Con los ojos en el agua

El peligro que corre la disponibilidad del líquido preciado en Colombia y otros países ha motivado a gobiernos europeos a priorizar en sus agendas la recuperación de cuencas.

La Embajada de los Países Bajos apoya en Colombia un plan estratégico para la descontaminación de la cuenca Cauca-Magdalena. / Archivo

La riqueza hídrica de Colombia es evidente: según el último Estudio Nacional del Agua, el recurso del país supera en seis veces la oferta mundial y es tres veces mayor que la de Latinoamérica.

Sin embargo, el mismo documento advierte que la disponibilidad del agua para los habitantes es baja, pues cerca del 80% de la población y las actividades económicas del país están localizadas en cuencas con déficit natural.

La enorme diferencia entre el agua que posee Colombia y a la que puede acceder genera dudas sobre el futuro del recurso y ha despertado el interés de actores de todo tipo que buscan soluciones en las comunidades, el gobierno y la ciencia.

Por ejemplo, para Naciones Unidas y los países que hacen presencia en Colombia con sus agencias de cooperación, el agua es una prioridad inminente.

Durante una reunión preparatoria del Segundo Encuentro por el Agua realizado por Isagén, con el apoyo de WWF y la campaña Bibo de El Espectador (el cual tendrá lugar el próximo 20 de noviembre), Alicia Lozano, de la Embajada de los Países Bajos, enumera los gigantescos proyectos que su organismo tiene en marcha para la gestión del recurso hídrico en Colombia.

Por ejemplo, en la actualidad construyen un plan estratégico para dos regiones hidrográficas: la de los ríos Magdalena y Cauca y la del mar Caribe. Con este pretenden devolverles a estos gigantescos cuerpos de agua el espacio que han perdido por la contaminación y la deforestación.

Asimismo, esta embajada participa en la elaboración del Plan Maestro de Zonas Costeras, que busca proveer herramientas técnicas para integrar las visiones de río y mar y que además, según advierte, hará énfasis en la situación del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Por su parte, el modus operandi de las estrategias desarrolladas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es motivar la declaración de áreas protegidas en cuencas y en el mar.

Jimena Puyana, oficial de Energía y Medio Ambiente del organismo, explica lo valioso que ha sido empoderar a comunidades en el conocimiento de sus ríos para que comprendan la importancia de conservarlos y de mejorar las prácticas alrededor de estos. “Luego, son ellos mismos los que terminan pidiendo que sus territorios queden bajo alguna figura de protección”.

La experta menciona como de manera exitosa las familias de la cuenca alta del río Cauca, entre los municipios de Puracé y Popayán, justo en el Macizo Colombiano (donde se produce gran parte del agua que abastece al país), entendieron la importancia de su territorio y construyeron un plan de adaptación al cambio climático acorde a las características culturales de la zona (donde confluyen los cabildos indígenas Kokonuco, Paletará, Poblazón, Puracé y Quintana), al tiempo que han solicitado figuras de protección para más de 100 zonas estratégicas.

Así, la Agencia de Cooperación Suiza también destaca la construcción de una planta de aguas residuales en Duitama y un plan piloto para que los colombianos midan su huella hídrica.

Pero el problema no es exclusivo de Colombia. Según la OMS, en 2025, cerca de 2.000 millones de personas vivirán en países o en regiones donde la escasez de agua será absoluta y los recursos hídricos por persona estarán por debajo de los 500 metros cúbicos anuales recomendados, cantidad de agua que necesita una persona para llevar una vida sana e higiénica.