Hacia una nueva tercera fuerza

La debacle sufrida por el Polo Democrático abre la puerta también a movimientos como el de Gina Parody. El desafío es construir estructuras organizativas horizontales y no dejarse capturar por la burocracia.

Pasada la euforia de la elección de autoridades locales y regionales, cuando todos —partidos y candidatos— hacen sus propios balances, unos saboreando la miel de la victoria y otros la amargura de la derrota, el país político comienza a analizar los escenarios futuros que plantean, sin duda, un reacomodamiento con la aparición de nuevas fuerzas o la consolidación de quienes ya estaban en el juego.

Y, en este sentido, es claro que el anuncio del elegido alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, de querer darle a su movimiento Progresistas un carácter nacional, vuelve a poner sobre la mesa el reto histórico de la conformación de una tercera fuerza política que le pelee de tú a tú el poder a los partidos tradicionales o, en la coyuntura actual, a la Unidad Nacional.

La búsqueda de la tercera fuerza, alterna a los partidos tradicionales, ha sido un objetivo histórico marcado por los obstáculos. En los años 60, la Alianza Nacional Popular (Anapo), inspirada en las ideas del expresidente Gustavo Rojas Pinilla, llegó a consolidar un movimiento de características nacionales que estuvo a punto de acceder al poder en las accidentadas elecciones de abril de 1970. No obstante, después de esta coyuntura electoral, se desvaneció hasta convertirse en una fuerza minoritaria, casi de carácter familiar.

En los años 80, tras los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc, surgió la Unión Patriótica, que en las elecciones parlamentarias de 1986 llegó a alcanzar 17 curules y obtuvo una significativa votación en las presidenciales con Jaime Pardo Leal. Sin embargo, se precipitó la guerra sucia del paramilitarismo, y sus principales líderes y activistas fueron diezmados a sangre y fuego.

Luego, en la segunda mitad de los años 80, surgió una nueva alternativa, esta vez de la mano de varios grupos desmovilizados que firmaron procesos de paz: la Alianza Democrática M-19, que en un principio logró mayorías en la Asamblea Constituyente de 1991 y registró también una buena participación en la elección del Congreso, en octubre de ese mismo año. Pero en 1994 llegó la crisis interna, sus militantes se dispersaron y la mayoría de sus líderes optaron por acceder a curules en las corporaciones legislativas o en mandatos municipales, pero la cohesión como tercera fuerza se deshizo con el tiempo.

Llegó la era Uribe y fue el Polo Democrático el que aglutinó diversos movimientos, como los exguerrilleros de distintas organizaciones, la fuerza tradicional de la izquierda democrática, las diferentes vertientes del sindicalismo, el Moir y la antigua Anapo. Lucho Garzón ganó en 2003 la Alcaldía de Bogotá y en 2006, su candidato presidencial, Carlos Gaviria, fue segundo detrás de Álvaro Uribe, pero por encima del liberal Horacio Serpa.

Pero la opción del Polo como tercería política se fue a pique con el escándalo del carrusel de la contratación en la capital. Las divisiones internas precipitaron la debacle en los comicios del domingo pasado y paradójicamente gestaron la creación de los Progresistas, que logró arrebatarle el electorado al Polo en Bogotá y que ahora Gustavo Petro pretende proyectar a nivel nacional, apuntándole a las elecciones a Congreso de 2014 y, por qué no, a las presidenciales.

Para el analista político Alejo Vargas, se trata de un esfuerzo necesario y muy factible de hacer realidad. “Mucha gente ya no se siente cómoda en el Polo y en los Progresistas surgirán otros liderazgos para empujar el carro. Como ha dicho Petro, será una izquierda que buscará expresar unas nuevas formas de democracia, más de multitudes. El desafío es justamente construir otras estructuras organizativas, más horizontales, y evitar lo que le pasó al Polo, que terminó capturado por la burocracia de los pequeños aparatos partidistas que lo componen”.

Un escenario hacia una tercera fuerza en el que también habría que tener en cuenta la intención de Gina Parody de consolidar su movimiento como una corriente nacional, aprovechando los cimientos heredados de los Visionarios de Antanas Mockus y, por qué no, a los verdes, que aunque perdieron el premio mayor en Bogotá, lograron quedarse con dos gobernaciones y tres alcaldías de ciudades capitales, consolidando una importante plataforma nacional.