“Mensajeros de vida y Conservación”, un programa de la Fundación Arts Colleguim

La fotografía como forma de vida y reivindicación

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El programa se desarrolla con niños, adolescentes y personas mayores, quienes acceden a talleres y clases de fotografía para conocer, entender y apropiarse de la riqueza cultural y natural de sus entornos. Una iniciativa inspiradora que lleva una década en servicio.

“La fotografía es una excusa para que los niños, adolescentes y adultos reflexionen acerca de lo que son como personas, sus sueños, motivaciones y qué pueden aportar en sus comunidades. Eso es lo más significativo en esto diez años de labor”. Estas son las palabras de Claudia Ruiz, directora y creadora de la Fundación Arts Colleguim, una organización sin ánimo de lucro, que busca transmitir los mensajes y propuestas del arte no solo a las nuevas generaciones de niñas, niños y jóvenes sino a los colombianos de todas las edades, creencias y culturas.

Este proyecto lleva una década al servicio de la comunidad y se desarrolla en el municipio de Guasca y hace tres años en Guatavita. Fue el resultado de una experiencia personal de Claudia, quien es diseñadora industrial de profesión y artista plástica, que mientras trabajaba en una obra relacionada con el tema de violencia en Colombia, los secuestros, el narcotráfico y los momentos dolorosos de los años 90, sintió esa sensibilidad y ese golpe de la tragedia que vivía el país y ese dolor que llegó a lo más profundo de su corazón. Pero como ella señala, “no quería lamentarme y no hacer nada. Tenía que pasar a la acción y fue ahí cuando creé la fundación que inmediatamente pensé debía manejar temas de cultura, naturaleza y tradición”.

Ella vivía en Guasca, Cundinamarca, desde 1993 y en con la conexión con el campo, los paisajes exuberantes y el empezar a conocer la obra de Luis Benito Ramos, uno de los piones de la fotografía en Colombia y en Guasca, así entendió que ese sería el vehículo para exaltar la biodiversidad de su entorno y una oportunidad para conocer, apropiarse y cuidar de la naturaleza. Con la pasión y dedicación que la caracterizan dio ese paso de fe para iniciar el piloto de fotografía en el año 2.010, el cual inició con ocho talleres, que se extendieron a 16, y la respuesta positiva de una comunidad ávida del arte, el conocimiento de la naturaleza, la curiosidad de la tecnología y ese empeño de contar otras historias lejos de la violencia.

Acá la galería de los estudiantes de la Fundación Arts Colleguim

En Guatavita la identidad se conserva gracias a las tradiciones que han sobrevivido al progreso.

Al estructurarse el piloto se planteó que la fotografía sería una herramienta para desarrollar identidad siempre enlazada con preguntas como, por ejemplo: quién soy, para dónde voy y cuál es mi relación con el entorno y que la mayoría de los asistentes entiendan que ellos están en capacidad de movilizar su entorno. Que con cada experiencia de sus vidas pueden construir un mejor futuro y ser partícipes activos de esas nuevas historias. Ha sido un trabajo continuo en estos diez años y que tiene como objetivo seguir impactando las vidas de las personas y servir como inspiración para lograr los sueños de cada persona.

“La fotografía toco mi corazón y estimuló mi ser. En aquel tiempo tenía diez años y fui una de las primeras alumnas. Ahora veo el mundo diferente y una fotografía en donde todos ven una simple gota de agua. Todo ha sido una gran aventura y lo que más me ha gustado de este proceso han sido las salidas de campo porque he conocido nuevos lugares y nuevas especies de animales que no sabía que habitaban en nuestro municipio y lo que me enamoró de esto fue el avistamiento de aves dejándome intrigada por estos bellos animales. Ahora la fotografía, el avistamiento y estudio de las aves, especialmente rapaces, son una parte importante en mi vida”, dice Daniela Olarte una de las voluntarias.

Como Daniela, son más de 600 personas que han pasado en estos diez años por la Fundación y el programa “Mensajeros de vida y Conservación”, el cual cuenta con docentes que dictan los talleres y, a través de sus experiencias, invitan a los demás a la reflexión y esa búsqueda de sentido de vida, apropiación e identidad. Este proyecto que se ha gestado paso a paso, con la paciencia que caracterizan los inicios y la suma de esas personas indicadas, conexiones perfectas para otros, es un trabajo mutuo de aprendizaje y experiencias significativas.

En palabras de Emilio Aparicio, tallerista, “llegué a la Fundación Arts Collegium cuando era estudiante de la universidad. Apenas en segundo cuatrimestre nos invitaron a visitar el municipio de Guasca para hacer un acompañamiento a jóvenes del pueblo y compartir algo de nuestros conocimientos en fotografía”. Ese día se conoció con Claudia y fue suficiente tener varios encuentros para saber que podían trabajar de la mano. Semanas después empezó a dar clases de fotografía en la fundación.

Esas clases que en estos diez años han sido una oportunidad para que los niños conozcan la diversidad de la naturaleza, la cultura gastronómica y los territorios turísticos de Colombia. Brayan Ferney Muñoz, es alumno del proyecto que se desarrolla en Guatavita, tiene 12 años, está en grado sexto, lleva un año en el programa y con su energía, que caracteriza a los niños, dice que “en estas clases aprendemos mucho. Más que tomar fotos nos enseñan a comprender la cultura, la gastronomía y soñar”. Y es que, en esos talleres, los docentes son de diversas ramas y les enseñan de arte, filosofía y biología por mencionar algunos.

“Desde hace seis años nos hemos enfocado en la fotografía de naturaleza. Es increíble cómo se aprende de todos los ecosistemas, su importancia y esa conexión que genera”, destaca Claudia Ruiz, quién además rememora una de las primeras salidas de campo con un grupo de niños y jóvenes a la Laguna de Siecha, esa emoción de conocer su entorno, maravillarse con los paisajes y entender la importancia de cada planta, animal o especie en su hábitat. En esas salidas de campo, se dieron cuenta de que muchos niños y adultos nunca habían ido a la laguna y sus alrededores entonces, fue otra razón para hacer más salidas e involucrarlos con lo que los rodea, porque no se puede cuidar y proteger lo que no se conoce. A este proyecto se sumaron dos actores clave quienes han hecho posible que cada día se fortalezca: el Ministerio de Cultura y Conservación Internacional Colombia.

En este contexto, los estudiantes voluntarios, en estos años han presentado varios proyectos de fotografía en donde la sensibilidad y el talento son los protagonistas. Este año al cumplir una década de servicio a la comunidad, ha sido un año extraño de cambios, como le ha pasado a todo el mundo, con la pandemia generada por el coronavirus, y los ha llevado a reinventarse. Tanto que en medio de la cuarentena los kits de fotografía para celular fue un detalle para los estudiantes quienes en el aislamiento obligatorio pudieron registrar sus realidades. En esta, los sabores de la casa, esas recetas de cada familia y sus tradiciones fueron uno de los temas, al igual que las plantas que los rodeaba. Obturar para tener esos instantes y volverlos eternos, y claro la asistencia a los talleres es 100% virtual.

Este viaje que ya completa una década deja experiencias gratas y esa valentía de seguir adelante trabajando por un mejor futuro, en el que todos participan, grandes y chicos, no hay excepción en la construcción, todos los saberes son determinantes. “Lo más significativo es ver cómo muchos de nuestros estudiantes encontraron en la fotografía un medio de expresión y de vida. En mi caso, todas las personas que trabajan en mi empresa fueron estudiantes de la Fundación y hoy pueden llevar un sustento a sus casas haciendo lo que aman y no lo que se les impuso”, resalta Francisco Contreras, tallerista de fotografía, quien llegó al proyecto porque como él dice “moría por enseñar todo lo que había aprendido en sus estudios de fotografía en el exterior”.

El camino que queda por recorrer es amplio, pero avanzan con la convicción de seguir dejando huella en todas las personas que participan en los talleres. “Las mejores cosas son las que no se ven y estamos seguros de que en la vida de cada persona hemos generado una huella indeleble y queremos seguir trabajando por la comunidad y esa construcción constante de mejores realidades”, concluye Claudia Ruiz, directora de la Fundación Arts Colleguim.

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