Por: Jaime Arocha

2%, la cuota mezquina

CONFORME A LO EXPRESADO EN COlumnas anteriores, el Colectivo de Estudiantes Universitarios Afrocolombianos (Ceuna) ha sido la fuerza principal en la lucha a favor de acciones afirmativas consistentes en la admisión especial para el 10% de afrodescendientes en la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, una vez aprobado el Acuerdo 13 de esa universidad, el cual limita esa cuota a un mezquino 2%, ni ese colectivo ni los profesores que venían apoyando el proceso fueron debidamente informados. Entonces, no debe extrañar que el Ceuna haya lanzado un comunicado a la opinión pública, entre cuyos apartes destaco los siguientes:

“El proceso de inscripción debe someterse a una reglamentación con la necesaria participación de una delegación afrocolombiana para que no termine siendo una decisión unilateral de la Dirección de Admisiones de la UN”.

“[La…] Universidad no incluyó lo que habíamos decidido sobre las pruebas de admisión que era: los aspirantes presentarán el examen de admisión y competirán entre ellos mismos en cada programa curricular. [La Universidad Nacional aprobó…] que los beneficiarios afros ingresarán teniendo un puntaje superior o igual al último admitido en TODA la universidad; esto quiere decir que los bachilleres afros tendrán que competir con el grueso de aspirantes a la universidad”.

“No se incluyó lo del trabajo comunitario, que sería una estrategia para que los estudiantes beneficiarios realicen trabajos con una comunidad que contribuya en el mejoramiento de las condiciones de vida de sus poblaciones de origen y las comunidades afrodescendientes”.

“El Acuerdo no contempla el componente de bienestar, que busca garantizar el sostenimiento de los beneficiarios al programa, [provenientes…] de regiones con condiciones socioeconómicas precarias”.

“Sobre el porcentaje, la UN en todo momento ha demostrado que no tiene la voluntad política para destinar más del 2% adicional de los cupos para este programa. Frente a ello nuestra postura es: la UN debe aprobar un porcentaje de cupos proporcional al total de la población afrodescendiente en el país”.

Conocido el Acuerdo mencionado, el antropólogo brasileño José Jorge de Carvalho, principal impulsor del programa de cuotas para el sistema universitario federal brasileño, reaccionó del siguiente modo:

“He pensado en ese argumento numérico cuando hice el estudio del porcentaje de profesores afros en las universidades brasileñas. Es muy bajo (no pasa de 1%) y por eso hice una simulación para calcular cuántas décadas serían necesarias para llegar por lo menos a 5% de representación afro. Pero un profesor de matemáticas de la Universidad de Campinas (quien es incluso contrario a las cuotas, por lo tanto, alguien fuera de sospechas) me dijo que yo no llegaría a ninguna parte con esa simulación, porque a esos números tan bajos se les considera ‘insignificantes’ desde el punto de vista del crecimiento estadístico inercial”.

La única esperanza para superar esa aplastante realidad numérica también quedó sepultada, porque, como lo señala el Ceuna: “El Acuerdo 013 desconoce el componente académico: […] inclusión de cátedras y temáticas sobre África, los afrocolombianos y la diáspora, entre otros asuntos de vital importancia para la transformación de la educación euro-centrada que recibimos en las instituciones de educación superior”.

En otras palabras, volvió a ganar el racismo soterrado de Manuel Ancízar.

* Grupo de Estudios AfrocolombianosUniversidad Nacional de Colombia

 

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