Un aliado en entredicho

Reportes revelados por Wikileaks prueban de qué manera el Departamento de Estado y la Embajada en Bogotá descalificaron a empresa clave en apoyo en Colombia y Afganistán.

La compañía Vertical de Aviación, con su flotilla de 12 aeronaves propias y otras cuantas alquiladas, representa hoy un soporte logístico clave para las Fuerzas Militares de Colombia. Y también es la única contratista nacional en la misión que desarrolla Estados Unidos en Afganistán. Pero hace un año le fue negada una licencia para importar bienes incluidos en la lista de municiones de EE.UU. tras un monitoreo que sacó a relucir las dudas de Washington sobre esta exitosa empresa familiar y su público gestor, Byron López Salazar.

La letra menuda de esta frustrada negociación, incluyendo 12 inéditos reportes sobre presuntos vínculos del empresario López Salazar con actividades ilícitas, quedó al descubierto en la correspondencia diplomática de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, conocida gracias a Wikileaks. Y la historia comienza el 24 de septiembre de 2009, cuando el Departamento de Estado de EE.UU. le solicita a su Embajada en Bogotá información sobre la firma Vertical de Aviación para saber si se le puede otorgar una licencia especial.

El documento especifica que de acuerdo con las exigencias del organismo rector del Departamento de Estado para este tipo de solicitudes, sobre todo para quienes apoyan las labores de Estados Unidos en Irak o Afganistán, es importante la asistencia de la Embajada para estudiar los antecedentes de los intermediarios. Por eso, le pidió a la delegación en Bogotá hacer una visita a Vertical de Aviación para evaluar sus operaciones, confiabilidad, antecedentes y organización, con el fin de saber si era pertinente conceder el permiso requerido.

El 12 de noviembre de 2009 la Embajada de Estados Unidos en Colombia remitió un cable a Washington reportando que se realizó la visita a Vertical de Aviación y quedó claro que lo que buscaba la empresa era importar equipos de visión nocturna para helicópteros en su misión de apoyo a las Fuerzas Militares. El documento detalló los términos de la inspección al hangar con acceso restringido de la empresa y las explicaciones de su vicepresidente, Juan Carlos Lozano, incluyendo las particularidades de sus clientes nacionales y extranjeros.

La Embajada precisó en su informe que Vertical de Aviación tiene como sus principales clientes a las Fuerzas Militares de Colombia y a las compañías nacionales de energía, pero que también desarrolla actividades en Perú, Ecuador y México. Reportó que lo hizo con Venezuela en el pasado reciente y que, en el área de transporte, tiene contratos con el ejército de Estados Unidos y su misión en Afganistán. El informe incluyó las distintas modalidades de trabajo de la empresa y sus pretensiones para ampliar sus servicios profesionales.

En el cable diplomático, el entonces embajador William Brownfield conceptuó que en el caso de otorgarse la licencia requerida, ésta sólo cobijaría contratos con el Gobierno colombiano y que el objetivo fundamental sería que la empresa se posicionara en la provisión de servicios en materia de visión nocturna y radares para la operación aérea. Por lo demás, el documento detalla cómo la empresa desarrolla sus actividades de mantenimiento, operación y entrenamiento, y de qué manera existe una adecuada seguridad en las labores que despliega la compañía Vertical de Aviación.

La respuesta del Departamento de Estado, con la firma de su secretaria Hillary Clinton, llegó el 4 de enero de 2010. Una vez más quedó explícito cuál era el marco legal para tramitar la prelicencia solicitada y cómo una instancia denominada “Linterna Azul” requería información específica de Vertical de Aviación para atender su solicitud de importar sistemas de cámaras para helicópteros. La exigencia obedecía a que aún existían serias dudas de “Linterna Azul” para conceder el permiso y era preciso resolver esas discrepancias concretas.

Citando reportes clasificados por la Embajada en el pasado, el Departamento de Estado recordó que ya existían informes sobre Vertical de Aviación, su anterior denominación Helitaxi Ltda. y su propietario Byron López Salazar por presuntos nexos con corrupción, narcotráfico y lavado de dinero. La solicitud añadió que se consultó con organismos como el FBI y la DEA, y se confirmaron los reportes. Las firmas Jane’s y Dun & Bradstreet corroboraron el análisis del Departamento de Estado sobre la empresa.

Pero el documento remitido desde el Departamento de Estado fue más allá e incluyó 12 reportes fechados entre 1994 y 2004 sobre las presuntas actividades de Helitaxi, después llamada Vertical de Aviación, y sobre su dueño Byron López. En el primero se lee que investigando comunicaciones entre el expresidente Alfonso López Michelsen y el extinto narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, se cree que Byron López tenía contactos criminales. Y luego se agrega un reporte donde se afirma que la empresa fue creada con dineros del narcotráfico.

El tercero es aún más comprometedor y dice que helicópteros de propiedad de Helitaxi aterrizaron en Barua, fueron cargados con químicos no identificados y los llevaron a un laboratorio localizado en una finca. Además, quedó escrito que los números de registro de los helicópteros fueron cambiados para propósitos ilegales. Y el dossier siguió. Otro informe habló de Helitaxi metido en el tráfico de heroína; de formar parte junto con Aviación Total y Aerotumi de Perú de ser una empresa relacionada con los carteles de la droga y hasta de negocios ilícitos.

Por ejemplo, se relacionó a Helitaxi vendiendo una aeronave al narcotraficante Leonidas Vargas; también, el comentario del analista en la industria del petróleo Carlos Alberto Plata, en el sentido de que Byron López había lavado hasta US$5 mil millones; que el exitoso empresario mantenía activas relaciones con el dueño de Servientrega Jesús Guerrero, el expresidente de Colombia César Gaviria o el lavador de dinero de Pereira Uto Sáenz. Otros reportes dieron cuenta de cómo la DEA vigilaba las aeronaves de López y de qué forma crecía el número de rusos trabajando con él.

En consecuencia, el Departamento de Estado le solicitó a la Embajada en Bogotá incentivar la búsqueda de información para tener certeza sobre la vigencia y actualidad de Vertical de Aviación no sólo para verificar sus accionistas, sino para saber si estaba controlada por extranjeros. De hecho, la petición recordó cómo otras fuentes detallaron que en el fondo la empresa era una subsidiaria de Servicios Internacionales Ícaro de Panamá y que en ese sentido podría estar violando leyes federales del gobierno de Estados Unidos.

Por eso insistió en detallar qué compañías mantenía Ícaro por fuera del país y que Vertical de Aviación proporcionara las fechas precisas de su relación con esta firma en Panamá. Con una preocupación adicional: el alto número de empleados de nacionalidad rusa. Tratándose de una solicitud para importar una tecnología particularmente sensible, el Departamento de Estado dejó constancia de la necesidad de verificar cada uno de los reportes y proveer los nombres completos de los rusos trabajando con la empresa.

La respuesta de la Embajada de Estados Unidos en Colombia quedó consignada en un cable del 27 de enero de 2010. Y en esencia quedó establecido que después de las consultas con los organismos especializados, entre ellos el FBI y la DEA, se confirmaron los reportes sobre Helitaxi, Vertical de Aviación y Byron López Salazar. Y en vista de que este último fue calificado como un reconocido lavador de dinero, la Embajada recomendó no otorgarle la licencia a Vertical de Aviación para importar bienes incluidos en la lista de municiones de EE.UU.

Sin embargo, en el documento de la Embajada, suscrito por William Brownfield, quedaron reseñadas las dudas respecto a los propietarios actuales de Vertical de Aviación, todo porque Byron López, en los documentos de registro, no aparece como dueño. Según los papeles, el propietario es su hijo Mauricio Lopéz Espinosa y también aparece su segundo hijo Fernando, quien además tiene nacionalidad colombiana y norteamericana. Pero la compañía matriz es Ícaro, constituida en Panamá, con la presidencia de Julio César Morales.

El cable diplomático incluyó, aportando los datos precisos de la compañía en Panamá, todos los nombres de los empleados rusos de la empresa, los datos de la DEA y las alertas bancarias sobre operaciones sospechosas, así como la confirmación de que Vertical de Aviación tiene acuerdos aéreos con Estados Unidos. No obstante, y en vista de la información recaudada, la Embajada recomendó no concederle la licencia a la empresa.

En efecto, como lo confirmó el vicepresidente de Vertical de Aviación, Juan Carlos Lozano, a El Espectador, no les dieron la licencia. Aún así, el ejecutivo sostiene que su empresa es “un orgullo nacional”. Según él, lleva 29 años trabajando en Colombia, ha sido un soporte clave para las petroleras y las Fuerzas Militares, y desde 1992, en el contexto de la Perestroika, decidió adquirir aeronaves rusas que les han permitido multiplicar sus actividades no sólo en Colombia, sino en Ecuador, México y, por supuesto, en Afganistán.

Sobre este último aspecto, Lozano comentó que las tareas de Vertical de Aviación en Afganistán corresponden a contratos con entidades de defensa de EE.UU. y se limitan a apoyo logístico para entrega de alimentos o pertrechos. “Las aeronaves no participan en acciones de guerra y sólo hacen vuelos en áreas seguras a puestos seguros”, insistió Lozano, quien admitió que hoy trabajan unas 100 personas en el país asiático y que él mismo abrió las operaciones en Kabul, donde su personal experimentado trabaja con mucha seguridad.

Negó cualquier vinculación de la empresa y de Byron López con el narcotráfico y calificó como un infortunio que aparezcan informaciones para afectar el trabajo de una empresa que, en su opinión, es trascendental para Colombia. “Ustedes no saben lo que significa recoger o llevar alimentos a los soldados en medio de la selva colombiana. Yo llevo 20 años trabajando por esta compañía y puedo garantizar que lo que se está diciendo no es cierto. Vertical de Aviación y sus 500 empleados sólo trabajan por la seguridad de Colombia.

El Espectador consultó también al secretario de seguridad de la Aeronáutica Civil, coronel Germán García, quien expresó que en general la empresa Vertical de Aviación ha tenido buen comportamiento, un crecimiento significativo y escasamente ha tenido dos sanciones en los últimos años por fallas en algunos procedimientos de mantenimiento. Sin embargo, reconoció que la empresa ha tenido algunos accidentes y que como las demás empresas del sector, es objeto de una estricta vigilancia en todas sus operaciones. Negó de plano nexos de carácter ilícito.

Lo cierto es que si bien Vertical de Aviación es hoy un soporte de las Fuerzas Armadas en Colombia y apoya a Estados Unidos en su misión en los 800 mil kilómetros cuadrados en Afganistán, el gobierno en Washington, después de una extensa documentación y correspondencia epistolar entre el Departamento de Estado y su Embajada en Bogotá, le negó una licencia para fortalecer la visión nocturna de sus equipos por la existencia de 20 reportes de la DEA sobre supuestas actividades relacionadas con narcotráfico de su gestor. Sean rumores o no, pesó la incertidumbre sobre sus socios y los reportes sobre el pasado, aunque no comprobado, de su gestor Byron López Salazar.

Un empresario con diversidad de negocios

De Byron López Salazar se ha hablado mucho, pero se sabe poco. Nacido en Pereira hace 74 años, desde su juventud ha sido un negociante consumado. Fue periodista, empresario de arte, intermediario financiero, comisionista de bolsa y empresario de aviación.

Estuvo casado con la exsenadora y exdiplomática María Paulina Espinosa, y es padre de tres hijos: Mauricio, Fernando y Paula. Los dos hombres heredaron la dirección de sus negocios y la hija es diseñadora de joyas con notable éxito.

Ha incursionado en el negocio de las esmeraldas, se sabe de sus cercanas relaciones con el expresidente César Gaviria y que también fue hombre de confianza del presidente Alfonso López. Nunca ha tenido líos personales con la justicia colombiana.

La historia de Vertical de Aviación

Según el certificado de existencia y representación legal, la empresa Vertical de Aviación nació el 27 de noviembre de 1982. Primero se llamó Helitaxi Ltda. y, como lo confirmó su actual vicepresidente Juan Carlos Lozano, antes recibió aprobación del entonces director de Aeronáutica Civil, Álvaro Uribe Vélez.

En 1992 dio un paso significativo al adquirir varios helicópteros rusos. Este aporte le permitió expandir sus negocios a México, Ecuador, Perú, entre otros países. En 2002, según su vicepresidente Lozano, para buscar un nombre más fácil de mercadear adoptó la razón social que hoy identifica la empresa.

Ahora constituye un apoyo determinante en labores logísticas de las Fuerzas Militares y representa a Colombia en la misión norteamericana en Afganistán. Sus tripulaciones, así como su personal de tierra, al decir de Lozano, tienen una sólida capacitación y los estándares mínimos de control de calidad empresarial.

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