Michel Brown, la nueva cara de “Desafío sobre fuego”

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El actor argentino manifiesta que su participación como presentador de este “reality” ha sido una experiencia retadora y gratificante para su carrera. “Es como un sueño hecho realidad”, comenta.

¿Cómo lo convencieron de ser el conductor en esta tercera temporada de “Desafío sobre fuego”?

Bastó con que me dijeran el nombre del reality, porque cuando lo escuché me encantó... soy fan del programa desde hace mucho tiempo, mi esposa y yo lo vemos antes de ir a dormir. Cuando me llamaron y me contaron no hubo mucho qué pensar, así que cuadré mis tiempos. Esta propuesta para mí es como si a alguien que le encanta la Fórmula 1 lo invitaran a dar el banderazo: es un sueño hecho realidad.

Cuando asume la labor de un presentador, ¿también es un personaje o es realmente usted?

No, no soy un personaje, pero me di cuenta de que debía ser más específico a la hora de preguntar, ser más claro al hablar, porque hay participantes de Brasil, Argentina, Colombia y México, así que debo tener una dicción sumamente clara. Cuando me dan los guiones a veces trato de darles la vuelta para poder preguntar cosas de la manera en la que yo me siento cómodo.

Más allá de los libretos, ¿hay espacio para la improvisación?

Hay un pequeño campo para la improvisación, pero la mayor parte del tiempo hay que ser muy práctico y conciso para lograr darle al público la información que necesita y logren entender lo que está pasando dentro del programa.

¿Tomó como referencia a alguno de los presentadores que han pasado por el “reality”?

Vi el trabajo de Juan Pablo Llano y me encantó, pero trato de no ponerle atención a eso, porque somos dos personas completamente distintas, y evidentemente él hizo un trabajo que se basó en su personalidad, y yo soy muy diferente a él en la vida real, así que trato de darle mi impronta a la hora de hacerlo, teniendo en cuenta que hay una línea que hay que seguir, y no puedo salirme demasiado.

¿En qué se parece la construcción de un personaje a la de un arma de metal como las que se elaboran en el programa?

Se parecen demasiado; para preparar un personaje primero tienes que conocer su historia, al igual que para construir un arma. Debemos saber de dónde vienen, de qué manera se hicieron, por qué se hicieron y cuál es el background. Cuando hablamos de un arma debes saber de qué época viene, cómo está construida físicamente.

¿Cómo establece los nexos con los participantes del “reality”?

Estoy tratando de crear más empatía entre el presentador y los participantes. Es decir, si vemos que uno de los participantes tiene algún problema, el presentador pueda aconsejarlo de alguna manera. Un día vi que uno de los forjadores creyó haber terminado su arma y le quedaban quince minutos, le pregunté que si ya había terminado y me dijo que sí, así que le aconsejé que perfeccionara su trabajo y aprovechara el tiempo que le sobraba.

¿Cómo crea el vínculo con los jurados?

Soy un intermediario entre lo que está pasando en el piso y lo que quieren los jurados, así que trato de preguntar lo que a mí me interesa como espectador. Creo que eso va a ser un punto interesante, no como presentador, sino hablar de las cosas que a mí me causan inquietud. A veces hay cosas que para ellos son claras, pero para mí no tanto; trato de hacer ese tipo de preguntas, y sé que van a funcionar porque el espectador se va a sentir identificado con mis dudas.

¿Qué ha conocido de usted a raíz de esta experiencia?

Me pasó algo muy interesante, llevo 25 años trabajando con actores, para el público, y en un punto sentí que me estaba repitiendo constantemente en las conversaciones cotidianas, y con “Desafío sobre fuego” entré a un mundo completamente diferente, estoy maravillado, porque estoy hablando de cosas distintas y entendiendo que la gente percibe el trabajo desde un lugar diferente, y viendo la pasión de estos personajes que vienen a hacer la forja. Me nutrí de un mundo completamente atípico para mí.

¿Suele ver sus series y novelas? ¿Le gusta verse en pantalla?

Me encantaría, soy consumidor de lo que hago, me gusta, pero creo que lo veo desde una perspectiva diferente. Los actores tenemos la maldición de ver nuestro trabajo y concentrarnos solo en eso, somos muy obsesivos, mientras que el forjador que ve el programa tiene la amplitud de ver todo.

¿Cómo ha sido su relación con la fama?

Empecé a trabajar a los 16 años y ya tengo 43, y no lo vivo como algo extraordinario, sino más bien como parte del proceso y el efecto de lo que hago. La fama no me incomoda, y tampoco soy ambicioso, me disfruto muchísimo el trabajo y cuando tengo ganas de conectar con otras cosas para darme un respiro me voy de viaje con mi esposa para desconectarme y no sentir que todo el tiempo me están viendo. No lo padezco, lo disfruto.

¿Se arrepiente de haber hecho algún personaje?

No me arrepiento, pero tuve una experiencia particular. Cuando hice Pasión de gavilanes me fui a España a trabajar y al Gato [Baptista], a Mario [Cimarro] y a mí nos estaban esperando 3.000 personas en el aeropuerto con carteles, no podíamos salir a la calle porque la novela la veía todo el mundo, y hubo un momento, por primera vez en mi vida, de mucho pánico, porque tenía esa sensación de que todo el mundo estaba encima. Los fines de semana que no trabajaba me iba de Madrid, escapando un poco de eso, y cuando llegaba a los países de Europa del este pasaba lo mismo.

*El periodista viajó a México, antes de la pandemia, por invitación de History.

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