Peligro: borrachos al volante

De nada parecen valer las campañas de prevención y las leyes que tipifican el delito como no excarcelable. Siguen manejando con tragos.

La postal del absurdo muestra a un niño de 11 años, al que le encantaba montar en bicicleta y jugar en su computador, morir cuando intentaba cruzar la calle 93A, del barrio Rionegro en Bogotá, el pasado sábado a la 1:45 p.m. Se lo llevó por delante la camioneta que manejaba un hombre identificado como Frank Rodríguez, de quien se dice es ingeniero y reside en el mismo sector que la familia del muchacho. El chico se llamaba Diego Alexánder Hernández Báez y no terminó 4° de primaria. El conductor registró grado 3 de alcoholemia. Es decir, que se había tomado entre 10 y 12 cervezas —o su equivalente en otro licor— ese mismo día. No aceptó el cargo de homicidio a título de dolo eventual. Está preso en la cárcel Modelo.

Luego de horas de llanto y angustia incontrolada, María Cristina Báez y Florentino Hernández, los padres de Diego Alexánder, intentaban ayer por la tarde recuperar fuerzas en el velorio de su hijo que se realizó en el Centro Religioso de la Policía Nacional. Ella, ama de casa; él, empleado de una empresa manufacturera, fueron recibidos allí por una psicóloga que les explicó con dulzura que tenían que aceptar el hecho y que ya “el niño está con Dios y está mejor”. Por la mañana, la señora María Cristina se había despertado buscando al niño a quien decía tenía que alistar para ir al colegio.

Un caso que se suma a la larga lista de indignaciones colectivas que contamos en el país por culpa de los conductores borrachos. No son pocas. Daniel Klug, Nubia Patricia Pinzón, Silvia Melissa Soto Fandiño y Zoila Rosa Pardo son nombres que recuerdan a varias de ellas. Todos fueron atropellados por personas que manejaban en estado de embriaguez. Sólo los dos primeros quedaron vivos para contar su historia.

Tal parece que de nada valen las campañas para crear conciencia al respecto (como una llamada ‘Para, piensa y pon de tu parte’, liderada por la Alcaldía de Bogotá con la imagen del propio Daniel Klug). Las cifras de la Secretaría de Gobierno de Bogotá señalan que, entre enero y agosto de este año, 361 personas murieron en accidentes de tránsito, 37 de ellos relacionados con el alcohol. Los mismos datos en el mismo período de 2010 son de 346 accidentes y 30 provocados por mezclar licor y gasolina.

Una mezcla fatal que también genera tragedias en el territorio nacional. Al 31 de julio de 2011 se habían registrado en el país 2.526 accidentes de tránsito y 18.526 heridos. Los muertos en el último decenio ascienden a 61.000. Esta última es una cifra de la Fundación Por la Vía por la Vida, que reúne a víctimas de la inseguridad vial.

El delito es no excarcelable, pero sólo cuando ya existe el fallo condenatorio de un juez. Mientras tanto, un conductor que borracho haya producido una muerte, como la del niño Diego, puede permanecer en libertad u obtener la casa por cárcel. Es por ello que el Partido Mira se la está jugando nuevamente con un proyecto de ley que la Cámara hundió en la legislatura pasada y que prohibiría estos beneficios en casos con fallecidos o lesionados. La propuesta fue aprobada en primer debate en la Comisión Séptima de la Cámara y allí lleva ya dos meses.

El Mira es el autor de la Ley 1326 de 2009, que endureció las penas en estos casos de 4 a 27 años de prisión (antes estaban de 3 a 13 años), e impulsor de la 1383 de 2010, que incrementó las sanciones económicas y administrativas.

Mary Bottagisio, directora ejecutiva de la Fundación Por la Vía por la Vida, que participó ayer en el V Seminario Internacional de Seguridad Vial, se refirió al tema a propósito de la muerte de Diego Alexánder y aseguró que el niño “murió ante todo por una decisión que no tomó el Legislativo”.

Por su parte, el secretario de Movilidad de Bogotá, Fernando Álvarez, afirmó que Bogotá se comporta mejor que otras ciudades del país en cuanto a los temas de seguridad vial. Sin embargo, el aumento de accidentes de tránsito en el primer semestre de 2011, con respecto al mismo período de 2010, permite señalar que faltan más estrategias para evitar el incremento de estos eventos. Álvarez invitó al Congreso a revisar los proyectos de ley que concreten consecuencias penales más fuertes para conductores ebrios.

Un asunto que también esperan los familiares de Diego Alexánder Hernández Báez. “Un borracho más en un vehículo es un arma letal que no sólo te mata a ti, sino también a tu familia y a tus seres queridos. ¿O cómo creen que quedó mi familia por la muerte de mi sobrino?”, dijo Carlos Báez, tío del muchacho que será enterrado hoy a mediodía en el cementerio Jardines del Recuerdo.

La comunidad del barrio Rionegro y del colegio distrital Domingo Faustino Sarmiento, en donde Diego Alexánder estudiaba, programan una marcha en protesta por lo sucedido. No tienen aún hora, pero será hoy en la calle 93A, sobre la cual murió el jovencito.

Una historia más para indignarse.

Los éxitos de la experiencia española

En el año 2000 la Comisión Europea de la UE fijó su meta para reducir en un 50% las cifras de mortalidad vial. Desde entonces, países como España han logrado que los datos de los siniestros disminuyera en un 55%, pues en 2002 la cifra llegaba a 5.384 fallecidos, mientras que en 2010 las víctimas fueron 2.470. Ana Ferrer, directora del Observatorio de Seguridad Vial de España, señala que los puntos claves para obtener estos resultados son cifras e indicadores detallados sobre movilidad, planificación estratégica, información comparativa con otros países, cumplimiento de las normas y rendición de cuentas.

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