Una ley para 'colgados'

Cualquier familia que esté pagando la hipoteca del apartamento, las cuotas del carro y la tarjeta de crédito está expuesta a quedarse insolvente.

Ante contingencias como el accidente de un familiar que obligue a asumir altos costos médicos y hospitalarios, existe el riesgo de que los ingresos no alcancen para cubrir las obligaciones.

A estas familias no se les debe destruir la vida rematándole la vivienda y/o quitándole el carro. Si mantienen sus ingresos, la capacidad de pago y la voluntad de ponerse al día, la solución debe ser otra. Lo que necesitan es un poco de oxígeno: refinanciación, cambiar la estructura de la deuda. En otras palabras, que tengan derecho a un régimen de insolvencia al cual se acojan para poder conciliar con sus acreedores nuevas formas de pago.

En el país, 17 millones de personas tienen algún tipo de acceso al sistema financiero; 600 mil familias con hipoteca. La crisis financiera de los 90 nos llevó a un colapso de los bancos, quiebras de empresas y la destrucción del patrimonio de millones de colombianos. Con esta ley entramos en el grupo de países que, como EE.UU., España y Uruguay, ya entienden que no tiene sentido la liquidación de las personas cuando ofrecen capacidad de pago. Las leyes de insolvencia son bondadosas porque las familias ganan al tener la oportunidad de ponerse al día y los bancos al poder recuperar gran parte de la deuda. Lo otro son pleitos de siete años en los tribunales donde pierden ambas partes y sólo ganan los abogados.

Tenemos claros los retos de esta  ley, especialmente no fomentar la cultura del no pago. Al entregar una herramienta tan poderosa al ciudadano, somos conscientes de la posibilidad de abuso. El proceso debe llevar un tiempo límite y sólo declararse una vez cada seis años; si no es, fácil imaginarse como unos ‘aviones’ declararían la insolvencia perpetua y nunca pagarían nada. También en casos de fraude la persona perdería su derecho a declararse insolvente y quedaría denunciada penalmente frente a la Fiscalía. La idea es imponer salvaguardas de tal manera que la usen sólo los que verdaderamente la necesitan.

Originalmente concebida por la reina Victoria de Inglaterra, la insolvencia es diferente a la quiebra. Con quiebra ya no hay nada que hacer, activos negativos sin capacidad de pago. Con la insolvencia existe mucho qué hacer, capacidad de pago y activos a sabiendas de que la estructura de la deuda no permite que el deudor se ponga al día. Con un poco de originalidad y voluntad seguramente llegaremos a acuerdos de pagos entre las partes, de tal manera que el banco reciba su plata y a la persona no le acaben su vida. La insolvencia es una segunda oportunidad para los ciudadanos de buena fe y con voluntad de pago.

*Presidente de la Cámara y autor de la ley.

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