Por: José Manuel Restrepo

2018: año nuevo, esperanza nueva

Un buen punto de partida para hablar del año económico que se avecina es leer en clave de optimismo y esperanza uno de los más recientes textos del Banco Mundial para América Latina, titulado Entre la espada y la pared: La encrucijada de la política monetaria en América Latina y el Caribe. El texto, elaborado a finales de 2017, insiste en que viene para toda la región un mejor comportamiento en el PIB, con un aumento promedio bastante significativo al incrementarse el crecimiento de un estimado del 1,2 % a casi un 2,3 %. Un avance que, de darse en nuestro país, es más o menos como si después de un estimado del 1,8 % al cierre de 2017 pasásemos a un 3,5 %, asunto que parece difícil de lograr por las primeras estimaciones del propio gobierno. Una razón para lograrlo, que nos permite soñar con optimismo en nuestro país, es que se viene aparentemente un mejor comportamiento de EE. UU., mejoramientos en China y unos mayores precios de los bienes básicos que producimos. Sin embargo, el documento también pone de presente la necesidad de que países como el nuestro fortalezcan sus propias fuentes de crecimiento por la vía de hacer reformas estructurales en los temas pensionales, el mercado de trabajo y los sistemas educativos y que crezcan a través de estrategias de más y mejor infraestructura.

Desafortunadamente, todo lo anterior tendrá, y ya lo estamos empezando a ver en Colombia, una limitación profunda desde lo fiscal. Nuestro margen para elevar gastos e inversiones ya es limitado y las posibilidades de elevar aún más la carga tributaria también lo es, so pena de perder aún más competitividad. El Banco Mundial concluye entonces en la importancia de la política monetaria, asunto en el cual el Banco de la República ha puesto de su parte al bajar más de 300 puntos básicos en el último año y medio. Dicha salida requiere de una buena dosis de credibilidad y pensar en una herramienta complementaria haciendo uso de las tasas de encaje bancarios.

Al final, 2017 cierra como un año agridulce: peor desempeño del crecimiento del PIB; deterioro profundo en consumo e industria, en parte derivado de una reforma tributaria que necesitaba el país para enviar una señal a las agencias calificadoras de riesgo y soportar nuevos niveles de inversión; un sector de construcción al que afectó la desconfianza derivada del “fenómeno Odebrecht”; una lección perdida en materia competitiva, al retroceder posiciones en todos los sistemas de referenciación mundiales, en buena medida por el desbordado ambiente de corrupción, deterioro institucional, y falencias en ciencia, tecnología e innovación. Finalmente, cierra 2017 con mensajes de preocupación al aumentar por primera vez en años la tasa de desempleo.

Pero 2018 puede ser el año de la esperanza en el que se reoriente y recupere el rumbo económico de crecimiento. Un año en el que difícilmente nos puede ir peor que en el anterior, en el que los precios de los bienes básicos pueden ayudar, en el que tienen que dar frutos los mejoramientos en los déficits gemelos fiscales y de cuenta corriente. Un año en el que el mejor desempeño del agro del año anterior puede dar frutos interesantes en producción y empleo, y un año que puede mostrar una recuperación interesante de las exportaciones, como se empieza a vislumbrar desde estos meses.

El 2018 puede ser el año plataforma para construir estrategias a largo plazo para crecer, si y sólo si, como recomienda el Banco Mundial, somos conscientes de la limitación fiscal y la oportunidad de la política monetaria. Y, agrego yo, si y sólo si somos capaces de apoyar sectores claves para crecer (v.g. agroindustria, minería, turismo, energía y construcción), con un genuino ánimo de apoyo al sector empresarial (Ley de Tierras, regulación clara de consulta a comunidades y agilidad en licencias ambientales) y con las reformas estructurales (pensiones, mercado laboral y fiscal estructural) que requiere el país desde hace rato.

Bienvenido el año 2018, año plataforma y de la esperanza, que lo será si actuamos pronto y decidimos bien el curso de lo que viene.

Feliz año 2018 a todos los lectores de esta columna.

[email protected] @jrestrp

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