Julián Arango y el dilema de ser mejor o ser feliz

Noticias destacadas de Un chat con...

Sin etiquetas ni marquillas, así aperece en su nueva obra, tras dos décadas de experiencia actoral. Una reflexión acerca de la vida y la necesidad de jugársela por aquello que lo hace feliz.

Usted ha encarnado muchos papeles en su carrera actoral. ¿Qué lo veremos haciendo ahora en su nuevo “stand up comedy”?

Se llama Ni idea. Allí van a encontrar a Julián Arango como es, ahí no escondo nada, no actuó, simplemente soy yo. Odio las marquillas que dicen que Julián es un actor de comedia o dramático. Hago lo que sea, por eso le puse Ni idea.

¿Cómo fue el proceso para crear la rutina? ¿Cómo logra que las personas se sientan reflejadas en usted?

Contando la verdad, diciendo las cosas como fueron en mi vida. Soy publicista y me apareció la televisión por accidente. Les digo que por tener estándares, como ser el mejor, la gente no cumple sus sueños. A mí eso me quitó mucha naturalidad y espontaneidad, porque cuando uno está detrás de ser el mejor, si no lo logra hay una gran decepción.

En su caso, ¿qué ha dejado de hacer por ser el mejor?

La cosa de estar en una novela da la seguridad de que voy a recibir un sueldo fijo por 3 o 6 meses. Esa seguridad me ha quitado riesgo. Desde que hicimos Anónima llevo dos años trabajando en lo mío, haciendo mis cosas sin la presión de tener que hacer una novela o hacer televisión por hacerla. Si llega un proyecto que de verdad me enloquezca lo haré, pero por el momento me siento realizado con el stand up.

¿Como qué tipo de personajes?

Personajes en los que me puedo disfrazar, en los que Julián queda a un lado y me transforman en diversos universos con disfraz, como Hugo Lombardi o Guadaña, en El cartel.

Pero siempre hay personajes que se parecen a Julián Arango.

Sí, fue el caso de “El inútil”, porque en esa novela no tenía disfraz, no tenía cómo viajar para otro lado. Me cortaron las alas en ese proyecto. A pesar de que le fue bien, sentí que no pude viajar. No había disfraz, el único reto era que debía llorar todo el día y eso era aburridísimo, porque eso no era lo que me habían vendido. Me vendieron un tipo que bailaba todo el día, que la pasaba feliz y resultó un amargado.

Mencionó que llegó a la televisión por accidente. ¿Cómo sucedió?

Estaba comiendo en Presto y me encontré con Diego Arbeláez, quien tenía un programa de cine. Me dijo que estaba buscando a alguien que tuviera la habilidad de hacer diferentes acentos, y como él sabía que yo mamaba gallo en el colegio haciendo de argentino, de paisa, de costeño, de español, me propuso el proyecto. Fui, hice el casting un miércoles por la mañana y quedé contratado en Cinescape. Fui el presentador con Ángela Vergara.

Y del accidente llegó al protagónico de “Pero amor”.

Todo fue surte, ahí es cuando me doy cuenta de que a la vida hay que dejarla hablar, porque terminé de hacer “Tiempos difíciles” y estaba haciendo “casting” para el papel de Gonzalo, que lo interpretó Diego Trujillo y de golpe, cuando Juan Carlos Vargas firmó para hacer Antonio Brando en “Perro amor” y luego dijo que no lo iba a hacer, se quedaron sin protagonista. Entonces Sergio Osorio me dijo que le ayudara a ensayar con otras actrices que estaban en el “casting”, que les mamara gallo y así me quedé con el papel. Fue el destino.

¿Qué tipo de cosas lo hacen llorar?

La selección Colombia. Lloro por el fútbol y por el patriotismo, porque para mí la época de los 80 fue tenaz, a pesar de que a mí no me tocó vivir esa violencia por ser un gomelo. El tema de no salga porque hay bombas o de estudiar a luz de una vela me marcó. Por todo eso Colombia me duele.

¿Gomelo de qué barrio?

Soy gomelo venido a menos (risas). Soy gomelo del Prado Veraniego, que es lo más duro, pero empecé en la 70 cuando ya hubo plata. Frecuentábamos los bares de la 85 con Antonio Sanint, a quien conocí en una fiesta imitando a El flecha, de David Sánchez Juliao. A mí eso me llamó la atención y le seguí la cuerda a Sanint.

¿Por qué publicista?

Porque mi papá es publicista y tuvo una agencia. Crecí en una agencia con creativos argentinos, oliendo cauchola y esa fue una influencia muy grande. Me iba bien, me gustaba dibujar, crear eslogans, campañas, ideas como la de “En este momento su dinero puede estar en el lugar equivocado, tráigalo a Davivienda”, que fue un éxito.

Y el gusto de ser actor, ¿de dónde?

Recuerdo haber querido ser actor, pero daba oso serlo, según los tres o cuatro amigos que tenía. Por poco y sacrifico mi sueño de ser actor, pero cuando me encontré con Diego Arbeláez se abrió de nuevo la oportunidad y lo hice, por intuición.

La publicidad le sirvió mucho para el personaje en “Betty la fea”.

Sí, aunque Hugo Lombardi es muy mi mamá, porque él era de esos rolos recalcitrantes. Entonces esa forma de hablar, de despotricar, pero que no suena tan hiriente, la conozco. Ahora veo desfiles de moda, quedé pegado con eso, la moda me parece algo interesante.

¿Qué tan vanidoso se considera?

Ahora no. En Perro amor sí y creía que salía churrísimo, pero ese cartucho se quemó.

Pero, ¿que ha hecho por vanidad?

Nada. Sufro mucho porque me salen granos y hay actores que no les salen, no tienen un plano malo. Por ejemplo, en Anónima me veo las ojeras, la papada. Creo que en ese sentido soy vanidoso, porque sé cuándo salgo bien y cuándo salgo mal. Pero ahora me interesa más cultivar mi interior.

¿Cómo?

El “stand up”, nadar y jugar fútbol. Me gusta jugar de delantero, marcar goles, aunque ya no juego igual, el tiempo ha pasado. Sucede como cuando me inscribí a estudiar francés en la Alianza Francesa, en Francia, y habían jóvenes de 19 o 20 años y ellos aprendieron, y yo no. También me gusta la fotografía, para mí la imagen es importante, por eso ando con mi celular, para tomar fotos y grabar todo lo que se me ocurra. Pero también está mi hija, que es lo más importante, y con ella ya pierde sentido la vanidad.

¿Qué tan pendiente está de las redes?

No mucho. Hay gente que me dice que monte un canal en Youtube, pero no quiero que se vuelva un negocio, siento que las vidas de las personas se están volviendo negocio y le estoy corriendo a eso, aunque he tenido que hablar de marcas, decir que coman cierto alimento y después me entero de que encontraron el producto en mal estado.

Como apasionado de la fotografía, ¿qué imagen le hubiese gustado tomar?

Un gol de Pele o de Maradona. Para mí la palabra gol es importante.

Un sueño.

Que mi hija sea muy feliz, que se realice como persona. Tiene una sonrisa que no me gustaría que la perdiera.

¿Qué lo desestabiliza?

Que se cuelen, que la gente sea viva. Yo sí hago fila.

Una frustración.

La música. Soy bueno para interpretar los acordes, pero pierdo el ritmo. Mis amigos fueron los músicos y se acostaron con todas porque cantaban y tocaban guitarra, y a mí me tocaba conquistarlas conversando y haciéndolas reír.

Un lugar al que le gustaría regresar.

Barcelona. Amé ese año en que viví allá. Pero también está París, con el Teatro de la Ópera, Ámsterdam o Guatemala.

¿Su próximo destino?

Voy para Rusia por el Mundial, pero además me interesa por el modernismo arquitectónico, por la cultura, Aleksandr Ródchenko me gusta como pintor, diseñador, es especial.

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.