La pifia de las encuestas

Casi todas fallaron en Bucaramanga. Cifras y Conceptos dio al revés Cali y Medellín.

Archivo EFE

La historia de las pifias de las encuestas sobre intención de voto puede ser tan vieja como las mismas mediciones de favorabilidad electoral. Y no se circunscribe exclusivamente a Colombia. Basta con recordar la controversia de mayo pasado en las elecciones británicas tras la barrida de David Cameron sobre Ed Miliband. Un centenar de encuestas daban empate.

Algo parecido ocurre por estos días en Colombia, cuando la resaca electoral tiene con dolor de cabeza a los candidatos quemados, pero también a encuestadoras que no pueden explicar las pifias en sus estudios sobre el voto en Medellín, Cali, Bucaramanga y hasta Bogotá.

César Caballero, de Cifras y Conceptos, fue uno de los primeros en poner la cara ayer, cuando reconoció en Blu Radio que hará una revisión sobre las razones de los desaciertos y que asume la responsabilidad, porque la votación para la Alcaldía de Cali no salió como él vaticinó. Ganó Maurice Armitage, a quien daba en tercer lugar, por debajo de Roberto Ortiz y el exvicepresidente Angelino Garzón.

“El caso de Medellín nos deja sorprendidos”, agregó, pues Cifras y Conceptos había señalado que el orden de votaciones sería: Juan Carlos Vélez Uribe, Gabriel J. Rico, Alonso Salazar y Federico Gutiérrez. ¡Y ganó Gutiérrez!

En el caso de Bucaramanga, al decir de Caballero, también “pudo haber un descache” con el triunfo del empresario Rodolfo Hernández, resultado que no aparecía en las grandes encuestadoras.

Jorge Londoño, gerente de Invamer Gallup, la firma que más se aproximó a los resultados en la mayoría de ciudades, tiene una hipótesis: un elevado porcentaje de indecisos terminó migrando hacia la campaña de Hernández.

Londoño dice que algunas firmas se equivocaron en las grandes capitales por no depurar el universo de votantes para aplicar sus estudios sólo a quienes iban a sufragar. Para él, la primera pregunta a formular era si la persona votaría. Si respondía que no, había que excluirla. Otro error era la distorsión de las entrevistas telefónicas, pues las líneas fijas excluyen a cerca del 40% de las personas del país e inducen a un resultado equivocado.

Clara López, candidata del Polo Democrático, otra de las grandes derrotadas en Bogotá, explicó sus malos resultados culpando al “monopolio de las encuestas”, que según ella la relegaban. Dirigentes como la representante Tatiana Cabello, del Centro Democrático, preparan un proyecto de ley para “poner en cintura” a dichas empresas, aunque éstas auguraban a sus candidatos un caudal de votos mayor que el que sacaron. Y en el centro del debate, las encuestadoras prometen depurar sus estudios.

A la gente le queda el sinsabor de no saber aún hasta qué punto se les puede creer a esas fotografías de momentos específicos de la campaña, que cada quien interpreta a su manera y que, aunque hechas con distinta metodología, son presentadas como iguales en los medios de comunicación.

En 1990, Álvaro Gómez Hurtado puso de moda una frase según la cual “las encuestas son como las morcillas: ricas, pero es mejor no saber cómo las hacen”. Un cuarto de siglo después al país parece preocuparle cada vez más cómo le preparan la morcilla antes de comérsela.

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2015-10-27T06:03:59-05:00

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Élber Gutíerrez Roa

Política

La pifia de las encuestas

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