresista Luis Eladio Pérez, quien estuvo secuestrado en poder de las Farc durante seis años, afirmó en diálogo con Caracol Radio que en el caso de los secuestrados políticos fue muy poca la atención sicológica que recibieron del Estado tras su liberación y que prácticamente les tocó asumir este tratamiento por su cuenta.

Otra voz crítica es la del director del Partido Liberal, Rafael Pardo, quien al conocer la muerte de Domínguez y sus circunstancias personales, solicitó más apoyo del Gobierno a los exsecuestrados. “Es necesario un seguimiento y un mejor acompañamiento para estas personas que tuvieron tantos problemas sicológicos durante y después de su cautiverio”.

Y agregó, ante los rumores que señalaban que Domínguez tenía problemas de adicción, que “es lamentable que una persona que fue un héroe del país haya terminado en esas circunstancias. Esto debe servir para que Colombia mire su problema interno de consumo de drogas”.

Sin embargo, para su familia, Domínguez no consumía drogas, era una buena persona, un padre amoroso y un buen hijo, que simplemente no pudo adaptarse a la vida tras su secuestro y que no contó con el suficiente respaldo para que eso sucediera. “La muestra de que no contó con la ayuda suficiente es que nunca se recuperó, vivía paranoico, sentía miedo y decía que lo seguían. Recordaba a menudo que él sí conocía el sufrimiento”, dice Natalí Rodríguez, su esposa, quien reconoció que Domínguez abandonó el tratamiento sicológico que le brindó el Ejército, porque no veía avances.

Ante la controversia, El Espectador consultó cómo es el procedimiento que se realiza con uniformados que estuvieron secuestrados y cuál fue la atención que recibió Domínguez. Lo primero que se realiza en estos casos es un estudio sicológico y una evaluación física que cuenta con el apoyo de la Fundación Matamoros, así como la del Batallón de Sanidad, cuando se requiere seguir con algún tratamiento.

Luego de esa evaluación se decide a qué unidades van, ya la mayoría han querido permanecer en las filas. El soldado Domínguez no fue la excepción. Tras realizar por un año un proceso de “readaptación a la vida familiar, militar y social”, fue enviado al Batallón Albán en Villavicencio, pero al poco tiempo de estar allá empezó a presentar problemas de comportamiento. “Era entendible que eso ocurriera, por eso el mando fue comprensivo y diligente con él”, agregó una alta fuente del Ejército.

Los problemas empezaron a ser más frecuentes y un día notificaron que Domínguez se había escapado del batallón en Villavicencio. Cuando lo encontraron fue remitido al Batallón de Sanidad, pero pronto volvió a desaparecer. Para ese momento, en el Ejército ya tenían información de que posiblemente Domínguez había desarrollado problemas de adicción. Incluso fue remitido en dos ocasiones a una clínica para tratar el problema.

Hace cerca de cinco meses fue la última escapada. Unidades del Ejército lo encontraron cerca a la calle conocida como El Cartucho, en Bogotá. Luego, ante el nacimiento de su bebé, tras 6 años de servicio, pidió la baja y el Ejército tomó la decisión de pensionarlo por invalidez. El 20 de junio pasado Domínguez salió del Ejército. Tenía derecho a tres meses de salario, mientras le salía la pensión que le garantizaría servicios médicos de por vida y la posibilidad de seguir su tratamiento sicológico.

“Somos los primeros en lamentar la muerte de Domínguez, pero hay que decir que sí se le brindó ayuda y apoyo, porque se reconoce el deterioro físico y sicológico que existe tras un secuestro y otros sí han podido salir adelante. Por ejemplo, el sargento José Ricardo Marulanda ya logró el grado de sargento mayor, estudió en Washington y vive en buenas condiciones. Es el mismo caso del teniente Raimundo Malagón, quien está en Francia y vive bien”, agregó la fuente del Ejército.

El nombre del exsoldado Domínguez es recordado porque el 1º de septiembre de 2009 rompió con el protocolo de la rueda de prensa que el entonces presidente Álvaro Uribe dio para anunciar su liberación unilateral por parte de las Farc, tras dos años de secuestro. Ese día, Domínguez interpretó emocionado una canción, que grabó posteriormente con la cantante Adriana Botina, cuya estrofa principal dice: “Cómo nos cambia la vida, ayer era uno y hoy soy otro”.

Las razones de su asesinato están siendo investigadas por las autoridades. Una primera hipótesis señala que pudo tratarse de una venganza personal. Su esposa Natalí comparte esa versión: “Puede que haya ido a reclamar lo que sucedió con su hermano Néstor, a quien hace una semana lo apuñalaron en el pecho y sigue en el Hospital de Engativá”. Hoy, luego de una ceremonia póstuma que se realizará en la Escuela Militar, Domínguez será enterrado en el cementerio de Chapinero.

 

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