Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

2018: año del posconflicto, expectativas e incertidumbres

Nunca antes la llegada de un nuevo año había despertado tantas expectativas e incertidumbres entre los colombianos, expectativas puesto que las elecciones del 2018 estarán signadas por una peligrosa rebatiña política, primero por las del nuevo Congreso que ocurren en el mes de marzo, con la participación del nuevo partido político de las Farc, y segundo por la elección del nuevo presidente de los colombianos en el mes de mayo, sin que a la fecha se perfile un candidato serio y capaz, con talla de estadista.

Es claro que de los resultados electorales del nuevo Congreso de la República dependerá cuál podría ser el nuevo presidente de los colombianos para el período constitucional 2018-2022; sin embargo, la enorme preocupación está centrada en que hasta la fecha no existe solidez de ningún partido o movimiento político que dé plenas garantías democráticas a los colombianos; los que se encuentran en la contienda electoral lo único que buscan es defender su supervivencia como partido o movimiento político, pero de planes y programas de gobierno serios y posibles están totalmente neófitos. 

Con justificada razón, a 96 horas de la llegada del 2018, se divisa un barco que viene navegando por los mares turbulentos de Colombia, trayendo en su interior mensajes de súplica, paz, amor, esperanza y reconciliación. Pero también de preocupación y escepticismo.  

No obstante la paciencia de los colombianos por querer vivir en un país en paz, la clase política que tenemos se ha convertido en su peor obstáculo, la aprobación de la reforma tributaria del 2017 dejó un vendaval de desaciertos, fueron cientos las empresas que cerraron sus factorías, miles de empleos los que se perdieron, puesto que al cumplirla tal cual la aprobó el Congreso de la República resulta totalmente inviable generar fuentes de desarrollo en nuestro país.

Como consecuencia de lo anterior, don “corrupto” tomó la delantera y es el timonero mayor del barco 2018, viene acompañado por una jauría de políticos deshonestos que lo secundan,  están prestos a atender sus órdenes a cambio de dádivas y canonjías, para ser negociadas al mejor postor en las elecciones parlamentarias de marzo del 2018.

Desde ahora se sienten los aullidos de los micos y orangutanes que vienen navegando en el interior del barco 2018 para ponerse a órdenes de los “honorables senadores y representantes”, la mayoría de ellos serán reelegidos gracias a las artimañas que urdieron en la legislatura que termina para no aprobar la reforma política, que pretendía depurar el palacio de la democracia de tanto delincuente de cuello blanco, que con el rabo de paja legisla por autoridad de la ley, en representación del pueblo colombiano.

Los que dicen no ser corruptos tienen la desfachatez de estar atornillados en sus curules desde hace casi 50 años, como el caso del senador Roberto Gerlein Echeverría, que a sus 80 años de vida no da muestra de quererse retirar, cercenando el futuro de presentes y futuras generaciones, que esperan una oportunidad para sacar el país adelante.

Por eso, es saludable para Colombia y nuestra democracia que los medios de comunicación se lancen en una sola campaña, con el fin de ilustrar a los colombianos cuáles son los aspirantes que no deben ser reelegidos o elegidos para el próximo Congreso.

Pero lo más grave de todo este despelote son los más de diez millones de compatriotas víctimas de la violencia guerrillera con las Farc que esperan ser resarcidos en sus daños y perjuicios causados, si bien se ha visto interés del Gobierno en buscar soluciones, hasta la fecha no pasan de ser buenas intenciones.

Lo único que podría salvarnos es que nos unamos en torno del acuerdo de paz firmado hace poco más de un año con la guerrilla de las Farc, aportando nuestro grano de arena para que las personas desplazadas, reinsertadas, violadas, además de los miles de viudas y huérfanos de la guerra, sean ubicadas con nuestro concurso en programas productivos que se den en el entorno de nuestras posibilidades.

Feliz año, queridos compatriotas

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