2020: cambiamos para seguir igual

Noticias destacadas de Opinión

Luego de diez meses del ramalazo mundial producto de un virus cuyo nombre se volvió tan común como el número de contagios y muertos que deja en su camino, este “sacudón” para unos temporal, para otros intemporal, registró hechos insólitos como para que varios adjudicaran la autoría de su origen a una conspiración del gobierno chino. Donald Trump la denominó la gripa china. Los más imaginativos la endilgan a la masonería el origen de esta peste con el propósito, según los voceadores de esta teoría, de acabar el mundo occidental de una vez por todas. Pero los “conspiretas” se meten también con la vacuna para decir que esta es una estrategia concebida por unos oscuros enemigos, no identificados, quienes buscan aconductarnos con intereses de Putin, del partido comunista chino o la CIA.

En la novela de Gabriel García Márquez “El Amor en los Tiempos del Colera”, la imaginación del Nobel nos permitió emocionarnos con la otoñal relación de dos seres humanos nacida en medio de una maldecida toxina. De igual forma este año trágico que está por terminar, nos permitió refugiarnos en lo cotidiano. Pasamos de ser nómadas a sedentarios sin fórmula de juicio. Los colombianos, por ejemplo, de un día para otro nos despertamos y a marchas forzadas tuvimos que dejar de lado las legítimas protestas callejeras para pasar al diario vivir de nuestro entorno y sus fenomenales consecuencias en nuestra sociedad.

El concepto de distancia en nuestro país logró que reconociéramos un hecho nada evidente antes del Covid-19: conciliar la calidad vida con el mundo laboral o estudiantil. Pudimos realizar transacciones bancarias sin tener que gastar tiempo en filas eternas en estas entidades financieras. Logramos algo inédito, masificar el pago de impuestos y servicios públicos con tan solo un click. Se amplió la bancarización en razón a los pagos de los servicios domésticos o para recibir ayudas estatales. Cambian los derechos luego cambia la sociedad. Esta fenomenología podría enmarcarse en la transformación del relacionamiento institucional tan necesario. Luego de una tragedia provocada por un enemigo invisible el miedo nos permitió acariciar la modernidad.

Pero las mutaciones no se detuvieron allí: dejamos de ser descuidados con nosotros. Usar tapabocas, lavarnos las manos y mantener la distancia son recomendaciones sanitarias urgentes que traerán frutos de buena salud, una especie de oxigenación a nuestros cuerpos necesaria entre tanta estreches que vivimos como seres humanos, por los menos en Colombia. En otras palabras, es probable que la “saludadera, besuqueadera y reunionitis” sean reguladas por virtud de un murciélago ensopado que nos va a permitir mediar con nosotros mismos y sociabilizar por la palabra y no por la piel. ¿Otra derivación del desarrollo humano? Para algunos kinéticos será complejo y volverán a sus costumbres, respetables, pero quién nos garantiza que si hubo una pandemia no nos sobrevendrá una igual o peor.

Al comienzo del Covid-19 los primeros elementos que se agotaron fueron el Lysol, tapabocas, papel higiénico y guantes. Luego fueron la harina y la levadura. Estas carencias fueron iguales en el mundo entero. Es decir que los temores se dosificaron en la medida que trascurría lo habitual. Evolucionamos del papel higiénico a hornear un buen pan. En la etapa actual la ansiedad se concentra en una vacuna. Esta también es objeto de especulaciones de toda suerte. Para los intrigantes este medicamento tiene inmerso un chip de origen ruso, chino, gringo o masónico. Muchos colombianos se resisten a usarla. En otras palabras la superchería tan nuestra permitirá, como hace algunos siglos donde un trueno o un terremoto era adjudicado a un inventado demonio, que muchos sigan esperando como solución refugiarse en un templo a orar para aguantar el temporal.

Cambiamos para seguir igual.

@pedroviverost

Comparte en redes: