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Daniel Samper Ospina: el humor crítico como arma letal

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El periodista, escritor y “youtuber” dice que el humor es el aceite en el que se deben cocinar los asuntos de la vida cotidiana.

Para usted, ¿qué significa el humor?

El humor es una forma de respiración, y también es una forma de ver el mundo. No es un propósito, no es ponerse la meta de hacer humor o contar un chiste, sino que, más bien, es el aceite en el que uno debe cocinar los asuntos de la vida. Creo que eso es el humor. Es más una filosofía que una puesta en práctica permanente de un cuentachistes.

Uno tiende a pensar que el humor es quitarles solemnidad a las cosas, pero en realidad no hay nada más serio que hacer humor…

Creo que el humor sí es un antídoto contra la solemnidad; no lo es contra la seriedad. Uno puede decir cosas muy serias a través del humor. Quizás hay cosas que sólo se pueden decir a través del humor por lo serias que son, pero sí es una manera de ir en contra de la solemnidad de la época, ante la tiranía de la corrupción de nuestro tiempo, es una manera de ser disonante, rebelde, de incomodar… Creo en el humor que incomoda como un arma que mete el dedo en la llaga, algo que es capaz de causar dolor en determinados momentos, para que a través de ese dolor las sociedades despierten.

¿Qué comentarios le hacen en la calle?

Generalmente, los comentarios que me hacen son políticos, no sobre mi trabajo, como si fuera material de estudio de todos a la vez. A veces me dicen: “buena esa, dele duro a Uribe” o “¿qué opina de lo que dijo Duque?”. Cosas así.

¿Fue fácil el tránsito de hacer una columna escrita de opinión a transformar eso en humor crítico audiovisual?

Fue placentero, pero fue difícil, y todavía lo es. Estaba acostumbrado a escribir sobre políticos en tercera persona. Después, en un computador y desde una perspectiva cómoda me burlaba de ellos, pero pasarse a lo audiovisual implica, en primer lugar, que uno aparezca en el video. En esta era de las selfis uno no puede ser un youtuber en tercera persona. Y la otra implicación fuerte fue no sólo burlarme de los políticos, sino invitarlos a que se burlen de sí mismos. El humor es una manera de señalar la ridiculez del poder.

Mirando las columnas de Jaime Garzón hace tantos años y remitiéndonos al presente, lo que decía que iba a pasar está pasando y es cíclico…

Totalmente. Las tragedias colombianas son bastante cíclicas, aunque me parece que sí ha habido algunos cambios y hay que reconocerlos. Creo, por ejemplo, que el proceso de paz fue muy importante, y sí pudo haber representado un cambio para Colombia, y no lo digo en presente, porque aún no sabemos qué va a pasar con eso, pero al mismo tiempo creo que hay más nombres, es decir, seguimos hablando de Uribe, Jaime Garzón hablaba de Uribe, y de muchísimos personajes que aún están en la escena política, pero han surgido nuevos personajes, como Duque, por ejemplo, que fue una sorpresa salida de una fiesta infantil, pero salió.

¿Y qué implicaciones traen estos nuevos personajes políticos para su forma de hacer humor?

Hace mucho tiempo no había en Colombia dos personajes que fueran protagonistas de la vida colombiana y que tuvieran un apellido que no hubiera pasado por el poder, es decir, el papá de Duque fue registrador, pero no fue presidente, así que eso permitirá otro tipo de cosas.

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