Por: Marcos Peckel

1.027 a 1

Al momento de escribir estas palabras, el soldado israelí Gilad Shalit se encuentra en casa con su familia después de cinco años de cautiverio en Gaza en manos de Hamas, mientras que el primer contingente de los 1.027 prisioneros palestinos ha salido de cárceles en Israel hacia su propio destino.

Este intercambio ha desatado un fuerte debate en Israel, donde familiares de las víctimas de los atentados suicidas cometidos por varios de los terroristas a ser liberados han manifestado su oposición, acudiendo incluso a la Corte Suprema con el fin de detener el canje. En Colombia, donde hay soldados y policías secuestrados hace trece años, no somos ajenos a este debate.

Ya en el pasado Israel ha tenido que realizar este tipo de intercambios, que totalizan 13.509 contra 16 israelíes, en un caso incluso intercambiando prisioneros por cadáveres de dos soldados asesinados por Hezbola.

Entre los liberados figuran representantes de lo más abominable que ha producido el género humano. Terroristas que no sólo causaron la muerte a sus víctimas inocentes en Israel, sino que para lograrlo adoctrinaron y enviaron adolescentes palestinos a inmolarse, sacrificando sus incipientes vidas y sueños en aras de simplemente asesinar, acarreándole además un gran perjuicio a la causa palestina. Varios de los liberados seguramente volverán a sus siniestras andanzas. Otros posiblemente abandonen el terrorismo y se dediquen a la política. Otros simplemente volverán a sus familias.

El complejo acuerdo entre Hamas e Israel, implacables enemigos, profundiza aún más la división palestina entre Hamas y Fatah, que se ha convertido en un juego de “suma cero”. Cuando uno gana, el otro pierde. Esta victoria de Hamas es una derrota para Mahmud Abás, quien había acaparado la iniciativa al presentar a la ONU el reconocimiento del Estado palestino, a lo que Hamas se opuso. Un Hamas envalentonado con esta victoria, que incluye además un relajamiento del bloqueo a Gaza, será sin lugar a duda una piedra en el zapato en este nuevo proceso de paz que se abre a raíz de la propuesta a la ONU. El islamista Hamas que controla la Franja de Gaza se ha negado reiteradamente a reconocer a Israel y ha sido exitoso en sabotear acercamientos entre las partes.

Netanyahu demostró que puede tomar decisiones dolorosas y valientes. En momentos en que bajo los incandescentes reflectores de los medios y con la espada de Damocles del reconocimiento palestino en el Consejo de Seguridad, habrá que ver si Netanyahu hace uso de este mismo coraje para logar un acuerdo con los palestinos antes de que la ventana de oportunidad de la solución de dos estados se cierre completamente.

No depende sólo de Israel. El presidente palestino Abás tendrá igualmente que asumir valerosos compromisos para lograr la paz con el Estado judío a sabiendas de que en el ocaso de su carrera esta es su última oportunidad de crear el Estado palestino, con Hamas respirándole en la nuca para hacerlo fracasar.

Bienvenido a la libertad el soldado secuestrado.
 

 

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