Por: Luis Carlos Reyes

2019: el año del elefante

La sociedad civil colombiana se parece a los elefantes encadenados desde pequeños por los domadores del circo. Siguiendo su instinto, las crías de elefante luchan por vivir en libertad, pero después de un tiempo se acostumbran a que no hay lucha que valga contra sus dueños. Así, incluso cuando crecen y adquieren proporciones amenazantes para los captores, no hacen falta las fuertes cadenas con las que los entrenaron. Basta con amarrarlos a una estaca clavada en el suelo para que crean que nada de lo que hagan puede liberarlos, si bien en su edad adulta son capaces de arrancar la estaca de una patada.

Una gran parte del electorado sigue convencida de que no hay cómo impedir que el Congreso saquee el país o que los nombramientos a cargos públicos les den poder a los intereses especiales en vez de buscar el bien común. El escepticismo es entendible: la corrupción siempre ha estado con nosotros, y se ha perpetuado a través del clientelismo y la compra de votos. Pero las cosas han cambiado. Ya no vivimos en un país en el cual sea fácil ganar elecciones repartiendo platos de lechona. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, la mayoría del electorado votó por candidatos que no usaron estas prácticas tradicionales, y la consulta anticorrupción tuvo más votos que cualquier candidato presidencial en la historia del país.

Por primera vez en 200 años de vida republicana, en Colombia el voto de opinión es la abrumadora mayoría. El voto de opinión puede poner concejales, alcaldes, congresistas y presidente.  Pero, acostumbrados a las maquinarias políticas con las que nos encadenaron desde que tenemos memoria, somos como un elefante de siete toneladas paralizado porque lo amarraron a una estaca de madera. Nos damos palmaditas en la espalda por salir a votar para bajarles el salario a los congresistas (“esas ratas”), cuando tenemos la capacidad de salir a votar para reemplazar a todos y cada uno de los políticos tradicionales por gente recta y honesta. Hace años quedó atrás la época en la cual era difícil y costoso que la gente verdaderamente decente se diera a conocer y participara en política. Hoy en día cualquier persona con buenas ideas puede llegar a un público amplio a través de las redes sociales, y lo único que nos hace falta es exigir más que aquello a lo que nos han acostumbrado. ¿Le parece que alguien tiene buenas ideas? Vaya a Twitter y pídale que se postule a un cargo de elección popular. ¿Cree que por su conocimiento especializado en un área usted puede contribuir al país? Postúlese usted, y si no puede, debata e informe a los demás. Infórmese antes de votar. Sea igualado, discuta, salga a marchar y, sobre todo, vote. Así es como funcionan las repúblicas. 

Vote en contra de los políticos clientelistas y vote por gente nueva: empiece por hacer la tarea de informarse sobre quiénes son los concejales y alcaldes por los que va a votar en octubre. No tolere el votar por alguien que recurra a algo distinto a las ideas para hacerse elegir. Ahora, a 200 años de su independencia, Colombia es más democrática que nunca y no necesita una revolución. Sólo le hace falta que todos sus ciudadanos indignados le dediquen la energía de la indignación al debate sobre lo público, y que voten como ya han demostrado que pueden hacerlo. Colombia es como un elefante de siete toneladas: lo único que necesita para romper sus cadenas y salir del circo es empezar a caminar.

* Ph. D., profesor del Departamento de Economía y director del Observatorio Fiscal, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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