Verde mutante

Del júbilo de la ola verde a la alianza con Álvaro Uribe, la candidatura de Enrique Peñalosa transformó profundamente al Partido Verde.

En el corcho que cubre gran parte de la pared de su oficina cuelgan un sinnúmero de gráficas. También uno que otro recorte de revistas. Y en el centro, una caricatura publicada en El Espectador, en la que el candidato a la Alcaldía por el Partido Verde y el Partido de la U, Enrique Peñalosa, sostiene en su mano una rata como si fuera un megáfono. En el título se lee: “El megáfono uribista”.

El senador verde John Sudarsky se hunde en su sofá y señala la caricatura. Hace poco que se filtró a los medios el llamado de la Fiscalía a 17 concejales de Bogotá, por irregularidades en la contratación. Dos hacen parte de su propio partido; otros nueve pertenecen al Partido de la U. “Lo de los concejales lo único que demuestra es que estábamos en lo cierto”, dice.

Aunque él mismo no se defina así, Sudarsky ostenta el rango más alto dentro de lo que en la bases del Partido Verde llaman ‘la resistencia’. Militantes antiuribistas o cercanos a Antanas Mockus, que se unieron al partido desde su fundación, a finales de 2009, y que se quedaron en él luego de que la adhesión de Álvaro Uribe y el Partido de la U a la candidatura de Enrique Peñalosa a la Alcaldía de Bogotá provocara una desbandada de mockusianos, empezando por el mismo Antanas.

Hace poco más de un mes, cuando vio la foto del expresidente Uribe, hombro a hombro con Enrique Peñalosa en las correrías barriales de la campaña, Sudarsky dice haber perdido la paciencia. No era el único. La representante Ángela María Robledo, entrañable compañera de Mockus desde hace más de dos décadas, también vio la foto en los diarios y, enfurecida ante lo que consideraba un acto de traición a los principios del partido, cerró el periódico, llamó a Sudarsky y le comunicó que protestaría en el Congreso Verde que entonces estaba por realizarse en Bogotá.

Así fue. En medio del congreso, Robledo interrumpió el acto y se subió al escenario, Sudarsky se encaramó a su lado, así como un puñado de militantes entusiasmados por el acto transgresor. Ambos, senador y representante, lucían la misma camiseta, con la foto Uribe sosteniéndole el famosos megáfono a Peñalosa y una leyenda que en dos frases resumía la fractura del verde: “Me niego”.

La derrota

Ángela María Robledo abre los cajones de su cocina y ofrece un té de hierbas aromáticas “relajantes”. Han sido días duros para ella. La desbandada de los últimos meses la dejó, junto a muchos otros, en una situación complicada.

El 24 de mayo, con el visto bueno de la Dirección Nacional del Partido para que Enrique Peñalosa buscara acercamientos con la U, el ala mockusiana sufrió un duro golpe dentro de la colectividad, ya de por sí fracturada por meses de tensión entre Peñalosa y Mockus. Para éste, principios como “la vida y los recursos públicos son sagrados” y “no todo vale” debían primar por encima del nombre de quien aspirara a la candidatura. En cambio, Peñalosa, quien se había sentido largamente amenazado por la aspiración soterrada de Antanas, estaba más preocupado por la estrategia que les permitiría llegar con éxito a la Alcaldía.

En medio de esta disyuntiva, los mockusianos fueron derrotados, con el único consuelo de que en aquella tensa y definitiva reunión de mayo, Robledo y Sudarsky habían logrado que, con el respaldo del exalcalde Lucho Garzón, la Dirección aprobara el derecho de sus miembros al disenso.

Desde entonces, Robledo y sus declaraciones se han convertido en un dolor de cabeza para los verdes. La consideran una extraña, una traidora. Incluso ronda el rumor de que una batería de abogados busca la manera de demostrar que está incurriendo en doble militancia. “Ella fue elegida en lista cerrada; esa curul es del Partido”, dice, muy molesto, el concejal verde Antonio Sanguino, hombre cercano a Lucho Garzón, ante el hecho evidente de que ya Mockus no es de los verdes y Robledo es mockusiana.

Pero para los congresistas resistentes, lo suyo no sólo es un acto legítimo sino necesario, si se quiere que el Partido Verde retome un rumbo de fortalecimiento institucional que construya principios que no sean traicionables.

Los costos

En mayo del año pasado, luego de haber estado cerca de derrotar al candidato de la U, Juan Manuel Santos, en las presidenciales, el Partido Verde y sus militantes pasaron de la euforia a la orfandad, mientras veían cómo sus líderes naturales se sumían en una depresión silenciosa que los consumió por meses.

Luego, la colectividad intentó retomar la marcha. Peñalosa asumió la campaña por Bogotá , mientras que el resto del Partido buscaba reorganizarse en las regiones de cara a las elecciones locales.

“Pero lo que pasó en Bogotá, los coqueteos de Uribe y Peñalosa, fracturaron al partido”, dice la representante.

En Bogotá, el costo de la ruptura devino en una diáspora de importantes cuadros, que se llevaron parte importante de las banderas ideológicas con las que se había cocinado la Ola Verde. Con Mockus se fue Juan Carlos Flórez, hoy cabeza de lista de la ASI, argumentando que los verdes se habían convertido en un “apéndice del uribismo”, al que acusaba de “valerse de la ilegalidad para hacer política”. También emigró Angélica Lozano, alcaldesa de Chapinero y activista LGBT, hoy candidata al Concejo por Progresistas, argumentando que el activismo “por las mujeres y la diversidad dejaron de tener espacio”, pues con la entrada del uribismo y el respaldo de las iglesias cristianas, la candidatura de Peñalosa se había conservatizado.

El costo en las regiones fue el malestar de muchos de sus militantes, que no sólo reprobaban la alianza con Uribe sino que veían cómo Bogotá se había robado la total atención del partido. Sergio Fajardo, candidato a la Gobernación de Antioquia, reprochó sistemáticamente durante estas semanas la falta de respaldo por parte de la Dirección Nacional. Entre tanto, en el Valle del Cauca, hubo un profundo malestar luego de que Enrique Peñalosa apareciera en Cali apoyando a Roy Barreras, candidato al Concejo de esa ciudad e hijo del senador de la U, Roy Barreras.

Tras la partida

Quienes se quedaron, pero resentían el sismo causado por el apoyo de Uribe, escogieron la disidencia, el recato o el silencio.

Entre los segundos se encuentra el joven candidato al concejo, Jaime Flórez, mítico encargado de las movilizaciones espontáneas o flash mobs durante la Ola Verde. Cuando ocurrió el divorcio Peñalosa-Mockus, Flórez quedó, como muchos otros jóvenes, entre la espada y la pared, o entre Mockus y los Verdes, y decidió quedarse “a construir partido”. Tuvo entonces que asumir una difícil campaña, con colaboradores que incluso se unieron a la protesta de Robledo y Sudarsky en el Congreso Verde, acción que le costó que la dirección se negara a asistir al acto de lanzamiento de su campaña. El evento fue cancelado.

Como Flórez, Sudarsky y Robledo aseguran que, independientemente de los resultados electorales que se obtengan hoy, se quedarán en la colectividad para reconstruirla. Ambos se encuentran en una situación interesante. Son congresistas de la República y académicos con altísimas credenciales, que no se corresponden con el prototipo de político profesional que vive de la política. Eso les da una libertad particular —incómoda, quizás, para los demás, pero muy provocadora dentro de un partido que, una vez pasadas las elecciones locales, buscará de nuevo redefinir su rumbo—.

Sentado en su sofá, lejos, muy lejos de la pequeña oficina que, luego de la derrota de las presidenciales, le otorgaron en el Congreso, Sudarsky presagia que “el costo de la alianza con Uribe va a ser nefasto”. Pero eso no parece arredrarlo. Al contrario, lo motiva a reafirmar su disidencia: “A mí no me echan de mi propia casa. Al partido vamos a rescatarlo”.

Cronología: De la ola verde al verde-uribismo

Nacimiento

Noviembre, 2005

El antiguo AD M-19 se convierte en Opción Centro, con la intención de “superar los vicios de la política tradicional y abogar por la “verticalidad ética”. Lo lidera el ex comandante del M-19 Carlos Ramón González.

Principios

Octubre, 2009

Con el Capitolio Nacional lleno de girasoles, González, Antanas Mockus, Lucho Garzón y Enrique Peñalosa lanzan el Partido Verde rechazando la violencia , la complicidad con grupos al margen de la ley y la corrupción.

La Ola sube y baja

Mayo, 2010

Tras conseguir cinco curules en el Senado y tres en la Cámara, y estar punteando en las encuestas, el masivo movimiento que respalda a Antanas Mockus a la presidencia es derrotado en segunda vuelta.

Insinuaciones

Diciembre, 2010

Mientras corren rumores de que podría lanzarse a la Alcaldía de Bogotá (y poner en jaque la aspiración de Enrique Peñalosa) el expresidente Álvaro Uribe comienza coqueteos con Peñalosa por Twitter.

Barranquilla

Enero, 2011

Mockus ha sugerido que aspirará a la Alcaldía de Bogotá. En la reunión de la dirección nacional, en Barranquilla, Mockus accede a declinar su aspiración pero insiste en que los principios son más importantes que el candidato.

El último esfuerzo

Marzo, 2011

Mockus le explica a la Dirección que aliarse con Uribe es sacrificar los principios verdes por una “urgencia electoral”, debido al papel de la U en la corrupción en Bogotá y el récord del gobierno Uribe en temas de DD.HH y escándalos de corrupción.

La derrota

Mayo, 2011

El ala mockusiana es derrotada por Peñalosa, Garzón, González y Fajardo frente a la posibilidad de vetar la alianza con La U. Los perdedores, entre ellos Ángela María Robledo y John Sudarsky (foto), logran que se respete el derecho a la disidencia.

La desbandada

Mayo y junio, 2011

“El Partido Verde acaba de convertirse en un apéndice de La U”, dice Juan Carlos Flórez, primer Mockusiano en renunciar a kla Dirección Nacional. Le sigue Mockus y otros militantes.

Unidad distrital

Junio, 2011

Peñalosa sella el pacto con Uribe y La U. El Partido Verde, que en las presidenciales se opusiera a Uribe y a Juan Manuel Santos, entra a formar parte de la coalición de Unidad Nacional del Presidente.

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