Por: Rafael Orduz

1998 - 2018

EN 1998 LOS GRUPOS ARMADOS EStaban en pleno furor de expansión territorial. Las Auc y las Farc azotaban a la sociedad con masacres, secuestros y golpes a las Fuerzas Armadas. La paz se convirtió en el tema electoral.

Acuerdos como los del Nudo de Paramillo y Puerta del Cielo fueron suscritos entre representantes de la sociedad civil y algunos grupos armados. Los partidos políticos estaban en crisis. La tasa de homicidios era la más alta de América Latina. El jefe de las Farc dio el aval al futuro presidente, quien, de buena fe, pactó la zona de despeje.

Colombia proveía más del 60% de la cocaína mundial y fondos del narcotráfico nutrían las arcas de los violentos y de algunos políticos.

En 2008, después del engaño flagrante al país con la zona de distensión entre 1999 y 2002,  las Farc, replegadas en su retaguardia estratégica, eran golpeadas de manera irreversible por unas Fuerzas Armadas vigorosas, con el apoyo de la sociedad. Los grupos paramilitares habían sido desmantelados a pesar de un cierto grado de reciclaje posterior. La tasa de homicidios descendió dramáticamente. El Presidente, director de la estrategia de seguridad, gozaba de una popularidad sin precedentes, a pesar de repetir período. El optimismo ciudadano obedecía también a varios años de auge económico. Las exportaciones se habían duplicado en siete años y a pesar de las penas de la revaluación, el país modernizó importantes áreas de su parque productivo, aunque había problemas de desempleo.

Los partidos seguían en crisis de legitimidad. 

Aunque las autoridades cumplieron con su tarea en la lucha contra el narcotráfico, pese a discrepancias acerca del número de hectáreas, Colombia seguía proveyendo más del 60% de la oferta mundial de cocaína.

En el 2018 los problemas eran otros. Había dos escenarios: en el primero, Colombia tenía que lidiar de nuevo con una alta tasa de homicidios porque, a pesar de que algunos frentes de las Farc habían aceptado la negociación con el gobierno, otros se dedicaron al bandidaje, al igual que algunos grupos reciclados de antiguos paramilitares. Había frustración por la ausencia de verdad, justicia y reparación. Aunque las exportaciones, a pesar de un bajonazo mundial posterior al 2010, seguían repuntando, el 45% de su valor seguía dependiendo de productos tradicionales. Los partidos políticos carecían de la confianza ciudadana.

El otro escenario del 2018 fue el resultado de acuerdos políticos y ciudadanos para tratar el período de posconflicto, garantizando que la política de seguridad fuera fortalecida con elementos de cultura ciudadana. Se logró pensar a Colombia como una sociedad del conocimiento con visión de largo plazo. La tasa de homicidios se redujo aún más y hubo planes efectivos de reinserción. A pesar del dolor, hubo un nivel aceptable de verdad, justicia y reparación. El nivel de optimismo era alto. La confianza en los partidos políticos había renacido.

En cuanto al número de hectáreas con coca,  las agencias no se han puesto aún de acuerdo.

 

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