Importador de inteligencia

Un cable diplomático de Estados Unidos devela los negocios de una empresa colombiana que lidera la comercialización de equipos de inteligencia. Según su dueño, tiene contratos con el DAS, la Policía y la Fiscalía, con aval de la Embajada.

Bajo el título: “Licencia de equipos de interceptación” y la referencia de supervisión a un requerimiento oficial, la Embajada de Estados Unidos en Colombia, a mediados de 2006, reportó a Washington los resultados de una visita practicada a la empresa distribuidora, importadora y comercializadora de equipos electrónicos de comunicación Eagle Comercial Ltda. El contenido del reporte avala la legitimidad de la empresa, al tiempo que evidencia cómo opera uno de los negocios estratégicos en materia de seguridad e inteligencia.

En ese momento el cable diplomático expresó que Eagle Comercial ha tenido contratos con la Embajada norteamericana en Bogotá, las Fuerzas Militares y la Policía, y que está localizada en un edificio seguro en una zona relativamente segura de la capital colombiana. Posteriormente, el reporte a Washington detalla las tres respuestas a igual número de interrogantes formulados sobre su reputación, su historial en negocios de venta de equipos electrónicos y la seguridad de los mismos antes de atender otros negocios en México.

En principio, el cable ratificó las relaciones de la Embajada norteamericana con Eagle Comercial y cómo le proporcionó asistencia para firmar un acuerdo de representación con la compañía Táser, de Estados Unidos. El informe confirmó que la empresa está certificada por el Ministerio de Defensa para vender equipos de seguridad y precisó que durante la visita a sus oficinas se obtuvieron copias de sus últimos contratos, entre ellos uno renovado en enero de 2006 con la firma Harris Corporation, de Melbourne (Florida).

A la pregunta sobre el récord de negocios de Eagle Comercial, la Embajada contestó que la empresa comenzó a operar en 1997 y que hoy representa a las compañías estadounidenses Pen-link, Icom, Racom y Harris. Durante la visita sorpresa a sus instalaciones se consiguieron copias de sus contratos con el Ministerio de Defensa y documentación de un negocio en Nuevo León (México). Se trata, añadió la Embajada, de una empresa con 21 trabajadores, muy bien equipada para la venta y distribución de equipos electrónicos de comunicación.

Como la preocupación central era la seguridad de los equipos antes de llegar a México, la Embajada reportó su tranquilidad en esta materia. Y añadió que Eagle Comercial está localizada en una zona de restaurantes y embajadas, con guardias de tiempo completo y vidrios a prueba de ruido. Además, constató que dentro de las oficinas hay cámaras digitales de vigilancia, identificadores de voz y de correo que monitorean conversaciones telefónicas y actividad de computadores. Y también, que todo empleado nuevo es observado e investigado durante tres meses.

La conclusión de la Embajada norteamericana es que Eagle Comercial es un negocio legítimo, dotado de una tecnología de alta sensibilidad, único representante y distribuidor legal de Harris en América Latina, certificado con la norma de calidad ISO 9000 y, por lo tanto, idóneo para desarrollar un acuerdo con Nuevo León. En otras palabras, le dio el visto bueno a una empresa que, según el registro público del Departamento de Estado, cuenta en la actualidad con un agente representante en el estado de Florida (EE.UU.).

El Espectador
quiso conocer cuál es el derrotero de Eagle Comercial en Colombia y encontró que la sociedad fue constituida el 13 de agosto de 1997 en Bogotá y que su objeto social inicialmente fue “la comercialización dentro del país o en el exterior de frutos naturales de origen nacional o extranjero”. La empresa nació con un capital de $100 millones, a nombre de Sandra Patricia Montero y Alicia Vega, pero siete meses después, en una cesión de cuotas, permitió la presencia de Arquímedes Bonilla Vega, su actual propietario.

Ya en marzo de 1999 la empresa fue objeto de una reforma estatutaria para ampliar el objeto social de la sociedad hacia la prestación de servicios de vigilancia y seguridad privada, y la importación, fabricación, arrendamiento e instalación de estos mismos servicios. Y ese mismo año tramitó ante la Cámara de Comercio de Bogotá, para participar en un proceso licitatorio, la expedición urgente de un certificado para oficiar como representante exclusiva en Colombia de la firma norteamericana Smith Myers Communications.

Dos años después, en marzo de 2001, en un acta de la junta de socios, Arquímedes Bonilla informó que las utilidades del último año de actividades reportaban $337 millones y que quedaba aprobada por unanimidad la compra de dos oficinas en el sector de la calle 93, en el norte de Bogotá. Finalizando ese mismo año 2001, a través de una escritura pública, la empresa Eagle Comercial registró una nueva reforma estatutaria, esta vez para refrendar un aumento de capital a $1.400 millones, con la presencia de nuevos socios familiares.

En su última asamblea general de accionistas, registrada en marzo de 2010, Eagle Comercial S. A., además de la aprobación de sus estados financieros, reportó una utilidad después de impuestos superior a los $470 millones. Ya para entonces contaba con el contrato de distribuidor internacional exclusivo de la firma Táser Internacional Inc., una empresa que ha producido un debate internacional por la comercialización de un arma diseñada para incapacitar a la persona mediante descargas eléctricas, conocida como arma de electrochoque.




Para confirmar su éxito empresarial, en su propia página web corporativa, Eagle Comercial Ltda. hoy se autodefine como una empresa inspirada en la necesidad de suministrar y blindar soporte técnico de equipos electrónicos y de inteligencia a agencias gubernamentales y fuerzas de seguridad estatal. Por eso hoy cuenta entre sus clientes a la Policía, la Fiscalía, el DAS, el Ministerio de Defensa, las Fuerzas Militares, varias compañías multinacionales, la cuestionada Fondelibertad y, obviamente, la Embajada de Estados Unidos.

El propietario y gerente de Eagle Comercial es el ingeniero Arquímedes Bonilla Vega, un hombre de 48 años que dice haber entrado al negocio de los equipos de comunicación con fines de inteligencia porque supo de una empresa alemana que no tenía representación en Colombia. Sostiene que nunca ha sido multado, que su tecnología ha sido muy eficaz para liberar personas secuestradas y capturar delincuentes, y que puede dar fe de la idoneidad de sus empleados porque todos son sometidos a pruebas de polígrafo e investigación.

Tiene tres sedes en Bogotá donde se trabaja con la máxima confidencialidad; admite que en las propias sedes de sus clientes públicos y privados ha capacitado a cerca de 1.500 personas en el uso de sus equipos electrónicos; que también negocia con el Ejército botas especiales para las travesías de las tropas en la selva; que su filosofía de trabajo radica en compartir información y trabajar con extremo sigilo; y que ha ayudado a estructurar y aportar soluciones integrales a las salas de inteligencia de varios organismos del Estado.

En 2005, el nombre de su empresa salió a relucir porque en un contrato con el Fondo Rotatorio de la Policía sus equipos no fueron efectivos a la hora de interceptar llamadas telefónicas entre celulares que utilizaban tecnología Simcard. En ese momento se produjo un control de advertencia de la Contraloría a la Alcaldía de Bogotá y la Policía Metropolitana. Hoy, Bonilla asegura que el problema se originó por una modificación en las compañías de celulares, pero que el tema se superó y su empresa cubrió los costos y ajustó los equipos.

De igual modo, indirectamente Eagle Comercial se ha visto inmersa en la polémica internacional que se ha gestado por el uso del arma de electrochoque, que vende como representante exclusivo de la empresa norteamericana Táser. La controversia se origina en el hecho de que la pistola de electrochoques ha recibido fuertes críticas de diversas organizaciones de derechos humanos en el mundo y, en particular, el Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura, ha reiterado que el uso de armas Táser puede constituir una forma de tortura.

Aún así, a finales de 2009, la Policía decidió comprarle a prueba 140 armas Táser
con sus respectivos accesorios. La noticia pasó de agache en Colombia, pero en el estado de Arizona, en Estados Unidos, fue presentada como el eventual comienzo de los tiempos de Robocop en las calles colombianas. Incluso, el presidente fundador de Táser, Tom Smith, comentó que el contrato con la Policía servía para comenzar pruebas y una evaluación por parte de la institución que, en ese momento, contaba con aproximadamente 140 mil agentes.

Aunque Bonilla insiste en que por la naturaleza de su negocio la mayoría de sus contratos son confidenciales, en el registro de proponentes, certificado por la Cámara de Comercio, se lee que Eagle Comercial provee aparatos para grabar y reproducir imágenes y sonido; armas y municiones con sus partes y accesorios; mantenimiento de equipos electrónicos; transmisión satelital de datos y servicio de vigilancia, entre otras actividades. Además, incluye seminarios de capacitación e inspección y ensayo no destructivo de sus productos.

Bonilla Vega reitera que algunos de los cursos que imparte su compañía cuentan con permiso del gobierno de Estados Unidos; que su línea de productos se ha expandido con equipos de comunicaciones basados en las industrias marina, aérea y comercial; y que su meta a mediano y largo plazo es convertirse en una de las más importantes compañías en el negocio de la instalación, venta y suministro de equipos de telecomunicaciones, incluyendo el desarrollo de su propio software.

En resumidas cuentas, Eagle Comercial tiene un creciente protagonismo en Colombia en las diarias tareas de inteligencia del Estado y la empresa privada contra la ilegalidad, del cual apenas empieza a tenerse conocimiento. En contraste, como quedó reseñado en uno de los cables diplomáticos liberado por Wikileaks, se trata de una compañía que comercializa alta tecnología de los Estados Unidos y tiene contratos vigentes con su Embajada, así como negocios crecientes con el DAS, la Fiscalía, las Fuerzas Militares y la Policía.

Los pasos de una actividad confidencial

Según explicó el propietario y gerente de la compañía Eagle Comercial, Arquímedes Bonilla, no puede hablar en extenso sobre las actividades de seguridad y vigilancia que desarrolla en su empresa, en razón a que con las diversas instituciones del Estado, con quien tiene contratos vigentes, se firma una cláusula de confidencialidad. Sin embargo, explica en términos generales, que su gestión ha permitido luchar contra la delincuencia, liberar a secuestrados o contribuir con la defensa de ciudadanos indefensos. Cuando se le pregunta específicamente si su empresa hace interceptaciones telefónicas, dice de manera vehemente que su función es de proveedor de equipos y de mantenimiento de los mismos en muchos casos, “yo proveo equipos, pero no tengo la obligación ni la capacidad para establecer si se está haciendo un uso indebido de ellos, eso es responsabilidad de cada funcionario, si así estuviese sucediendo”. En otros negocios la empresa suministra alimentos.

El convenio externo para los equipos Táser


A finales de 2008 la empresa Eagle Comercial hizo una importante negociación para ampliar su portafolio de productos de seguridad e inteligencia. En Estados Unidos firmó un contrato como distribuidor de Táser Internacional Inc. Ante el acuerdo la compañía colombiana obtuvo la exclusividad para manejar una gama de ocho productos específicos, entre ellos para la defensa y seguridad de las autoridades y ciudadanos. Se estima que una pistola Táser convencional tendría un precio en el mercado aproximado de $800 mil. Para la empresa, el Táser es un arma convencional no letal, que por el contrario salva vidas. La utilización del arma, según el propietario de la firma, Arquímedes Bonilla, genera un bloqueo del sistema nervioso central a quien recibe el impacto. Y si se abusa de la pistola tiene un sistema de protección que la controla.

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Norbey Quevedo H.

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