Por: Gonzalo Hernández

2 por ciento y un ministro muy hábil

El DANE acaba de reportar que la economía colombiana creció 2 por ciento en el tercer trimestre de 2017, el mismo número con el que terminamos en 2016. No estamos en una recesión, pero estamos creciendo a tasas sustancialmente por debajo del 4 por ciento que caracterizaron un periodo reciente. Para no ir tan atrás, la tasa de crecimiento promedio del PIB colombiano fue 4,5 por ciento entre 2009 y 2015.

Los datos sectoriales acentúan la preocupación. El 2 por ciento global se alcanzó, en buena medida, por el resultado favorable de la agricultura y la ganadería (7,1 por ciento). Dentro de este rubro, el valor agregado relacionado con los cultivos de café creció 21,2 por ciento —el mayor crecimiento desde el primer trimestre de 2014—. No obstante, es difícil cantar victoria y es difícil afirmar que los datos positivos del sector agropecuario están consolidados. Parecen en un sube y baja de yoyo. Solo entre 2016 y 2017, la tasa de crecimiento del sector ha oscilado entre -0,6 y 7,8 por ciento.

La industria manufacturera y la construcción, sectores claves de la economía por su capacidad de generar empleo, por su encadenamiento con otros sectores y por su potencial para mejorar la productividad del país, presentan caídas de -0,6 y -2,1 por ciento respectivamente. No olvidemos que el trimestre pasado la construcción creció apenas 0,3 por ciento, y aún más grave: ¡la industria manufacturera ya presenta dos trimestres consecutivos de decrecimiento!         

A pesar de los resultados insatisfactorios, basta mirar el último año para evidenciar la habilidad del ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, para mantener intactos su optimismo y responsabilidad sobre los resultados mediocres de la economía colombiana. La maniobra se repite con cambios de última hora en las metas, con argumentos ligeros de orden coyuntural y con la comparación triunfalista frente a las otras economías latinoamericanas. Conviene tener otras economías estancadas como referentes.

Poco habla de los efectos negativos de la más reciente reforma tributaria del Gobierno, que dio gusto a las calificadoras de riesgo, pero que contribuye a la desaceleración. Poco habla de que la política económica colombiana sigue en piloto automático desde los 90 sin capacidad para impulsar la industria manufacturera y generar más empleo y dinamismo en la economía. Parece que estos asuntos no son con Hacienda.

Es más fácil mover las metas. Aquí algunos de los pronósticos ajustables del ministro Cárdenas: “Esperamos mayor demanda agregada, más consumo interno y más dinamismo de la economía para llegar a un crecimiento que esté entre el 2,5 por ciento y 3 por ciento para 2017” (11 de enero de 2017), “nuestros pronósticos de crecimiento económico para la elaboración del presupuesto 2018 coinciden con los del FMI (2017: 2 por ciento)” (25 de julio de 2017) y, el más reciente, “con esto estamos pronosticando que en el año 2017 el crecimiento estará entre 1,9 y 1,7 por ciento, con el dato más probable para el cierre en 1,8 por ciento” (15 de noviembre de 2017).

De seguir así, una vez sea publicado el dato para el último trimestre del 2017, el ministro hará un nuevo pronóstico que por fin será perfecto. Y dirá que la economía colombiana no puede estar en mejor momento ante tanta adversidad.  

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

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