Por: César Ferrari

2018 y sus desafíos

El 2017 fue un año complicado en todo el mundo. El 2018 puede serlo también, aunque podría ser mejor. Tal vez el primer semestre para América Latina no muestre mayor diferencia: los precios internacionales no cambiarán significativamente.

Pero si Trump finalmente denuncia el Nafta con Canadá y México, los TLC con el resto de Latinoamérica seguirán en la misma ruta lo que complicará sus exportaciones no tradicionales y las inversiones externas que recibe.

Ello tampoco es claro porque la propia permanencia de Trump en la Casa Blanca es también una incertidumbre: la trama rusa no ha terminado y las acusaciones de acoso sexual están comenzando.

La incertidumbre puede acentuarse mucho más si los demócratas ganan las elecciones al Congreso en noviembre de 2018 (que renuevan un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes) y con ello cambian radicalmente la composición y la agenda del Congreso estadounidense, aunque sus efectos se reflejarán en 2019. No sería de extrañar a la luz de la victoria demócrata en la muy conservadora Alabama en diciembre pasado.   

Como parte de la configuración del 2018, bajo su actual comando Estados Unidos seguirá aislándose de sus aliados y del resto del mundo. Las muestras son continuas. Destacan: rechazo al Acuerdo de París y al cambio climático, proclamación unilateral de Jerusalén como capital de Israel, retiro de la Unesco. Como contrapartida y llenando el vacío geopolítico así creado, China continuará consolidando su crecimiento estratégico como el “país del medio”, con su apoyo a la globalización, a la construcción de Eurasia y a la preeminencia de la cuenca del Pacífico. 

Por cierto, lo que suceda en 2018 en Colombia depende también de lo que se decida económicamente y, a partir del segundo semestre, de lo que el nuevo gobierno colombiano que comienza en agosto defina estratégicamente. Ese segundo semestre podría ser muy diferente si el nuevo gobierno decide iniciar la transformación de la economía para construir un país en paz.

La economía debería transformarse para aumentar aceleradamente el ingreso de la población. ¿Es acaso posible? Por supuesto que sí. Las experiencias asiáticas lo demuestran. Según el Banco Mundial, entre 1990 y 2016 a precios constantes de 2011 a paridad de compra, mientras que el ingreso de los colombianos creció 1,7 veces, el de los chinos creció 9,4 veces.

Tal logro requiere crecimiento acelerado, del orden de 10 por ciento anual, como lo hicieron los chinos y los tigres asiáticos, y como hace pocos meses el mismo Banco Mundial reclamaba para Colombia. Para ello es imprescindible volver altamente competitivas a las empresas para que puedan vender sus productos local e internacionalmente, y aumentar la tasa de ahorro e inversión para que puedan expandir aceleradamente su capacidad de producción. 

La economía debería transformarse también para superar la abrumadora concentración del ingreso que existe en Colombia. Por supuesto que también es posible. Requiere que el crecimiento acelerado sea intensivo en mano de obra para que las tasas de desempleo abierto y de subempleo se reduzcan significativamente. Por lo tanto, el crecimiento debe concentrase en la agricultura, manufacturas, turismo y economía digital, y no en las materias primas.

Todo ello pasa por una nueva política económica y por la constitución de un Estado con ingresos e inversión elevados, no para otorgar subsidios sino para garantizar a todos los colombianos los bienes públicos y meritorios que demandan, y la infraestructura económica que el desarrollo requiere. Lo cual pasa en primer lugar por una reforma tributaria que eleve notoriamente los ingresos fiscales y que estén basados en impuestos directos a la renta y al patrimonio de las personas naturales de mayores ingresos y no de sus empresas.

Mejor dicho… espero que tengamos un venturoso año 2018. 

* Ph.D. Profesor, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía.

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