La vida de un culto empresario

Exitoso industrial, visionario y filántropo, amigo de las artes, será recordado como uno de los líderes colombianos del siglo XX.

A los 87 años de edad, luego de una próspera y exitosa carrera empresarial que lo llevó a convertirse en cabeza de uno de los grupos económicos más importantes de Colombia en el siglo XX, además de reconocido internacionalmente, falleció ayer en la tarde, en Nueva York (Estados Unidos), el industrial Julio Mario Santo Domingo Pumarejo.

Hijo del también industrial Mario Santo Domingo y de la dama barranquillera Beatriz Pumarejo, desde temprana edad aprendió al lado de su padre los secretos de los buenos negocios. De hecho, cuando nació, su progenitor ya era considerado uno de los hombres más prósperos de Colombia, reconocido como importador y pionero de la aviación.

Realmente Julio Mario Santo Domingo nació el 1 de octubre de 1923 en Ciudad de Panamá, mientras sus padres estaban de vacaciones en el istmo. Pero se crió en Barranquilla, porque fue en esa ciudad donde su padre consolidó el negocio que le dio el título de industrial prominente. La compra de la Cervecería Barranquilla, fusionada con la empresa Bolívar S.A., le permitió en 1933 la creación de la sólida marca de cerveza Águila.

Sin embargo, en los años de su juventud, antes de transformarse en la mano derecha de su padre, Julio Mario Santo Domingo fue consolidando una formación intelectual que lo habría de convertir en un industrial culto. Amigo del escritor y periodista Álvaro Cepeda Samudio, con su amistad llegó a participar en las tertulias del denominado Grupo Barranquilla, de donde surgió Gabriel García Márquez.

Incluso, llegó a figurar en el comité de redacción de la revista Crónica, que se editó en Barranquilla hacia 1950. Por largos años fue documento perdido un cuento suyo titulado “Divertimento”, que surgió de esa cofradía de amigos en la que estuvieron, entre otros, José Félix Fuenmayor, Juan B. Fernández, Germán Vargas, Alejandro Obregón y Meira Delmar.

Nunca dejó de lado su educación intelectual y tampoco a sus amigos. Ya convertido en el potentado que llegó a ser, sus colecciones de arte, su conocimiento de la literatura y el cine o su interés por financiar obras artísticas dejaron evidencia de sus aficiones culturales, enmarcadas en su condición de políglota, pues hablaba con fluidez inglés, portugués, francés o italiano.

No obstante, su destino estaba en los negocios y con su padre aprendió a hacerlos. En 1955, por ejemplo, estuvo en la sociedad con los magnates del aluminio en EE.UU. que dieron pie a la compañía Reynolds Santo Domingo. También aprendió haciendo negocios de transporte y petroquímica. A mediados de los años sesenta, ya era un industrial respetable y emprendió uno de los retos que lo proyectaron en Colombia.

El desafío empezó con el 22% de las acciones de Bavaria S.A., que poco a poco fue quedando en manos de la familia, hasta lograr la fusión con la cervecería Águila y, años después, con Cervunión. Al tiempo que su padre entraba en su retiro voluntario (falleció en 1973), Julio Mario Santo Domingo se empezó a transformar en el poderoso industrial que llegó a invertir en finanzas, seguros, turismo, transporte, alimentos, servicios o comunicaciones.

Hacia 1986, el ya denominado Grupo Santo Domingo adquirió el 50% de las acciones de Caracol Radio, lo que le permitió su primera incursión en el mundo de los medios de comunicación. Aunque posteriormente vendió su creciente participación en esta empresa al grupo español Prisa, este negocio no lo alejó de la industria mediática, que después consolidó con la compra de Caracol Televisión, Cromos y El Espectador.

Al mismo tiempo, a través de Valores Bavaria S.A., una holding que llegó a controlar cerca de 120 empresas en diferentes sectores y un portafolio de inversiones en distintas áreas, consolidó un capital que llevó a la revista Forbes a clasificarlo como el 108 en el ranking de los más ricos del mundo. Pero al mismo tiempo, también empezó a destacarse por su filantropía, apoyando diversas causas sociales en Colombia.

Ya multimillonario y famoso, Julio Mario Santo Domingo hizo de su vida una exigencia diaria. Hasta muy entrado en años jugaba tenis todos los días, esquiaba en la nieve como un profesional y era uno de los pocos colombianos que llegó a formar parte del jet set internacional. Su vida empezó a transcurrir entre París y Nueva York, aunque a su casa en la isla de Barú también llegaban ilustres invitados.

Fue amigo del exsecretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger; tuvo trato directo con los expresidentes de ese mismo país Jimmy Carter, Bill Clinton y George Bush, padre e hijo. Eso sin contar a expresidentes colombianos, reputados intelectuales, empresarios, otros potentados y personalidades del arte o la política. En poco tiempo, consolidó en sí mismo la figura del poder económico y sus múltiples facetas.

Entrado el siglo XXI, sin retirarse completamente de sus actividades, Julio Mario Santo Domingo fue heredando su condición de cabeza del grupo a sus hijos, familiares y asesores cercanos. Fue así como empezaron a producirse sorpresivos negocios. En 2005, por ejemplo, fusionó a Bavaria con la compañía sudafricana SABMiller, la segunda cervecera más grande del mundo.

Así mismo, la aerolínea Avianca, que también fue de su propiedad, fue vendida al empresario brasileño Germán Efromovich. Celumóvil, a la estadounidense Bellsouth. La empresa de televisión TV Cable al magnate mexicano Carlos Slim. Propilco a Ecopetrol. En la transformación empresarial, conservó el Canal Caracol, el diario El Espectador y las revistas Cromos y Shock.

Al mismo tiempo, fortaleció su actividad filantrópica. La escuela de Artes y Oficios de la Fundación Mario Santo Domingo, con su asociada política de microcrédito, fue uno de sus proyectos sociales preferidos. Además, hizo una donación nunca antes vista al programa de becas de la universidad de Los Andes para estudiantes de menores recursos. En 2010 entregó a la comunidad el Centro Cultural Biblioteca que lleva su nombre.

A su muerte, le sobreviven sus hijos Alejandro y Andrés Santo Domingo Dávila, producto de su segundo matrimonio con Beatrice Dávila. De su primer matrimonio, con la brasileña Edyala Braga, tuvo un hijo llamado como él, Julio Mario Santo Domingo, quien falleció en 2009. Ayer, tanto en Colombia como en otros países, comenzaron a conocerse mensajes de condolencia exaltando la vida de un hombre que mostró la capacidad del empresariado colombiano ante el mundo.

Así lo recuerdan los empresarios...

Federico Restrepo

Gerente general de EPM

“Fue un visionario, un creador de empresas hasta el final de sus años. Con su trabajo puso el nombre de Colombia en lo alto. Es una pérdida muy grande tanto para el país como para el mundo empresarial”.

Santiago Perdomo

Presidente de Colpatria

“Es un suceso muy triste. Una persona como Julio Mario Santo Domingo fue el hito de una generación de empresarios colombianos. Deja una gran tristeza y, también, un gran legado para el país”.

Arturo Calle

Presidente de la compañía Arturo Calle

“Él se va con la satisfacción del deber cumplido. Para su familia mi más sentido pésame. Es una gran satisfacción que a este mundo haya llegado una persona que nos dio ejemplo a los empresarios”.

Fabio Villegas

Presidente de Avianca-Taca

“Julio Mario Santo Domingo desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de esta empresa que es una insignia para todos los colombianos. Solidaridad con sus familiares y allegados”.

Mauricio Cárdenas

Ministro de Minas y Energía

“Muere sin duda uno de los más importantes empresarios del país, quien desempeñó un papel trascendental en la expansión industrial nacional. Pese a tener todo el dinero del mundo, prefirió invertir en Colombia”.

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