Un convenio entre niños y padres

Los niños que han establecido una relación positiva de apego hacia sus padres cuentan con una base segura para explorar su entorno social.

Las relaciones de apego seguras están vinculadas con el suministro de un cuidado sensible. / 123rf

Las relaciones de apego son los vínculos afectivos que los niños pequeños establecen con sus padres. Estas relaciones son cruciales para el bienestar del niño y para su desarrollo emocional y social.

Según la teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista inglés John Bowlby, los niños que han establecido una relación positiva de apego hacia sus progenitores cuentan con una base segura desde la cual explorar su entorno.

Diferentes investigadores describen las relaciones de apego de los niños clasificándolas como “seguras” o “inseguras y desordenadas”. Según Marsha Lucas, psicóloga con especialidad en neuropsicología, un niño con apego seguro confía en que la figura con la cual ha establecido una relación afectiva estará a su disposición como fuente de bienestar y alivio en los momentos de tensión. Por el contrario, aquellos niños con apego inseguro o desordenado no tienen expectativas constantes en cuanto a la capacidad de su padre o de su madre de ofrecerle ayuda para afrontar dificultades emotivas.

“El apego que desarrollemos en la infancia con nuestros padres es un convenio de por vida. Esto dirige e influencia la forma como interactuamos con los demás y como vemos nuestras relaciones y, aunque nos neguemos a creerlo, influye profundamente en los tipos de parejas que atraemos y que nos atraen”, asegura Lucas en su libro Reconecte su cerebro para el amor. ¿Cómo crear relaciones vibrantes?, de Editorial Panamericana.

Las relaciones de apego seguras están vinculadas con el suministro de un cuidado sensible. De acuerdo con Mary Ainsworth, doctora en psicología de la Universidad de Toronto, la sensibilidad consiste en la capacidad de la madre o del padre para observar e interpretar exactamente las señales y comunicaciones implícitas en el comportamiento de su hijo y, una vez adquirida dicha capacidad comprensiva, brindar una respuesta pronta y apropiada.

Sin embargo, la sensibilidad no es el único factor importante. Otros estudios han revelado que la capacidad de los padres de pensar en lo que el niño piensa y siente está relacionada con la seguridad de la relación de apego, lo cual facilita que el niño desarrolle la habilidad de controlar sus emociones: una destreza importante en la formación de buenas relaciones a lo largo de su vida.

Por el contrario, la ausencia de una relación afectuosa y positiva con los padres, el apego inseguro y la vigilancia y participación inadecuadas en el cuidado de los niños pueden incrementar el riesgo de que éstos manifiesten problemas de conducta. El desorden en las relaciones de apego está firmemente vinculado con comportamientos agresivos durante la niñez y con trastornos de la salud mental durante la adolescencia. Se considera que una de sus causas es la ausencia de una comunicación afectiva entre los padres y el niño. Este apego desordenado suele manifestarse cuando los padres se comportan de manera hostil e invasiva con los niños o cuando se apartan o muestran temor. Tales comportamientos son comunes cuando predomina la discordia matrimonial, cuando el niño es víctima de abandono o de abusos.

En ese sentido, es necesario comprender que aunque los bebés dependen totalmente de otros, no son receptores pasivos de atención y de afecto.

Los niños son capaces de construir vínculos fuertes con sus padres. Estas relaciones ofrecen a los niños seguridad física y emocional y les permiten construir una identidad personal, adquirir aptitudes, conocimientos y conductas que pondrá en práctica a la hora de relacionarse con el mundo.

 

 

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