¿Por quién votaré hoy?

Vladdo, Alberto Carrasquilla y ‘Lucho’ Garzón explican sus motivos para apoyar a Gustavo Petro, Gina Parody y Enrique Peñalosa.

Petro, un voto por la reconciliación

En un país azotado por los violentos, donde supuestamente se aboga por una salida pacífica al conflicto, con desmovilización de los combatientes y entrega de las armas como condiciones para la reconciliación, nos encontramos con que alguien como Gustavo Petro es una amenaza pública; precisamente porque fue guerrillero. Por lo tanto hay que condenarlo al ostracismo y al silencio y, si es posible, a la miseria, porque alguien como ‘ese’ no tiene derecho a vivir digna ni cómodamente, sino como un reinsertado, manejando —si acaso— un taxi subsidiado, pa’ que no joda la vida.

Si hace 20 años Álvaro Gómez hizo las paces con el M-19, ¿por qué otros insisten hoy en estigmatizar a los exintegrantes de ese grupo, en un gesto mezquino que nada aporta a la cohesión de nuestra sociedad? Esa discriminación es el mayor escollo al que se tienen que enfrentar dirigentes como Petro y otros antiguos insurgentes que le han apostado a la paz.

Petro está lejos de ser un candidato perfecto —¿alguno lo es?—, pero tuvo coraje para desligarse de los actores armados y ha mostrado vehemencia para defender sus convicciones, entereza para denunciar a los corruptos, inteligencia para evadir discusiones estériles y seriedad para trabajar sin sectarismo junto a dirigentes de otros lados del espectro político, actitud desconcertante para algunos seguidores y que sus excopartidarios más radicales han aprovechado para tildarlo de traidor. Cada vez es más evidente que la política no se puede hacer a punta de dogmas y así lo entiende el candidato de Progresistas.

Petro reconoce discrepancias con el procurador, sobre todo en políticas de género, derechos de la población LGBT y aborto. Pero aclara que confió en Alejandro Ordóñez cuando éste le aseguró que iba a apoyar a la Corte Suprema de Justicia y a la Fiscalía en los procesos de parapolítica y corrupción, y que las decisiones del jefe del Ministerio Público en casos como AIS, así lo han corroborado.

Afirma que no tolerará el menor amago de corrupción y que trabajará con la Policía Nacional y las demás autoridades para que la seguridad se fortalezca a favor del ciudadano y no del Estado, como ocurría con la seguridad democrática. Tiene una ambiciosa política incluyente, para erradicar la segregación por razones de raza, género, discapacidad, edad, etcétera.

Es evidente que Petro carece de experiencia administrativa, pero en el manejo de una ciudad lo clave es el liderazgo, y Petro lo tiene de sobra. ¿Qué ganó Colombia en dos gobiernos en los cuales el gran administrador que había, manejaba el país como una finca?

En resumen, voto por Petro porque creo que su triunfo no sólo contribuye al progreso de Bogotá, sino que es un aporte muy significativo a esa reconciliación real que tanta falta le hace a nuestra sociedad.

Cinco razones para votar por Parody

1. Por tener el mejor programa de gobierno. Comparto la conclusión que saca la revista Dinero tras consultar a reconocidos expertos en varios de los temas vitales para Bogotá, buscando identificar el mejor programa de gobierno. La conclusión a la que llega la revista es muy clara: “La gran sorpresa de la evaluación fue Gina Parody. (…) es (…) la ganadora”. Basta leerlo y compararlo con los de sus contrincantes para concluir lo mismo. En cada uno de los 10 temas de su programa Gina llegó a sus conclusiones tras largas y detalladas discusiones técnicas con los más destacados expertos nacionales y extranjeros.

2. Por ganadora. A Gina sólo se le conoce una intolerancia: la mediocridad. Es una ganadora innata, que se crece en la adversidad, y eso le viene de familia. Su vida es una sucesión de éxitos obtenidos limpiamente en las plazas más exigentes —desde la comisión primera del Senado, hasta la mejor universidad del mundo— y los bogotanos necesitamos contagiarnos hasta la médula de esa aversión a tolerar la mediocridad y el fracaso. Los bogotanos necesitamos volver a sentirnos ganadores.

3. Por joven. Como alcaldesa, Gina estará al frente de una metrópolis que en 2015, al terminar su período, estará rondando los 8 millones de habitantes y la mitad de ellos serán menores de 30 años. La agenda que se defina en lo relativo a esa nueva generación debe ser la agenda misma de la ciudad y esa es una verdad que Gina respira, vive, siente en carne propia. De ahí sus innovadoras propuestas en educación.

4. Por mujer. Gina hace parte de, apenas, la segunda generación de mujeres colombianas que nacieron con el derecho a votar, cumplida la edad legal. Se trata de una generación de mujeres diversas que encarnan lo mejor que nuestra sociedad tiene para mostrar. Su elección sería la demostración de que somos una ciudad capaz de aceptar con relativa rapidez el desafío de desechar todos los vestigios de nuestras mil cavernas y de sintonizarnos con el futuro.

5. Porque llegó la hora del voto en positivo. Los otros candidatos opcionados, Enrique Peñalosa y Gustavo Petro, son hombres inteligentes y honorables. Ninguno de los dos implicaría un desastre para la ciudad. Los bogotanos tenemos, en este sentido, el privilegio de poder votar constructivamente y cometeríamos un grave error desperdiciándolo. En una coyuntura tan compleja como la que vive nuestra ciudad, llegó la hora de votar a favor de los programas de una candidata y pasó, hace mucho rato, la hora de votar por uno para que no gane el otro. Ese pragmatismo torpe está amparado por dos de las máximas maldiciones que puede sufrir una sociedad: el pesimismo y la desconfianza.

Bogotá necesita a Peñalosa

Aprendí a reconocer lo que Enrique Peñalosa significa para Bogotá tan pronto asumí la Alcaldía. Él la quiere como nadie, aspira a ser alcalde no porque esté desprogramado: le sobran consultorías sobre temas urbanos en el mundo. Pero, además, la goza, la sufre, la entiende. Recorrerla en bicicleta con él, lo confirma. Protege los humedales, se ufana de la cancha sintética del parque La Aurora, en Usme; sufre el deterioro actual de Transmilenio causado por el hecho de no haber sido una prioridad del gobierno saliente.

Enrique fue capaz de desarrollar ciudadelas con excelente calidad de vida, como El Recreo, en Bosa. Inició la historia de los megacolegios y las megabibliotecas, entre muchísimas obras. El espacio público lo convirtió en un escenario de inclusión social, donde se garantiza el derecho al trabajo y, al mismo tiempo, prevalece el peatón. Creó miles de parques que integran a los ciudadanos sin diferencia alguna. Hoy en el país se replican muchas de sus experiencias, en movilidad, educación, cultura ciudadana, urbanismo, masificación de lectura.

Hoy se requiere con urgencia un gobernante como él, que reviva la autoestima, la confianza y la seguridad. Su experiencia y reconocimiento internacional, y su excelente programa de gobierno, contribuirán a promover inversión, generación de empleo, progreso y desarrollo con equidad, y a recuperar el orgullo perdido en los últimos años.

Por ser un candidato con experiencia, ha tenido que rendir cuentas, lo que se constituye en una enorme diferencia con quienes tienen como única experiencia haber sido ser parlamentarios, es decir, parlamentar o echar lengua.

El mejor piropo que se le puede hacer es que es un mal candidato, pero un buen gerente. Líbranos Señor de aquellos. Tan es así que en la consulta del Partido Verde, en la pasada campaña presidencial, Antanas Mockus y yo votamos por Enrique. Por eso creo en él.

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