Por: Pedro Viveros

1989: los días después...

Miguel Torres, el escritor bogotano, conocedor de la historia y sus microrrelatos, especialmente de la vida y muerte de Jorge Eliécer Gaitán, escribió una novela sobre lo sucedido en Bogotá el día siguiente al asesinato del líder liberal. Recrea los escombros de la capital del país el 10 de abril de 1948. El nombre de la novela habla por sí solo: “La Invención del pasado”. Es una mezcla de ficción y realidad. Leer en sus 487 páginas el despertar de una sociedad y de una familia luego del Bogotazo, me permitió evocar el largo fin de semana que vivimos los colombianos entre el 18 y el 21 agosto de 1989. 

A las 8:45 pm del 18 de agosto de 1989, dos sicarios arremeten con sus ametralladoras desde la parte baja de la tarima que ocupa Galán entre simpatizantes y escoltas. A partir de ese momento Colombia cambió. Las noticias giraban entorno a la suerte de la vida del líder que luchaba por un “liberalismo nuevo” luego de su ingreso al Partido Liberal y la duda sobre el futuro y estabilidad democrática del país y sus instituciones. A las 10:45 pm de ese mismo día, el presidente Virgilio Barco es informado del deceso de Galán.

En aquella época veíamos con estupor cómo las noticias diarias aumentaban en víctimas y disminuían en propuestas. El 19 de agosto de 1989 a las 4 am, los restos mortales del Luis Carlos Galán ingresaban al Salón Elíptico del Congreso de la República, donde había sostenido una batalla frontal por recuperar las costumbres políticas en Colombia. Este primer día sin Galán las reacciones y los silencios fueron evidentes. La radio permitió conocer minuto a minuto las largas horas de los actos en su memoria. También pudimos conocer opiniones de todos los colombianos. Las palabras del expresidente conservador, Misael Pastrana Borrero, quien se dolía porque con su exministro de Educación caía el futuro de la nación. De García Márquez quien, siempre premonitorio, vaticinó a los narcos sobre la forma abominable en la que habían convertido al país “donde ustedes mismos no podrán vivir, ni sus hijos, ni sus nietos”. O la de un cronista quien escribió su opinión al decirle al propio sicario sobre Galán: “si lo hubiera conocido no lo hubiera matado”.

La velación del cadáver de quien el periódico El Tiempo el día de su crimen había publicado la última encuesta en materia electoral y le daba a Galán una favorabilidad del 60 por ciento, duró hasta el 20 de agosto. El 21 los colombianos pudimos ver una manifestación gigantesca encabezada por el propio presidente Barco y la familia Galán liderada por Gloria Pachón y sus tres hijos Juan Manuel, Claudio Mario y Carlos Fernando. Fueron tres días de un puente que sirvieron para unir un país entorno al dolor de una vida que ahora era cortejada por miles de personas que arengaban justicia y respeto a unos ideales.

El lunes 21 de agosto fue enterrado con una frase que nos recuerda María Elvira Samper en su libro “1989”, pronunciada por Monseñor Mario Revollo: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo”. La vida Galán fue una permanente lucha por reivindicar un discurso minoritario. Fue otro de los líderes de nuestra infantil Colombia que pretendió “¿arar en el desierto?”

El martes 22 de agosto el país volvió a su ritmo y pretendimos ser normales. El 23 de agosto “Los Extraditables” anunciaron “guerra total contra el Gobierno” y de paso contra todo el país. Pero Colombia siempre es Colombia y nos trae sus sorpresas. El 25 de agosto los estudiantes marchamos en silencio y propusimos un cambio de la Constitución vía una Asamblea Nacional Constituyente. La mayoría de los reclamos de Galán quedaron en la nueva carta, otros no.

El 1 de septiembre del mismo año a las 6:45, este periódico fue blanco de una bomba cuyo responsable fue el cartel de Medellín. Nunca fuimos los mismos desde esa noche de Soacha. Todos cambiamos, menos las ideas de Galán.  

@pedroviverost

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