Un llamado a la unión de fuerzas

Los discursos del presidente Juan Manuel Santos y del máximo comandante de las Farc, Rodrigo Londoño, coincidieron en la necesidad de sumar esfuerzos en el camino que comenzará a transitarse de cara a la implementación de lo pactado en La Habana.

Cristian Garavito
Cristian GaravitoEl máximo jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, durante la firma del nuevo Acuerdo.

Convocaré a un gran acuerdo nacional”: Santos

“Durante más de cuarenta días, en jornadas intensas, nos pusimos en la tarea de recoger, ordenar y atender las propuestas de ajustes y cambios para tener un nuevo acuerdo.

Hoy hemos firmado, aquí en este escenario histórico, ante el país y ante el mundo, un nuevo acuerdo de paz con las Farc. El definitivo, el acuerdo del Teatro Colón. Un nuevo acuerdo surgido de un diálogo abierto y franco con todos los sectores de la sociedad aquí en Colombia, y un proceso riguroso de renegociación entre las delegaciones en La Habana.
¿Qué logramos los colombianos con este acuerdo? Logramos poner fin al conflicto armado con las Farc y sentar las bases para la construcción de una paz estable y duradera, más amplia y más profunda. Logramos parar el desangre y que no haya más víctimas.
 
Las Farc, como un partido sin armas, podrán presentar y promover su proyecto político. Serán los colombianos quienes, con el voto, lo apoyarán o rechazarán. Ese es el objetivo de todo proceso de paz. Que los que estaban alzados en armas las abandonen, reconozcan y respeten las instituciones y las leyes y puedan participar en la contienda política en la legalidad.
 
El nuevo acuerdo de paz que firmamos hoy será discutido en el Congreso, para que sean los representantes elegidos por los colombianos quienes lo refrenden y lo implementen, bajo el control de la Corte Constitucional.
 
Este procedimiento se adoptó también por la urgencia de la paz. Había comenzado a desmoronarse el cese al fuego por cuenta de la incertidumbre sobre el futuro. No podíamos dilatar un minuto más la implementación. Imagínense por un momento lo que hubiera significado volver a la guerra con las Farc… Espero que, según el procedimiento establecido, la refrendación sea aprobada en el curso de la próxima semana. Ese día será el día D.
 
A partir del día D, la semana entrante, empezará en forma el desminado para que nuestros campos no sean nunca más una trampa mortal para nuestros niños. Ese mismo día iniciará el proceso de implementación de todos los demás elementos del nuevo acuerdo en el Congreso. Convocaré a todos los partidos, a todos los sectores de la sociedad, a que participen, contribuyan y logremos así un gran acuerdo nacional para la implementación de la paz.
 
Reconozco que este nuevo acuerdo es mejor que el que firmamos en Cartagena, porque recoge las esperanzas y las observaciones de la inmensa mayoría de los colombianos. Del 50 % de los que votaron Sí y de un importante porcentaje de los que votaron No.
 
Tenemos que unirnos y asumir esa inmensa responsabilidad, aprovechar esta gran oportunidad. Tengo plena confianza que, por nuestro carácter, sabremos responder a este hermoso desafío”. 
 
“El pueblo está harto de violencia”: “Timochenko”
 
“Para alcanzar la firma de este acuerdo definitivo, los colombianos vivimos más de siete décadas de violencia, medio siglo de guerra abierta, 33 años en procesos de diálogos, un lustro de debates en La Habana, el desencanto del pasado 2 octubre y el más histórico esfuerzo por conseguir el mayoritario consenso de la nación.
 
El pueblo de este país está harto de violencia, de la intolerancia de los estigmas y señalamientos. Quiere y exige cambios profundos de las costumbres políticas, que cese la corrupción, la mentira y el engaño. La primera demanda nacional es que se ponga fin al uso de las armas en la política, que se garantice el derecho a disentir, a hacer oposición, a protestar contra la mala administración, contra las leyes injustas contra la arbitrariedad y el abuso de los funcionarios en el poder. Que la vida, la integridad personal, la libertad del movimiento y el pensamiento sean reales. Por eso Colombia cierra filas en torno a este acuerdo definitivo.
 
Con éste no se deponen posiciones ideológicas, políticas o de conciencia, sólo ponemos fin de manera definitiva a la guerra para confrontar civilizadamente las contradicciones. Por eso reclamamos su implementación pronta y eficaz.
 
No más asesinatos de dirigentes sindicales, agrarios o populares, de reclamantes de tierras, de activistas sociales o de opositores políticos de izquierda. No más amenazas ni hostilidades. Es inaudito que a estas alturas sigan cayendo guerrilleros de las Farc con extraños argumentos. Que las denuncias por violaciones de derechos humanos sean pan de cada día. Que de todas partes broten quejas de las comunidades por los planes de ocupación militar, por operaciones de erradicación forzada de sus cultivos pese a lo pactado.
 
Asombra al país el desalojo violento del campamento por la paz de la plaza de Bolívar, la indolencia del Gobierno Nacional frente a los asesinatos de dirigentes campesinos y activistas de la Marcha Patriótica.
 
Reiteramos solidaridad con todas las víctimas de esta larga guerra, sea cual sea el bando al cual hayan pertenecido. Así como nuestra petición de perdón por las consecuencias que para ellos hayan podido provenir de nuestras manos. A nuestros adversarios públicos nuestro respeto, nuestro ramo de olivo, nuestra invitación fraternal a convivir en la diferencia.
 
Destacamos la importancia que tendría para el país la conformación de un gobierno de transición cuyo propósito fundamental sea el cumplimiento de los acuerdos de La Habana, el cual debería estar integrado por todas las fuerzas y los sectores que han trabajado sin tregua por ello”.

 

 

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