¿Y qué hicieron las Farc con Ruth?

Conmovedor testimonio de Dolly Castañeda, a cuya hija Ruth Beatriz se llevaron las Farc en 1997. Desde entonces sólo la vio en mayo de 2012 en las imágenes del secuestro del periodista francés Roméo Langlois. Se veía triste, delgada y estaba vestida de guerrillera.

Dolly Castañeda les ha enviado innumerables cartas al Gobierno y a las Farc y dice que no ha obtenido respuesta. / Luis Benavides
Dolly Castañeda les ha enviado innumerables cartas al Gobierno y a las Farc y dice que no ha obtenido respuesta. / Luis Benavides

El 15 de octubre de 1997, en el municipio de Girardota, al norte de Medellín, Ruth Beatriz Castañeda, una joven psicóloga de 27 años de edad, fue secuestrada por el frente 34 de las Farc cuando salía de su trabajo en una empresa de transportes donde se desempeñaba como jefa de personal. Por su liberación, la guerrilla exigía $600 millones. Eso recuerda su madre, quien no ha parado de buscarla. (Vea acá el especial A CONSTRUIR LA PAZ)

“Se la llevaron y a los nueve meses volvieron a llamar y no quisieron rebajar nada. Seguían pidiendo $600 millones. El 30 de diciembre de 1999 hablé con Raúl Reyes por teléfono y él me dijo que no tenían ningún inconveniente en dejarla allá unos añitos hasta que pagara, y desde entonces no volví a tener comunicación con ellos. Nunca me han enviado ninguna prueba de supervivencia.

Cada milésima de segundo la espero y sé que la misericordia del Señor me la va a devolver. Al no tener a nadie más, me aferro a que ella vuelva, que al menos sepa que, aunque no hubo con qué pagar esa plata, no me olvido ni un segundo de ella.

En cada rincón de mi casa tengo una foto de Ruth Beatriz, porque por donde camino la veo y le hablo, le cuento mis cosas, así la siento cerquita. En su habitación le tengo guardados todos los regalos de cumpleaños, Amor y Amistad, Navidad, Día de la Mujer, todo lo que a ella le gusta: perfumes, aretes, peluches, muchos peluches, para que cuando llegue los disfrute al máximo.

Abro mis ojos y pienso en ella, me duermo pensando en mi hija. Yo no sé expresar con palabras cómo se viven 19 años de angustia, de espera, de que cada que suena el teléfono y es un número desconocido el corazón se acelera porque creo que es Ruth Beatriz para decirme que la dejaron libre. Yo le pido mucho a Dios que cuando ella vuelva me encuentre todavía aquí, viva, para que se dé cuenta de todo lo que he luchado estos 19 años por tenerla de vuelta conmigo.

Por eso creamos la corporación Madres de La Candelaria. Mientras estuvo en Medellín la oficina de País Libre, tuve contacto con ellos, con Herbin Hoyos en Las voces del secuestro. He luchado por todos los lados. Les he mandado carta a los presidentes de turno, pero lastimosamente a las víctimas nos clasificaron y a los que no tenemos dinero no nos miran bien. Le escribí a Piedad Córdoba cuando estaba mediando para liberar secuestrados, pero sólo salieron los que eran políticos e importantes. A mí nunca me respondieron. Le mandé carta al presidente Chávez, a Marulanda. Ahora que están en La Habana, les escribí a Timochenko, a Iván Márquez. A todo el Secretariado, a los negociadores del Gobierno, y nada. Silencio total. Nadie me da respuesta de mi hija.

La única noticia que tuve de ella fue en mayo de 2012, cuando las Farc secuestraron al periodista francés Roméo Langlois. Ahí la vi en unas imágenes en uno de los campamentos. Estaba vestida de guerrillera, se veía más delgada y muy triste. La tienen trabajando para ellos porque no podíamos pagar. Lo que me dijo Raúl Reyes lo cumplieron, pero son ya 19 años y es demasiado tiempo. Ahora van a decir que es guerrillera, pero si está allá es obligada, porque ellos se la llevaron, no porque quería.

Cuando empezaron las negociaciones, las Farc dijeron que no tenían secuestrados, pero yo vi a Ruth Beatriz en unas imágenes. Traté de llegar a ellos. Incluso, el embajador de Francia que había en Colombia en esa época dijo que me iban a ayudar, pero a los pocos días se posesionó el nuevo presidente de Francia y hasta ahí llegó todo.

Yo les digo a las Farc que tengan un poquito de corazón y, si es verdad que tienen voluntad de paz, me entreguen a mi hija y a todos los secuestrados. Si los mataron, que nos entreguen los cadáveres, porque yo no vivo, es un suplicio. Y no voy a descansar y voy a seguir reclamando a mi hija hasta que deje de respirar.

Si yo hubiera tenido con qué pagar, lo hubiera hecho, porque ella es toda mi vida. No tengo a nadie más. Si me toca limpiarles las botas, lo hago, con tal de que me entreguen a mi hija. Si lo hacen, soy capaz de olvidar todos estos años de sufrimiento.

Sinceramente lo digo, no tengo palabras para expresar cómo es que uno vive. Es sólo la ilusión de que la devuelvan. Ella es mi vida, es lo único que tengo. Eso me hace sacar ánimos para seguir esperándola. Quiero que cuando ella quede libre yo esté todavía aquí. Dios quiera que las Farc dejen sus egos y se conmuevan del dolor de las familias de tantos hijos que se nos llevaron, y que el presidente Santos cumpla lo que dijo cuando ganó el Premio Nobel y trabaje por las víctimas, porque sepamos la verdad y calmemos nuestro dolor”.

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