Se ensañaron contra el Cauca

Hace un año las FF.MM. anunciaron más pie de fuerza, pero el desafío continúa, pues ilegales usan a la población como escudo. Crece éxodo en el departamento por asedio guerrillero.

Pocos departamentos en el país padecen una problemática tan compleja como el Cauca. Desempleo, pobreza, la lucha por la tierra y la falta de oportunidades se suman allí a los desafíos planteados por flagelos como las bandas criminales, los narcotraficantes, la minería ilegal, los golpes de la naturaleza (desde inundaciones por lluvias hasta los sustos que cada temporada les da el volcán del Huila) y los avivatos que esquilmaron a miles con el negocio de las pirámides.

Pero entre todos esos males ninguno tan antiguo, constante y enquistado como la violencia guerrillera. Durante medio siglo Farc y Eln adoptaron a la región como retaguardia histórica, se mimetizaron entre poblaciones y aprovecharon la geografía azarosa para esconderse de la arremetida militar, en una estrategia que hasta hoy resulta tan efectiva para los guerrilleros como maldita para los lugareños.

El domingo, al cabo de 72 horas de hostigamientos en el municipio de Toribío, que dejaron cuatro niños heridos, las Fuerzas Militares anunciaron que la situación estaba controlada. No obstante, en el pueblo ya saben que la tranquilidad del momento no es más que la antesala de desventuras futuras. Tal como ocurrió en 2011, cuando la guerrilla desató ataques en cuatro municipios del Cauca, luego de los cuales el comandante de las Fuerzas Armadas, general Alejandro Navas, indicó que reforzarían el pie de fuerza en la zona.

De hecho, el 13 de junio pasado el presidente, Juan Manuel Santos, envió a la zona tres brigadas y cuatro batallones del Ejército con el objetivo de “sacar de sus madrigueras” a la guerrilla. El mismo Santos, sin embargo, reconoció este fin de semana que le ha faltado apersonarse más de casos particulares en materia de seguridad. Y, como dándoles la dimensión de acto de contrición a sus propias palabras, ayer entregó un parte de tranquilidad a través de la red social Twitter, al asegurar que las tropas recuperaron el control en Cauca, en donde la guerrilla hirió a 11 personas con una bomba artesanal lanzada contra el hospital de Toribío.

Es cierto que la escalada de la guerrilla no es sólo contra los caucanos. El domingo, cuatro policías murieron luego de que presuntos guerrilleros atacaran una patrulla en la zona rural de Segovia, Antioquia. Y también hubo hostigamientos en Norte de Santander.

Pero el carácter gradual y sostenido de las incursiones contra el Cauca ha suscitado varias teorías en torno a su accionar. La que más repiten las autoridades indica que la guerrilla busca dar demostraciones de poder ante la contundencia de los golpes que ha recibido por parte de los militares. También se cree que estén tratando de desviar la atención para atraer al Ejército y poder moverse con tranquilidad en otras zonas del país, ya sea por la necesidad de trasladar tropas o por negocios de narcotráfico.

Sea cual sea la razón, la situación en municipios como Toribío es insostenible. Un video de la Policía revelado ayer demuestra que los habitantes viven entre las balas. No hay una cifra oficial de desplazados, pero algunas versiones aseguran que cerca de cien personas ya han tenido que dejar sus tierras. Lo mismo que sucedió en el vecino municipio de Miranda, un mes antes, cuando cerca de 450 personas salieron de la zona por enfrentamientos entre las Farc y el Ejército. Algunas intentaron regresar, pero los ataques se reanudaron.

Argelia, también en el Cauca, es otro de los pueblos que desde la semana pasada no ha podido ir tranquilo a la cama. Un ataque de la guerrilla provocó la destrucción de 57 viviendas, mientras que más de 100 quedaron averiadas. Murió una persona y cinco más resultaron heridas.

Es la desgracia que padecen miles de colombianos por el simple hecho de querer vivir sus vidas en un departamento llamado Cauca.